DEPORTE

El Deporte en Turleque desde sus orígenes
Fútbol Sala
Ping-Pong

 

EL DEPORTE EN TURLEQUE DESDE SUS ORÍGENES

 

LOS ORÍGENES.-

Lucio Villamayor, Salustiano y Fausto Martínez Siempre es algo complicado remontarse hasta lo más profundo de los orígenes de algo, queda la duda de si aún nos habremos dejado por debajo alguna cosa, por eso yo empezaría partiendo, no de hechos puntuales determinados, sino más bien del ánimo o filosofía de la vida que los motivó por parte de los habitantes del Turleque de hace muchos años. Se trata del acusado espíritu competitivo que desde siempre fue talante genuinamente turlequeño, en las diversas manifestaciones de la vida cotidiana y el ocio. Era bastante frecuente, no declaradas pero sí evidentes, las competiciones de velocidad con las yuntas de mulas, cuando se acudía a descargar la uva a la bodega, cuando se iba al Cristo del Valle, al baño de Algodor, o simplemente cada día a labrar el campo. Otras veces la apuesta era más clara y manifiesta, como en el caso de verdaderas apuestas con algunos caballos que solían existir en las casas de labor turlequeñas y casi siempre por parte de los más jóvenes de la casa, naturalmente a espaldas de sus padres; si esto se hacía en el Cristo contra los de Tembleque o Villanueva, la cosa adquiría mayor seriedad, pues se entendía que en el lance iba el orgullo y la dignidad del pueblo. Era también corriente el organizarse, como forma de pequeña broma y jolgorio, carrereas pedestres entre hombres con motivo de recolección (vendimia, aceituna, la era, etc...). El espíritu competitivo en juegos de destreza anidaba, por tanto, en los turlequeños desde bien pronto.
Hubo ya un primer juego de destreza con carácter competitivo, susceptible de ser considerado deporte, que a principios del siglo XX adquirió un gran auge, aún hoy conservado, se trata de la calicha, enormemente practicada los días de fiesta en las eras del pueblo, y que sin duda se trataba de un ejercicio físico y psicomotriz evidente, si bien su práctica competitiva nunca traspasó los límites de la localidad.
Tuvo que ser el deporte rey, el fútbol el que traído de fuera al igual que en toda España antes ocurrió, fuese el primer juego practicado en Turleque que pueda dársele el calificativo de "deporte".
Sucedió aproximadamente en 1929-30 y de la mano de dos funcionarios foráneos, pero que captaron la proverbial vitalidad y espíritu de colaboración de los turlequeños hacia algo que en ese momento casi desconocían (las escasa noticias del tema procedían de algunos raros periódicos que por aquí caían, así como de las escasísimas radios).
Se trató de un médico, el doctor Tolosana y de un maestro, D. Alejandro; ambos, D. Alejandro en los niveles inferiores, acometieron la labor de dotar a Turleque de un equipo de fútbol serio que nos representase en cuantas competiciones comarcales se organizasen en los alrededores con un carácter no oficial, pues en esos momentos este tipo de torneos no existían aún por estos pagos.
El doctor Tolosana enseñó los primeros rudimentos futbolísticos a aquellos ansiosos mozos turlequeños de los años 30, desgraciadamente desaparecidos ya en casi su totalidad, pero de los que aún hemos podido contar con el testimonio inestimable de uno de ellos, gracias al cual ha sido posible la confección de este capítulo, se trata del tío Ángel Moraleda Arroba, defensa lateral de aquel equipo cuya alineación habitual era: Ángel Moraleda, Salustiano, El Churrero, Ambrosio, Jesús Mora, Anastasio, Jesús, Lucio Villamayor, Eleuterio, Sinfronio, Fausto Martinez.
Tolosana inculcó un tipo de fútbol técnico, lento, de pases cortos y jugadas muy elaboradas, con un sentido muy posicional de la labor de cada jugador. Practicaban un 1-3-2-5 bastante rígido, en donde se alternaban la clase y técnica de Fausto con la entrega de "El Churrero", por ejemplo. Resultaba, en suma, un conjunto pronto muy apreciado y respetado en los alrededores, donde se cosecharon magníficos resultados, por lo que eran repetidamente requeridos para jugar diversos torneos.
Por lo que respeta a la organización del equipo, resulta curioso y encomiable el ingenio demostrado por aquellos primeros "futboleros" locales para paliar la escasez de medios y conseguir una más aceptable organización técnica del club, a saber:
El campo comenzó a ser ya el hasta entonces poco utilizado de "La Vega", que como todos sabemos tenía el problema de sus frecuentes inundaciones invernales, momento en que se habilitaba otro terreno situado donde actualmente se encuentra el cementerio.
Los entrenamientos se realizaban por la noche, aprovechando las de luna llena para hacerlo en el campo oficial y en las demás ocasiones se utilizaba la era del Tío Sixto (entre los caminos del Cristo y el Alamillo) que contaba con una bombilla eléctrica sobre la portada del corralón aledaño al terreno.
El balón era de cubierta de cuero con cámara de goma que se inflaba previo sacarla fuera para posteriormente ocultarla dentro de aquella sujetándola con una correilla de cuero especialmente molesta para los golpeos de cabeza, por lo que eran muchos los jugadores que se protegían la frente con un pañuelo anudado a la misma.
El calzado especial (para quien disponía del mismo) era de botas confeccionadas por los zapateros locales (Tío Román) con piso de tacos largos o spahis y los tobillos cubiertos, la puntera se reforzaba con suplementos internos de suela, tengamos en cuenta que el toque de puntera era entonces bastante habitual.
La indumentaria constaba de camiseta rojiblanca (era la época gloriosa del Atlethic de Bilbao) abrochada al cuello por los típicos cordoncillos y el pantalón azul hasta la rodilla, medias igualmente rojiblancas.

El medio de transporte utilizado era el taxi que compartían en asociación el Tío Venancio Villamayor y el Tío Emilio Cuellar, quienes hacían verdaderas maravillas de capacidad con el vehículo (Chevrolet) para transportar todo el equipo y los seguidores en el menor número de viajes posible.
El vestuario y sede social del club era el Casino (entonces llamado La Agraria) que vivía en esos años, quizá, sus momentos de mayor esplendor.
Con la llegada de la 2ª República en el año1931 y la conocida polarización política de los españoles en de "izquierdas y de derechas", Turleque no fue excepción y alcanzó al terreno futbolístico, hasta el punto de que hubo dos equipos de fútbol, cada uno correspondiente a los partidarios de la respectiva ideología., que concertaban y organizaban sus partidos y torneos por separado con otros pueblos , o competían enconadamente entre ellos, si bien nunca se llegó a olvidar la condición de turlequeños de ambos, de manera que , a veces, ocurría que unos echaban mano de jugadores del otro equipo cuando la ocasión lo requería, e incluso se llegó a dar el caso de jugar en Tembleque el equipo de los de derechas con un jugador ataviado con una camiseta de izquierdas que le habían prestado, ya que acudió allí desde el Cristo del Valle sin intención de jugar y era lo único que pudo proporcionársele al efecto, todo lo cual despertó algunas reticencias entre los aficionados temblequeños de derechas, más celosos pero nada serio.
Entre los equipos con quien más rivalidad hubo desde un principio, estuvo sin duda el mencionado Tembleque, prueba de ello es todo un repertorio de canciones futbolísticas alusivas a la vecina localidad, que no reproduzco por excesivamente fuertes e imagino que por allí sucedería otro tanto respecto a nosotros. Tal fue así la cosa que, según recuerda el Tío Ángel, en cierta ocasión el partido se endureció de tal manera, que éste se dirigió al alcalde allí presente rogándole calmase los ánimos excesivamente fogosos de los jugadores temblequeños, la primera autoridad accedió sin dudarlo y tras ordenar al árbitro que se detuviese el encuentro, reunió a ambos equipos ante el carro sobre el que se encontraba y les dirigió una enérgica reprimenda, apelando a los profundos lazos de amistad entre ambos pueblos, que no toleraría fuesen turbados por una disputa deportiva; la arenga surtió efecto y el partido transcurrió con total normalidad.
Dentro del amplio sumario de anécdotas y hechos ocurridos en el deambular de aquel primer deporte turlequeño, hay una que creo poco frecuente en la historia del deporte y que pudo ser quizá el origen de otra manifestación deportiva que pronto contaría con numerosos adeptos: el ciclismo. Sucedió con motivo de un torneo a dos partidos entre Turleque y El Romeral, al término de ambos se había producido un empate y para desempatar se les ocurrió a ambas directivas hacerlo de una manera curiosísima, mediante una carrera ciclista entre un corredor seleccionado por cada pueblo; por Turleque lo fue el Tío Pedro Merino (El Lucero) y por El Romeral también otro turlequeño que jugaba con ellos por residir allí mientras aprendía su oficio, Pepe Camuñas (El Zapatero). El trofeo quedó para Turleque al ganar la carrera Pedro en apretadísimo sprint. Éste fue el origen de una legendaria rivalidad deportiva (amistad en lo personal) entre ambos, con resultado alterno, que animó numerosas ferias en las que se hizo habitual la organización de una carrera ciclista como uno más de los festejos.
Este periodo, que yo personalmente calificaría de enormemente activo, acabó, como tantas otras cosas en este país, con el estallido de la Guerra Civil; el lapsus impuesto por los tres años de guerra hizo que, aparte de la desgraciada desaparición física de varios jugadores, prácticamente ninguno (salvo alguno muy joven), reiniciase después de la misma la práctica deportiva, que habría pues de recomenzar con gente totalmente nueva en su totalidad.

 
 
Angel Moraleda
 
Jesus Mora

        

        

EL PERIODO DE LA POSTGUERRA.-

 

      Las enormes dificultades económicas propias de este periodo no fueron obstáculo fundamental para que pronto surgiese de nuevo y con renovado ímpetu el espíritu deportivo turlequeño, en las personas de algunos antiguos jugadores de fútbol, que desempeñaban ahora la función de directivos o algo más y de nuevas generaciones de jóvenes, más algún veterano que aún conservaba afición y ánimo suficiente para aportarles su valiosa experiencia. Contaron, estos nuevos futbolistas, con la infraestructura heredada de los fundadores, (campo, algún material que se conservó...) y con el indudable apoyo que toda actividad,,, con alguna tradición anterior, tiene, pero por el contrario hubieron de sufrir las dificultades inherentes al mal momento socio-económico del país, al que Turleque no fue ajeno; la alimentación dejaba mucho que desear (años 40 o "del hambre") en cantidad y calidad, y esto se dejaba bastante sentir en el rendimiento de muchos jugadores, sobre todo en aquellos procedentes de familias más modestas. A veces se recurría a ayudar económicamente a algunos, con cargo a los escasos fondos del club, para de esa manera contribuir a una mayor alimentación y consecuente mayor rendimiento deportivo.
La directiva habitual de esta época fue la formada por Rufino Fernández y Julián Cacho (El Relojero), quienes eran prácticamente todo en el club, menos jugadores: se ocupaban de recabar fondos buscando donativos, haciendo rifas o cobrando entradas, eran los entrenadores y hasta los árbitros, en esta época cobró cierta popularidad un dicho que rezaba algo parecido a "... si arbitra Rufino, es imposible perder", lo que nos habla bien claramente de su amor a los colores locales, aunque paradójicamente el único conflicto que sobre este particular hubo con un jugador forastero, que mostró su disconformidad con las decisiones arbitrales hasta el extremo de la agresión física, lo sufrió Julián con ocasión de un encuentro con El Romeral; como parece obvio deducir, el agredido fue el jugador romeraleño por parte de los ofendidos espectadores, pero la cosa no pasó de algún "sopapo" aislado.
La alineación más habitual solía ser:
Julián Casanova, Luis Palmero, Gregorio Moraleda, Moreta, Fabián Arriscado, Alejandro Moraleda ,Fulgencio Torres, Román, Lucío Cirujano y Bernardo Cirujano, Picanco, Dionisio Moreno-Cid, Camino, Antonio Moreno-Cid, Evaristo y Lorenzo Moraleda.
Según se desprende de los testimonios de contemporáneos, era éste un equipo formado por jugadores de gran clase técnica, en donde destacaban la finura de Moreta y Janillo; el dominio, la inteligencia y la potencia de Bernardo; la rapidez de Lorenzo o la habilidad en el regate y rapidez de Evaristo, uniéndosele a estas cualidades la entrega y coraje de los demás. Sin embargo el tipo de juego desarrollado se caracterizó siempre más por el predominio de la fuerza y el desplazamiento largo de balón a los espacios libres, para aprovechar la velocidad de los delanteros y los centros a la "olla", donde se aprovechaba la envergadura de Bernardo y su buen juego de cabeza. Amén de potente disparo y buen control del balón.
El campo continuó siendo "La Vega"y era sustituido por otro, formado por varias eras empalmadas, situado junto al camino de la Venta, que se utilizaba durante los típicos periodos de inundación.
Los desplazamientos se realizaban en unas precarias camionetas, la de un tal "Bote" de Villafranca y otra perteneciente a un chatarrero de Mora.
Nuevamente el Turleque C.F. comenzó a ser equipo apreciado y llamado frecuentemente a la disputa de cuantos torneos se organizaban en los pueblos de alrededor, siendo especialmente intensa la rivalidad entablada en este periodo contra Urda, equipo este, que sobre todo en verano (debido a ser periodo de vacaciones y contar en sus filas con gran número de estudiantes) disponía de un conjunto de gran calidad donde destacaba Guillén. También Consuegra disfrutó en esta época de magníficos jugadores como Pablo y Montoya, que llegó a jugar en la 1ª división con el Atlético de Madrid.
Este periodo podríamos decir que va a ser también el de la internacionalización del fútbol turlequeño, en tanto en cuanto entendemos por esto que penetran en él influencias exteriores o, al revés, son jugadores locales quienes recalan o colaboran en equipos forasteros, a saber:
Con ocasión de partidos transcendentales o especialmente señalados por alguna celebración importante (la Feria), era habitual recurrir al refuerzo con jugadores procedentes de un club de Toledo con el que se mantenían excelentes relaciones.
Va a ser ahora cuando por primera vez ingrese en el equipo un jugador de fuera que afincó su residencia en Turleque por contraer matrimonio con una turlequeña se trató de Carmelo Beteta, jugador con anterioridad del C.f. Villafranca de donde era natural. Pronto se ganó el apoyo de la afición local por su buen juego y carácter polivalente. El Tío Carmelo hizo famosos sus genuinos golpes de puntera con efecto que le valieron multitud de goles. Además de jugar gran número de temporadas, su posterior vinculación al deporte local, hasta prácticamente su fallecimiento, le hizo indispensable en el fútbol turlequeño.
Caso contrario fue el de Evaristo, quien en cierta medida inauguró algo que posteriormente y lamentablemente, se convirtió en demasiado habitual en nuestra localidad, el tener necesidad de emigrar buscando mejores oportunidades para subsistir que las que Turleque ofrecía entonces; el lugar elegido (por él y por muchos más) fue la provincia de Valencia, concretamente al pueblo de Manises, allí mostró pronto sus habilidades futbolísticas hasta el punto de recibir el ofrecimiento del club local. Militante entonces en 3ª división, para realizar pruebas de cara a un posible fichaje; Evaristo pasó favorablemente las pruebas pero no llegó a comprometerse con el Manises C.F. por exigirle dicho club unas cláusulas de práctico profesionalismo pero en condiciones económicas escasas y poco seguras. Fue la prueba más palpable del buen nivel que en esos momentos tenía nuestro pueblo.
En este mismo sentido fueron numerosas las veces en que nuestros jugadores reforzaron a equipos que enfrentaban compromisos de seria rivalidad, cual es el caso de Gencio llamado en varias ocasiones por Villafranca para el auténtico "derby" de rivalidad que mantenía y mantiene con Herencia.
Este periodo futbolístico abarcó de 1940 a 1952 aproximadamente, momento en que entró en una fase de cierta atonía e inactividad, para desde aquí resurgir quizás con más fuerza que nunca.
Pero no todo fue fútbol en el panorama deportivo turlequeño de los años 40, pues la tradición ciclista tuvo también su continuación en los jóvenes de esta época, aún cuando el material de que dispusieran era aún peor que el de sus antecesores. Las escaseces del momento les obligó a desarrollar su deporte favorito con vetustas y pesadas bicicletas que en su mayoría no eran específicamente de carretera o se trataba de máquinas heterogéneas formadas a partir de piezas rescatadas de las existentes con anterioridad, que el paso de la guerra dejó inservibles. Sus entrenamientos y competiciones se realizaban sobre las nefastas carreteras existentes aunque, eso sí, totalmente seguras dada la inexistencia casi total de vehículos a motor. Fueron numerosos los muchachos que participaban en las carreras que periódicamente se organizaban y sobre todo en la Feria, destacando fundamentalmente dos: María Laguna y José Fernández-Peinado el hijo de Victórico que, también como antes ocurrió con Pepe y Pedro, unían su rivalidad deportiva con amistad personal y franca colaboración cuando la carrera se desarrollaba fuera de Turleque . María destacó potencia mientras que José era más estilista y rodador, con lógica si tenemos en cuenta que, residiendo en Madrid, hacía semanalmente el camino de ida y vuelta a Turleque para ver a la novia (hoy esposa), total 216 Km , más lo que allí entrenaba, evidentemente no estaba mal.
Es también ahora cuando por primera vez se realizaban los primeros escarceos del deporte de cross o campo a través en Turleque; con motivo de las ferias fue frecuente organizar carreras a pie por las calles del pueblo, destacando ya algunos mozos por sus cualidades pedestres, como fue el caso de Dolores (hijo del Tío Lucio el panadero) que venció en varias ocasiones.
En resumen, creo no pecar de triunfalista si concluimos en calificar esta época muy positiva para la actividad deportiva local, haciendo balance de la actividad desarrollada en claro contraste con las circunstancias y medios del momento, el mérito de aquellos jóvenes fue sin duda alguna nada desdeñable, todo un ejemplo para épocas posteriores y antecedente lógico de la fase posterior, que recogió el testigo con toda dignidad corrigiendo y aumentando lo, hasta ese momento, realizado.

 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA ÉPOCA DEL BOTICARIO.-

 

 

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  Así debe definírsela puesto que esta manera y no otra, es como siempre ha sido referida esta interesante etapa del deporte local cuantas veces surge alguna efeméride correspondiente a la época durante la cual fue importante protagonista (aunque no el único) nuestro farmacéutico, D. Román Amador. Hoy, con la perspectiva que da el paso de los años y la huella que las personas y sus obras dejan para el recuerdo de quienes la vivieron y aún existen para rememorarlas, creo que no pecamos de injustos si la calificamos como de "la más brillante del deporte local" o al menos en lo que al fútbol se refiere.
Son los primeros años de la década de los 50, cuando, al compás del resto del país, parece que Turleque va superando poco a poco las secuelas de la desdichada Guerra Civil. Los síntomas de recuperación son evidentes: Hay un aumento de la población que llega a alcanzar un máximo histórico próximo a los 2400 habitantes, paralelo a un lento pero creciente progreso económico; esto nunca suele ser un hecho aislado, sino que tiene una inmediata relación causa-efecto con un paulatino aumento en la vitalidad de la sociedad a quien afecta, dado que además ésta es fundamentalmente joven. Múltiples son los hechos que avalan estas apreciaciones, basta recordar que esta es la época de la fecunda rivalidad entre los dos cines, la gran proliferación de orquestinas y bailes locales, la gran animación que se observa en celebraciones populares como el Cristo, el Carnaval, etc... Turleque tenía mucha gente y éstas tenían muchas ganas de vivir la vida, disfrutar y hacer cosas.
El deporte no podía ser excepción y no lo fue: tuvo además la gran suerte de encontrar una vez más, otra persona que, aunque venida de fuera en ejercicio de una función pública, supo integrarse en esa vital sociedad que necesitaba del concurso de personas procedentes de horizontes más amplios, cual era el caso del referido D. Román. Apenas llegado a Turleque y llevado de su enorme afición al fútbol y ciertos conocimientos técnicos adquiridos en Madrid (de donde procedía) durante su juventud, no dudó en hacerse cargo del equipo de fútbol, que en esos momentos se encontraba en fase de transformación y constituido por elementos muy jóvenes en su mayoría. Don Román aportó, fundamentalmente, dos cosas: En la estructura organizativa y social del club, su altitud de objetivos y una concepción moderna y real, aunque quizá excesivamente ambiciosa, de lo que debía ser una entidad deportiva; el club fue por primera vez un auténtico club con una directiva compuesta por personas con funciones diferenciadas, unos socios que aportaban unas cuotas seriamente controladas, que eran recursos igualmente empleados para la correcta marcha de la sociedad. Por lo que respecta al apartado técnico, dentro de sus funciones como entrenador, organizó el equipo en base a una seria disciplina para lo que disponía de una fuerte personalidad que la inspiraba sobradamente, y un concienzudo trabajo de entrenamiento basado, fundamentalmente, en la mejora de los rudimentos técnicos de aquellos mozos turlequeños que físicamente estaban suficientemente dotados; contó para ello con un elemento de indudable valor, como fue la enorme cantidad de jugadores (prácticamente todos los jóvenes del pueblo) de que dispuso desde un principio, de hecho había dos equipos efectivos que competían entre ellos cuando no había partido oficial. El juego practicado era ya muy similar al actual, de toque raso con muchos apoyos, muy rápido, de cierta especialización en el juego individual, como en el caso de los porteros o los extremos y que daba importancia a las acciones tácticas y estratégicas (corners, faltas, marcajes, etc.). El nivel alcanzado fue, comparativamente con los alrededores, muy alto, y aquí echo mano de los recuerdos remotos infantiles del niño de 4 o 5 años, a quien llevaba su padre al fútbol, que era el autor de estas líneas. Al afirmar que aquellos se refieren a "un equipo que nunca perdía" y que metía gran número de goles en cada partido "en un campo lleno de gente que animaba muchísimo".
Pero pasando a una descripción más concienzuda del panorama futbolístico y deportivo del momento, digamos que la directiva más habitual que ostentó los destinos de la institución fue la formada por Ángel, como presidente, Lucio Chaparro, Carmelo Beteta y Puri Martinez como otros miembros. Igualmente la alineación más habitual era la formada por: Saturnino Martinez, Diosdado Torres, Orencio, Bernardo, Pedro Fenández, Gonzalo Moreno, Carrique, Catalino Fenández-Peinado, Alfredo Navarro, Agustín, Adolfo Fernández, Avelino Fernández, contando también en ocasiones con otros importantes jugadores como: Antero García-Osorio, Cesáreo Moreno-Cid, Dionisio Moreno-Cid e Isidoro Navarro. Recibían estos jugadores pequeñas recompensaciones o primas como 5 Ptas. Por partido ganado o 2,50 si empataban fuera. La camiseta era la habitual amarilla que luego fue sustituida por otra verde con un ingenioso escudo de nuevo diseño y pantalones blancos.
El campo continuó siendo "La Vega" a la que se rodeó de una zanja a modo de asiento para los espectadores, que fue cavada por los directivos y socios a pico y pala, a razón de 5 metros por persona. Otros jugadores y directivos contribuyeron en la confección de las porterías con vigas sacadas de la desaparecida casa de D. Patricio y las redes a base se soguilla de esparto.
Las inundaciones de La Vega siguieron haciendo indispensable la habilitación de otro terreno sustitutorio que en estos años fue la era del Tío Catalino en el camino de Urda, no sin antes tener que proceder a la búsqueda de las porterías y redes que flotaban en algún lugar del antes campo convertido en gran laguna.
El medio de locomoción solía ser el taxi del Tío Venancio (Fiat) o el de un señor temporalmente afincado en Turleque apodado "El Moracho" (Cadillac) , también en ocasiones se echó mano del camión (Ford) del Tío Anastasio "El Fabricante" o de la furgoneta del Tío Manolo (Ford).
Sin embargo no debemos sacar la conclusión de que todo era un camino de rosas para los practicantes del deporte turlequeño, aún tuvieron que vencer resistencias e incomprensiones en sus casas y, por supuesto, estaba el compaginar la actividad con sus trabajos en el campo, que era lo primero e incuestionable, dándose en este terreno cosas realmente encomiables como es el caso de Cesáreo (jugador todo terreno y no siempre titular indiscutible) que llegaba al extremo de ayudar a segar a Saturnino durante la mañana del domingo para así poder obtener del padre de éste (el Tío Moreno) el permiso de ir a los entrenamientos que se realizaban a la caída de la tarde, corriendo desde el lugar del trabajo cuando se divisaba desde allí el hecho (tengamos en cuenta nuestro peculiar relieve manchego), de manera que el calentamiento y el trabajo de fondo estaban asegurados ya y no había sino ponerse a tocar bola con las "albarcas".
Los entrenamientos no fueron ya solamente técnicos sino que, dentro de lo posible, se cuidó el aspecto físico, habilitándose un improvisado gimnasio nocturno en el corralón llamado "Chozo de los Marcelos" (calle Tahona) útil para realizar gimnasia a manos libres (aparatos en esta época era impensable).
La plantilla de jugadores era heterogénea en cuanto a sus características físicas y técnicas, pero estuvo siempre muy bien compensada y complementada. Sobresalía el juego fuerte e impetuoso, no exento de técnica, de Agustín "el Lucero", Orencio "pistolas" o Alfredo; el bregar incansable de Gonzalo y Cesáreo; la velocidad y disparo de Catalino y Dionisio, el oportunismo y picardía de Avelino; la exquisita técnica de Bernardo o Adolfo y una portería donde sobresalieron desde un principio (entre un gran número de buenos porteros) Saturnino por su enorme agilidad y seguridad, que cuando no podía contarse con sus concurso era sustituido por Diosdado el cual levantaba enorme expectación entre el público con sus valientes y espectaculares intervenciones. Sería interminable una enumeración técnica exhaustiva de todos cuantos jugadores formaron en el Turleque C.F. a las órdenes del Boticario, baste decir que todos eran buenos y, prueba evidente de ello fue situaciones como la vivida por Dionisio, quien al pasar a residir en Madrid se emoló en un equipo de la regional federada de la capital, en donde enseguida llegó a ser figura máxima.
La competición continuó siendo de campeonatos locales no federados, pero de un alto nivel y apoyo popular. A veces dichas confrontaciones se alejaban notablemente de Turleque, como es el caso de Yepes o Quintanar. Punto culminante de estos torneos solía ser el partido de la Feria, donde se acostumbraba a traer algún "peso pesado futbolístico" ya militante en categoría federada nacional (3ª división) tal fue el caso del Boetticher y Navarro, madrileño o La peña Martín de Toledo.
Sin embargo, el mejor equipo y el de mayor rivalidad contra nosotros siguió siendo Tembleque, utilizando un lenguaje actual al uso diríamos que los temblequeños continuaron siendo nuestra "bestia negra", ya que paralelamente a nuestro caso también ellos vivieron en esta época su edad de oro del fútbol, teniendo como máxima y legendaria figura a su goleador "Trala", jugador dotado de un potente disparo y una técnica muy depurada. Asimismo contaron con buenos equipos azulgranas de Camuñasy Madridejos, con su centrocampista Marcelino y su portero Carticas. En Consuegra es la época de Ortiz, Molinero y el Esterero, así como la omnipresente Urda, que siempre mantuvo su buen nivel.
Si hemos calificado este periodo como el más trascendental del fútbol turlequeño, también ahora es cuando se produce la anécdota por antonomasia del mismo, se trata de la agresión sufrida por D. Román en Madridejos, hecho éste que dejó secuelas negativas muy duraderas en las relaciones entre ambos pueblos y que incluso trascendieron de lo deportivo. Fue con motivo de un torneo que ambas directivas habían concertado a doble partido, en el que estaba en disputa un enorme trofeo. El primer encuentro había de celebrarse en Madridejos y correspondía proveer de árbitro al equipo visitante, formula arriesgada pero que, sin duda, evitaba el probable caserismo del juez; este papel lo asumió voluntariamente D. Román, como persona más versada en estos lances de los componentes de la directiva local, sin duda intuía el riesgo que esto entrañaba puesto que delegó sus funciones de entrenador en Lucio "Picanco" y exigió de forma tajante a todos los jugadores que se abstuviesen de intervenir en su defensa caso de ser agredido, así como no caer en posibles provocaciones por parte de jugadores o público. En Madridejos el ambiente era de total euforia y confianza en una victoria lo suficientemente amplia como para asegurar la tranquilidad de cara al partido de vuelta, avalaba esto el buen nivel de su equipo y un cierto desconocimiento del rival, hecho este acrecentado por la astuta maniobra de última hora de D. Román, quien presentó una insólita alineación colocando a Bernardo, habitual delantero centro, como defensa central y convirtiéndose éste en un auténtico valladar que cuando raramente fue superado se encontró detrás a un Saturnino en estado de gracia que lo paró todo. El partido concluyó con empate sin goles ante la decepción e impotencia de la afición local, de entre la que desgraciadamente surgió el clásico grupo de exaltados que no tuvieron otro recurso que echarle las culpas al intachable arbitraje de D. Román y le propinaron algunos golpes más contundentes por su valor moral que físico; prueba de que los hechos fueron aislados y no imputables a la afición madridejense es la paradoja de que fueron los propios directivos del club quienes protegieron al boticario y afearon su conducta a los agresores. Mención especial hay que hacer a Juan de Abajo (bien conocido entre los zapateros y mecánicos de Turleque) que, ante el cariz de los acontecimientos y en previsión de situaciones futuras problemáticas, entregó la copa a Carmelo Beteta quien, escondida entre la gabardina, inició a pie el camino a Turleque "atraviesa barbecho" hasta que fue recogido por los últimos coches de aficionados que regresaban, ya cerca de nuestro pueblo. Los jugadores y seguidores no fueron agredidos en absoluto a excepción de Avelino y Diosdado que desoyendo los consejos de D. Román quisieron interceder por él y se vieron mezclados en el barullo. La copa fue recibida en Turleque con una mezcla de indignación y alegría, lo primero por razones obvias, lo segundo por considerarse prácticamente ganada de cara al dudoso partido de vuelta; fue llevada por todos los jugadores a casa de Ezequiel, que no había podido trasladarse al partido por encontrarse enfermo, y ofrecida al emocionado jugador que después sería pieza importantísima del equipo. El partido de vuelta no llegó a celebrarse pues el equipo de Madridejos no compadeció ante el temor a posibles represalias. Pese a darse toda clase de garantías por parte de la directiva y autoridades locales, aquella tarde soleada de domingo quedó sólo en la expectación de gran número de turlequeños mirando hacia la polvorienta carretera que nos unía con nuestra vecina localidad, o algún que otro infundado rumor de llegada por otro inesperado itinerario. La copa se quedó aquí y aquí sigue.
Mas el hecho tuvo unas consecuencias que van desde lo curioso hasta lo lamentable, así por ejemplo fue motivo para que la entonces poetisa, cantautora o trovera local, la Tía Saturnina "La Coneja", compusiese unas ingeniosas coplas en donde se narraban los sucesos con increíble exactitud, e incluso le dotó de música que ella misma interpretaba de viva voz:

El 25 de septiembre
Del año cincuenta y cinco,
En el pueblo de Madridejos
Se enfrentaron dos equipo.
Se tira un mocito al campo,
No se si de la cañada
Y al pobre del boticario
Al suelo le echa a patadas.
Un hombre de Villafranca
Cogió la copa al momento,
Ésta va para Turleque,
Para que vayáis aprendiendo.
Cuando por la calle iba
El pobrecito Diosdado
A preguntar por los coches,
Dos sopapos le han pegado,
Que dos sopapos serían
Que a las 24 horas
Que calentura aún tenía.
El equipo de Turleque
Es equipo de primera,
Si queréis ganar la copa
En la Vega os esperan.
Y esta copla que he sacado
No la sacan ni en Pekín,
La ha sacado la Saturnina
Esposa de Valentín.


En este mismo sentido hay que hacer constatar el dato de que prácticamente pasasen más de veinte años para que volviese a haber otra confrontación Turleque-Madridejos, y así mismo, y esto es lo lamentable, hubo algunos turlequeños relacionados, emparentados o naturales de Madridejos que hubieron de soportar algún comentario fuera de lugar. Fue sin duda el hecho más desagradable de la historia del deporte local.
Pero como todo tiene su fin, este brillante periodo también lo tuvo, no de una forma brusca, tajante y puntual sino paulatina y motivada, fundamentalmente, por dos factores: 1º.- el cansancio natural que todo periodo intensivo acaba produciendo; 2º.- el comienzo de la emigración que diezmó la población y sobretodo en sus niveles más jóvenes, que eran quienes debían tomar el relevo.
D. Román abandonó progresivamente la labor y cogió las riendas del equipo otro auténtico entusiasta del deporte como fue Ascensión Moreno-Cid, el mayor de una familia fecunda de jugadores como Cesáreo y Dionisio, al que no faltaba capacidad de trabajo y entrega, prueba de ello es el que todavía se ganó un torneo triangular contra Camuñas y Mora y se dio paso en el equipo a nuevos jugadores como Victórico Moraleda, Regino Martinez, Próspero, etc... que formaron con los ilustres veteranos que aún resistían con mucho fútbol en sus botas; es la época en que el campo de fútbol conoce otra ubicación, por inundación en la Vega, en el camino Mora frente al antiguo almacén del SENPA. Sin embargo la cuesta abajo era irreversible, los problemas económicos del club eran cada vez mayores, no había (nunca la hubo) ayuda oficial y las vías de financiación tradicionales (rifas, teatros, taquillas) estaban muy gastadas; algunos desplazamientos se hicieron con la motocarro de Ascensión (Iso), ocasión que era aprovechada por la plantilla expedicionaria para degustar los productos del campo manchego (uvas, melones, etc...) aunque no por ello decaía la moral del equipo (que concretamente en esa ocasión ganó 2-1 en Villacañas) y seguir nuestra eterna rivalidad con Tembleque donde en ese periodo sufrió un monumental apedreamiento al final de un accidentado partido. También fue ahora cuando se obtuvo el récord de derrota estrepitosa en la historia del fútbol turlequeño, 10-0, frente a Yepes en un día con un equipo plagado de bajas titulares y Diosdado despistado.
Hacia el año1959 puede darse por concluido este periodo para iniciarse otro bajo una perspectiva teóricamente diferente.
El otro deporte turlequeño, el ciclismo, también empieza a vivir una etapa de esplendor aunque matizado: era el principio de las esplendorosas carreras de nuestro paisano provincial Bahamontes y del criptanense Manzaneque, sus hazañas eran fervorosamente seguidas por la radio y eso generó en toda la provincia y las de alrededor una gran afición por el ciclismo, raro fue el pueblo que no improvisó una pista de carreras además de la organización de un sin número de pruebas en carretera; Turleque fue un claro exponente de la situación; se construyó una pista de tierra que rodeaba el campo de fútbol de la Vega y se organizaban numerosas carreras locales en las que competían mozos (muchos de ellos futbolistas también) con vetustas bicicletas que raramente aguantaban toda la prueba, a un determinado número de vueltas. Periódicamente venían figuras del entorno como Esparcia del Romeral, Isabelo de Toledo, etc... que nos deslumbraban con sus refinadas máquinas y ajustados trajes, probablemente esa fue la principal razón por la cual esta masiva afición no diese el apetecido fruto de una figura local capaz de hacer frente a esos "monstruos" y trascender del ámbito meramente turlequeño. La bicicleta fue siempre un obstáculo insalvable para las economías de aquellos entusiastas corredores. Quizá el único que pudo dar la talla y de hecho participó en varias carreras foráneas realizando un buen papel, fue el "Campesino", corredor de fuerte tren y duro como el pedernal; otros rivales suyos fueron Diosdado, El Bodeguero, Dionisio Cereceda, etc... Entre los forasteros causó enorme sensación el paso por Turleque de el Toledano Rafael Carrasco, entonces discípulo predilecto de Bahamontes. Creo recordar que sacó cinco vueltas de ventaja al segundo tras venir desde Toledo en bicicleta.
Fue, en resumen, una etapa de gran intensidad a lo que hubiese hecho falta un corredor local que hubiese reunido todos los entusiasmos a su alrededor, al no ser así el ciclismo inició un proceso de languidecimiento aunque, por su puesto, seguía siendo inadmisible una feria sin carrera ciclista. Sin duda hemos ido a peor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CONEXIÓN DEL DEPORTE CON EL APOSTOLADO RELIGIOSO-RURAL.-

 

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 El final del periodo protagonizado por D. Román y su epílogo Ascensión, fue casi coincidente en el tiempo con la llegada a Turleque de D. Jesús Lobato, y el principio de la revolución religioso-social (Operación Pueblo) por él emprendida y en gran medida conseguida.
Quedaba aún un fuerte rescoldo de la obra anterior y subyacía el mismo talante activo y entusiasta de siempre en la juventud de aquellos años (59-60), pese a las dificultades específicas en el anterior capítulo. No es por tanto de extrañar que se produjese una simbiosis entre aquel naciente factor religioso y este latente y residual factor deportivo, para dar lugar a un nuevo renacimiento de dicha actividad, hasta el punto de, al menos en apariencia, alcanzar las altas cotas anteriores, si bien con una motivación y unos objetivos oficialmente distintos.
El equipo pasa a ser una sección más de la actividad del apostolado religioso desplegada por la institución "Acción Católica" en sus ramas juveniles:
-JARC. Juventud Agraria Rural Católica
-OAR. Obra del Apostolado Rural.
Nombre éste último adoptado por él mismo. La idea de D. Jesús Lobato provocó algunas reticencias en no pocos integrantes de la plantilla de jugadores, que veían un posible intento de manipulación religiosa a sus conciencias, utilizando la vía deportiva. Pero prevaleció su enorme afición y al solidez que la nueva organización, sin duda, ofrecía por la obra religiosa y la cobertura formal que por entonces toda actividad pastoral otorgaba, amen de pequeñas ayudas económicas o de locales utilizables, aunque de esto lo que menos.
Cada partido local venía precedido de toda una detallada información sobre el mismo, musicalmente arengada por la flamante megafonía instalada en el campanario de la iglesia. Tras la misa mayor y dirigida a una repleta y animada plaza que ya no sólo tenía la tradicional "pizarra" como única información, se procedía a la pertinente lectura del horario del partido, de esta manera la afluencia de público a los encuentros solía ser bastante numerosa.
Por lo que respecta a aspectos organizativos concretos, la directiva estaba formada por un nutrido grupo de vecinos, algunos ya veteranos de anteriores etapas, de entre los que destacaban Emilio Cuellar (hijo) y Agustín Ramos. La función de entrenador fue quizá la que más cambios conoció, pasando sucesivamente por el puesto, Justo el del Tío Lucio, José "El Sastre"... etc.
El sistema de competición siguió siendo básicamente el mismo, así como las condiciones de trabajo técnico-físico y los problemas de la Vega y sus inundaciones. Ésta época conoce una nueva ubicación del campo en la era de "Los Chavitos", en el camino de Urda.
Los medios de trasportes eran los habituales taxis locales del Tío Venancio, El Moracho, la furgoneta del Tío Manolo y el de los hijos del Tío Bautista.
Una alineación habitual era la formada por: Moreno, Virgilio, Marchena, Alfredo Navarro, Antero García-Osorio, Victórico Moraleda, Dionisio Moreno-Cid, Isidoro Navarro, Luis Ramos, Cesáreo Moreno-Cid, Compasión Cuellar y Adolfo Fernández. Los equipos y el sistema de competiciones tampoco varían substancialmente, si acaso el potencial de los mismos, dado que ahora el periodo de esplendor de Los Yébenes con su Tadio, Manco, Germán y "Tabique"(ahora turlequeño).
El arbitraje siguió corriendo a cargo de algún miembro capacitado de la directiva, de entre los que destacó por su predisposición local la figura de Fabián "El Barbero", antiguo jugador y gran aficionado.
Durante le primavera de 1961 y con motivo de la celebración en Turleque de la Anual Fiesta Comarcal de la Juventud, se celebra un torneo cuadrangular (Mora, Consuegra, Urda y Tembleque). Turleque concurre con un renovado equipo y entrenador, puesto que ahora recae en Eugenio "El Zapatero",. Quien ya por entonces compartía sus aficiones deportivas y teatrales. Eugenio remoza profundamente el equipo aún cuando algunos elementos eran auténticos veteranos, pese a su juventud. Ahora la alineación habitual será la formada por: Próspero, Boni, Regino Martinez, Paco, Isidro, Antero García Osorio, Antonio, Luis Ramos, Dionisio Cereceda, Paco el de la Tiodo y Quijorna. Quedó en tercer lugar tras Mora y Consuegra.
Esta fiesta de la juventud del año 1961 tuvo también su cierta trascendencia deportiva, no sólo en el fútbol y ciclismo, en cuanta a que fue la ocasión para dar a conocer en Turleque un deporte totalmente nuevo, el Voleibol (entonces balonvolea). D. Jesús, parece ser, fue el autor de la idea de celebrar un torneo de dicho deporte coincidiendo con su homónimo en fútbol. Así, tras un corto periodo de entrenamiento y con unos rudimentarios medios y por supuesto, un pesado balón de fútbol al que, aunque sólo fuese por esta vez, trataron golpeándolo con las manos y no con los pies. Los apasionantes partidos se celebraron el la Plaza de la Tercia, con una enorme expectación y animación, máxime cuando Turleque quedó campeón y pudimos ver a nuestros futbolistas lucir insólitas habilidades. Así es el caso de Cesáreo, que impresionó a todos con sus potentes saques. El hecho puede parecer anecdótico y puntual, pero a mi no me lo parece por cuanto que introdujo una nueva mentalidad deportiva más proclive a diversificación y divulgación de nuevas disciplinas, de hecho en la feria siguiente no es casualidad el que se organizase una carrera a pie con ida y vuelta a la "Huerta Última", que ganó netamente destacado Conrado, lo cual no se hacía desde hace bastantes años. De la misma manera fueron, o fuimos muchos los niños que a partir de ese momento practicamos su particular versión del voleibol, con una cuerda atada entre dos árboles y un balón de plástico.
Si la Operación Pueblo contribuyó decisivamente a revitalizar el deporte en un momento de decaimiento, fue también el languidecimiento de aquella, el comienzo de un paralelo proceso descendente de la actividad deportiva en cantidad y calidad. Se vuelve de nuevo a la precariedad de medios, prueba de ello es le viaje realizado a Villanueva de Bogas el día de San Isidro del 62, en cinco bicicletas por el camino de Madrid, que rigurosamente eran compartidas en su uso por los 12 expedicionarios jugadores, quienes alternaban periodos de pedaleos y trote, lo que no fue obstáculo para ganar el partido. Tampoco esta penuria fue óbice para mostrarse solidarios con catástrofes a nivel nacional, cual fue el caso de las inundaciones de Cataluña del otoño del año 62, con motivo de las cuales se organizó un partido a beneficio de los damnificados, con 905 pesetas (de las de entonces) de recaudación, que fueron a parar al paquete de ayudas enviadas por el Ayuntamiento, quien no las hizo constar como propias de C.F. ; sin duda un descuido o involuntaria omisión.
La puntilla a esta maltrecha situación vino dada ya por el año 63 por dos motivos fundamentales:
1º.- El habitual y bien conocido de una nueva y gran inundación de la Vega, que esta vez no encontró el ánimo suficiente para habilitar otro campo sustitutorio, (ténganse en cuenta que antes se había hecho en eras que en verano recuperaban su función normal y hacía necesarios nuevos trabajos de adecuación si se quería reutilizar)
2º.- La deuda económica que se mantenía con la Tía Joaquina, habitual lavandera de la equipación que al llegar a un volumen excesivo, indujo a su hijo Erótido a tomar la decisión de retener la misma hasta el momento que dicha deuda fuera convenientemente satisfecha, todo ello a pesar de que él mismo era un gran aficionado y jugador habitual.
Los años 63 y 64 fueron, por tanto, de casi total inactividad futbolística competitiva. Otro tanto ocurrió con el ciclismo: la desaparición de las pistas de la Vega dejó las pruebas ciclistas reducidas a la carretera y estas se encontraban en tan mal estado (salvo la de Tembleque) que desanimaban a organizadores y participantes. Sólo recuerdo una carrera con ida y vuelta a la finca de "El Monte", en la carretera de Madridejos , en donde participó un ciclista de Aranjuez descendiente de turlequeños, al que debido a las características de su bicicleta y a la clase de preparación que se le suponía, se le permitió participar con la condición de salir 5 minutos después que el resto de los corredores; este muchacho enjugó casi toda la ventaja que le llevaban, pero no logró entrar el primero.
Para terminar este apartado rememoraremos una de las anécdotas más insólitas y graciosas que han podido llegar a mi conocimiento, alusión a una de las escasas ocasiones en que dos grandes pasiones nacionales, fútbol y toros, estuvieron de alguna manera hermanadas y colaboraron estrechamente, todo lo cual fue hecho posible por un entusiasta grupo de taurinos turlequeños:
Fue con motivo de una importante festividad en Consuegra (quizá la Rosa del Azafrán) que al entonces alcalde D. Pedro Albacete, se le ocurrió la idea de convocar un festival-concurso taurino de cuadrillas de pueblos vecinos, para lo que se contactó con conocidos aficionados locales como Rufino o el Tío Emilio Cuellar, a fin de habilitar la correspondiente cuadrilla local. Así se hizo y estuvo formada por Miguel Mora como mozo espada, Victorino como peón y banderillero, al igual que Eutropio. El problema vino con los trajes, no ocurriéndose otra cosa que utilizar las camisetas del equipo de fútbol con sus correspondientes distintivos y numeración. Pues bien, a pesar del inicial jolgorio que la idea desató, su faena fue tan lucida y valiente que el público, tras la actuación, reclamaba de nuevo su presencia al grito de: "¡Qué toree el 5... etc!" refiriéndose al número de la camiseta. Miguel obtuvo las dos orejas y el rabo, éste último cortado a bocados por Eutropio ante la ausencia de algún instrumento adecuado. Sin duda algo único.
Durante los años 63 y 64 siguió existiendo una latente llama deportiva en forma de frecuentes encuentros deportivos de jóvenes, aprovechando los domingos, días de fiesta o periodos de lluvias que imposibilitaban el trabajo del campo. Sin embargo esto no fructificaba a la reconstitución del club de fútbol local, por el temor a las exigencias económicas que ello entrañaba y a un próximo recuerdo del anterior y su poco decoroso final. Pero poco a poco fue germinando una inquietud que terminaría por dar sus frutos.

         

EL RENACER DE LOS 60.-

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   Los hoy mitificados años 60, con lo que de vitalización de la economía y sociedad española en general significaron, aportaron al deporte turlequeño un nuevo e importante impulso que llenó de actividad la segunda mitad de esta década hasta principios de los setenta.
No era esta una época especialmente favorable para nuestra sociedad local de aquel entonces, que vivía un periodo de natural cansancio tras el anterior de febril actividad socio-espiritual proporcionado por la Operación Pueblo y, por consiguiente, poco proclive a forjar cualquier iniciativa de índole cultural o deportiva.
Sin embargo pervivía una importante cantera futbolística en constante y casi autodidacta renovación (sólo los más veteranos o el incansable Eugenio ejercían como ocasionales entrenadores de los más jóvenes, entre los que se encontraba el que suscribe) que mantenían una intensa actividad en forma de largos partidillos aprovechando cualquier tiempo disponible. El terreno de juego era ahora la unión de las eras de el Tío Bautista y el Tío José en el camino de El Cristo, con su famoso cibanto delimitador de las mismas, que provocaba toda clase de efectos y botes extraños en el manejo del balón, pero decisivo para el control del juego en el centro del campo.
La transición de esta actividad lúdico-deportiva que no trascendía del ámbito local a una competición más seria y exigente de un mayor grado de compromiso y preparación, vino facilitada por la existencia de un proceso similar en nuestras localidades vecinas, que pronto fructificó en los primeros y rudimentarios contactos para concertar encuentros, los primeros de los cuales sirvieron para mostrar y concienciar del magnífico nivel de un incipiente equipo mezcla de veteranos ilustres de épocas anteriores, como Próspero, Paco, Boni, Regino, Donato... y nuevos valores cual era el caso de Pepe el gato, Eduardo el boti, Mariano, Jose el artista... etc.
Otra de las limitaciones que en este periodo hubieron de vencerse, fue la aparición, ya en esos momentos, de la muy positiva y proverbial tendencia de los padres turlequeños a proyectar a sus hijos hacia grados de estudios superiores, lo que provocaba la marcha permanente de un importante número de jóvenes hacia las capitales o poblaciones cercanas, "los estudiantes", e imposibilitaban el contar con ellos como jugadores susceptibles de ser alineados en competiciones a celebrar durante periodos lectivos. Es por eso que, salvo contadas excepciones, el equipo se vio obligado a limitar su actividad competitiva a periodos vacacionales, so pena de ver considerablemente mermado su potencial, si bien, esto también tuvo el aspecto positivo de poder contar siempre con la Vega como terreno de juego, dadas las características climáticas de los mismos (fundamentalmente el verano) previo segar a hoz las altas hierbas crecidas durante el invierno anterior y sufrir las consecuentes ampollas en manos poco acostumbradas a estos menesteres.
Arrancó propiamente esta etapa en la primavera del año 66 mediante una, un tanto informal, doble confrontación victoriosa con el equipo de Consuegra que, al igual que nosotros, se encontraba en periodo de formación y que tuvo el positivo efecto de permitir evaluar nuestras buenas posibilidades y plantearnos más serios objetivos. Visitaron nuestro terreno de juego haciendo el desplazamiento en bicicleta. Se les devolvió la visita utilizando el taxi de Miguel Mora (Renault) en el que tuvo cabida todo el equipo en un solo viaje. Insólita pero también lógicamente entre éstos no figuraba el fundar un club de forma estructurada con una junta directiva etc... pues ello suponía implicar a adultos en la empresa y eso era algo poco acorde con el espíritu independiente, rebelde y contestatario de la juventud de la época. Salvo en contadas ocasiones aquel sería un equipo autogestionario.
Se rescataron las legendarias camisetas verdes del no menos legendario periodo anterior, pagando la deuda pendiente que la inflación había dejado más asequible, no así sucedió con los pantalones que resultaban ya un tanto anticuados por demasiado largos, de manera que ya al siguiente partido contra La Guardia, se acudió más o menos decentemente uniformados, lo que no fue obstáculo para perder por la mínima, (3-2) sufriendo quizá el arbitraje más casero de la historia deportiva turlequeña. Después vendrían Tembleque y Urda con sendas victorias, Camuñas etc...
Era aquel equipo, una vez configurado hacia finales del verano, un conjunto que practicaba un fútbol fundamentalmente técnico, muy ofensivo, basado en la solidez y seguridad de Regino, en la defensa de Paco, Pepe el gato o el artista que con su imaginación y exquisito toque creaba un juego en el centro del campo, y la velocidad de Mariano y Donato por los extremos, con el oportunismo de Eduardo el boti. La única limitación de que siempre se adoleció, fue una gran descompensación en algunos determinados puestos y más sobremanera el de portero, donde, tras la marcha de Eusebio, hubo un extraño rechazo, sequía o como queramos llamarlo que produjo un constante peregrinar de jugadores de otras "cualidades", Jesús el de Rufino, magnífico jugador de baloncesto, que en este deporte vería gran número de tantos encajados. Algo insólito en la tradición turlequeña (el moreno, Salustiano etc...) que durante mucho tiempo se convirtió en nuestro talón de Aquiles y que sólo muy al final tuvo solución (Perico, Nemesio).
También sufrimos, si se le puede denominar, de algo muy lógico y común a todo el equipo con la mencionada mentalidad atacante y que constantemente seguimos observando en el fútbol de élite, consistente en la falta de talante defensivo en el centro del campo, todo lo cual redundaba en un juego vistoso, creativo y goleador, pero también encajador de goles y derrotas insólitas en partidos netamente dominados territorial y técnicamente.
El punto culminante de esa temporada y de las sucesivas, fue el partido de La Feria, donde se goleó fácilmente a un equipo de la regional madrileña procedente de Getafe, en que militaba el turlequeño Claudiano Mora, lo que da idea del buen nivel alcanzado. Se iniciaba así una tradición que duraría varios años, según la cual dicho partido significaba, prácticamente, el final de temporada, puesto que en octubre comenzaba el curso escolar y los estudiantes en número de diez u once, marchaban a su lugar de residencia académica, para no regresar sino en los breves periodos de Navidad o Semana Santa. La mayoría de ellos mantenía la actividad deportiva durante este largo periodo, participando en competiciones escolares (entonces muy importantes) campeonatos regionales, aficionados, federados, e incluso Eduardo el boti estuvo encuadrado en las divisiones inferiores del Real y el Atlético de Madrid.
Pero la llama estaba ya prendida y durante el otoño e invierno, continuó una intensa actividad futbolística local en forma de los ya tradicionales partidos domingueros matinales o de paros estaciónales. Se inauguró por Navidad una tradición que tendría una larga continuidad, consistente en la celebración de un partido entre componentes del equipo "estudiantes" contra aquellos que no lo eran, llegando a ciertos grados de apasionamiento y encono en algunas ocasiones, algo nada raro en el deporte y más concretamente en el fútbol.
Las temporadas siguientes fueron de progreso y consolidación, siguiendo la misma pauta establecida en la primera y tratando de subsanar paulatinamente las carencias detectadas, en la medida de lo posible.
El Teleclub, entonces en pleno apogeo, incluyó en su programación la actividad del equipo de fútbol, aportando ayuda económica, cobertura institucional, así como trabajo de gestión y representación por parte de su junta directiva, D. Jesús Punzón, Agustín Ramos etc... todo lo cual redundó en una mayor y más sólida actividad competitiva y de preparación. Se comenzó a cuidar a las futuras promesas , D. Jesús y Eugenio entrenaban cuando su actividad profesional se lo permitía.
Se jugaron dos torneos con trofeo en disputa: uno a doble partido contra Urda que se ganó; y otro triangular con El Romeral y Tembleque, en el que quedamos en segunda posición tras El Romeral, pero que creo contiene la anécdota de la mayor victoria conseguida por lo que a tanteo se refiere, en la historia de nuestro fútbol turlequeño,12-0 a un Tembleque entonces en horas bajas.
Punto culminante continuó siendo el partido de La Feria, en donde paulatinamente se fue incrementando el nivel del rival de turno, paralelamente al progreso del propio y echándose mano de refuerzos ocasionales por parte de jugadores de poblaciones cercanas, cuando se consideraba excesivamente fuertes a los oponentes; tal fue el caso de las confrontaciones con el Sta Bárbara de Toledo (3ª división), Construcciones Carrillo de Getafe (1ª regional) y sobre todo, Real Madrid Juvenil (División Nacional Juvenil) victoriosas todas ellas.
Pese a todo, esto no debe hacernos pensar que esta práctica del refuerzo, hacía caer en el olvido a nuestros jóvenes valores, muy al contrario, fueron incorporándose nuevos jugadores como Emilio Cuellar y Carmelo Beteta, Santiago o el tristemente desaparecido José Luis.
Durante el invierno continuó la actividad habitual a la que se unió una nueva modalidad, consistente en entrenamientos entre empresas constructoras locales, como fue el caso de El Blanquillo contra Antero, que nos dio ocasión de observar a antiguas viejas glorias del balón, ahora artistas del yeso y del ladrillo.
Quizá esto fue el principio de la idea, que poco a poco se fue abriendo camino, de celebrar como partido de feria un encuentro entre le mítico equipo de la época de El Boticario (rondando los 40 años) y el actual. El experimento resultó muy interesante, con dos estilos diferentes sobre el terreno; fuerza, entrega y velocidad en los veteranos, con algún destello de talento; técnica, orden y compenetración en los más jóvenes. El resultado de 5 a 0 para los segundos es totalmente engañoso, pues todos los tantos fueron conseguidos en la última media hora de partido, cuando ya la diferencia en el carné de identidad se dejó sentir.
Ya desde el año anterior este partido era ocasión para hacer entrega del trofeo donado e instituido por D. Román Amador como premio a aquel jugador mejor distinguido a lo largo de la temporada, no sólo en su rendimiento técnico, sino en su labor de promoción, gestión o animación deportiva.
La recurrente crisis llegó hacia los años 73-74 por razones muy diversas: veteranía de algunos jugadores, ausencias vacacionales o profesionales, crisis en el Tele-Club, cierta apatía generacional, diversificación del ocio veraniego, etc... Sin embargo todavía se mantuvo una cierta actividad y se fueron sumando nuevos jugadores de gran calidad como Nemesio, los hermanos Álvarez (José Francisco y Eduardo), Regino, Pepe el negro, Jesús el de Pepe , etc... Los partidos de la época contaron con rivales que dejaban mucho que desear (victorias que sabían a poco) producto de un descenso en la capacidad de gestión o de ayuda económica, aunque todo era un proceso conjunto de decadencia.
Como epílogo a esta época merece la pena resaltar un aspecto más demostrativo del buen nivel futbolístico alcanzado, a nivel individual, en buen número de nuestros jugadores y que no fue otro que el haber sido requeridos por parte de equipos encuadrados en los campeonatos regionales vecinos, en donde militaron varios años, tal fue el caso de Eduardo Amador (Rosino de Villafranca, 1ª regional) Carmelo (Tembleque, 3ª regional) Miguel Chiri (Regional madrileña) y algún otro que se puede quedar en el tintero.
Mas no todo fue fútbol en los recordados años 60, como tampoco había sido así en épocas anteriores. Otros deportes surgieron con desigual fuerza y desarrollaron una interesante actividad.

        

 

LOS OTROS DEPORTES.-

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  La televisión, que sin duda ha tenido efectos sociales negativos, permitió algo tan positivo como el conocimiento visual de deportes hasta entonces poco habituales que, (fieles a la costumbre de la época) por atravesar buenos momentos a nivel nacional, eran objeto de constantes retransmisiones televisivas, testimonio de las glorias deportivas nacionales. Así sucedía con el baloncesto (Real Madrid), tenis (Santana), ciclismo (Bahamontes) o boxeo (Carrasco, Lagrá, etc...). De todos ellos el baloncesto arraigó con fuerza en la juventud turlequeña del momento, simultaneando su actividad paralelamente a la del fútbol, llegando a alcanzar un importante nivel que desgraciadamente no tuvo la continuidad debida.
Los comienzos no pudieron ser más rudimentarios, en forma de unos aros (propiedad de la familia Amador) de fabricación artesanal (taller de Bautista) clavados, previamente a cada partido, en los muros del tapial del Corralón del Médico, balón semireglamentario, con todo lo cual se jugaban partidos de incierta técnica y reglamento pero siempre muy competitivos, (años 63-64)
El siguiente paso vino ya en forma de unas canastas reglamentarias de mini básquet, así como un balón adecuado, regalados por la Diputación Provincial al entonces incipiente Tele-club, que fueron instalados en el mismo lugar durante unos meses para luego acabar en las escuelas donde acabaron sus días tras largo e intensivo uso.
Poco a poco fue destacándose un grupo de chicos muy aficionados, algunos de ellos con buenos rudimentos técnicos aprendidos en sus centros de enseñanza o de forma autodidacta. Algunos de ellos simultaneaban esta actividad con el fútbol, cual es el caso de José y Vicente Ferrero, Mariano Torres, Claudio o Jesús Fernández el de Rufino; otros practicaban fundamentalmente este deporte, Pedro Carrillo el del médico, Beteta, Miguel Ángel y Carlos Palmero, Jesús Fernández el de Gregorio, etc...
Comenzaron su andadura competitiva sirviéndose de unos rudimentarios aros, tableros y soportes situados en el corral de la casa particular de D. Pedro que, por sus dimensiones, servía como cancha reglamentaria, aunque, eso sí, con suelo de tierra. Tras ese periodo lograron hacerse con unas canastas metálicas artesanales mucho más sólidas y fiables que fueron instaladas en el primitivo Corralón, en donde se celebrarían los más importantes encuentros de su existencia como equipo.
Prácticamente este conjunto practicaba un juego alegre y rápido, basado en la habilidad de Jesús el de Rufino, que ocupaba el puesto de José , José Ferreo (buen tiro a media distancia) o Miguel Ángel (potencia en el rebote) y Pedro o Claudio se simultaneaban como Pivots o escoltas, amén del resto de jugadores que formaban el banco (tan importante en baloncesto).
Los rivales habituales fueron Consuegra, Madridejos, Villanueva de Bogas Y Orgaz, que curiosamente, al igual que sucedía en el fútbol, siempre fue un difícil enemigo.
El balance general fue positivo, tanto en confrontaciones amistosas a doble partido, como en el triangular celebrado en Consuegra, que ganaron superando un buen número de trampas extradeportivas.
Pese a lo que pudiera parecer, nunca entró este deporte a confrontación ni competencia con el fútbol, si bien, en alguna ocasión hubo de negociarse horarios coincidentes y algún jugador disputó un partido de cada deporte en el mismo día, sin problema alguno aparente.
La falta de cartera no fue descuidada pero, dada la coincidencia de estudiantes universitarios de la mayoría de jugadores fundadores, cuando estos tuvieron que abandonar prolongadamente la localidad, no hubo el necesario recambio generacional y el equipo desapareció definitivamente. Una lástima.
Similar situación a la vivida en el básquet pareció iba a suceder con un deporte también entonces en alza, el tenis. Se improvisó una cancha en el inacabado silo del SENPA, con una también improvisada cuerda a modo de red, y durante al menos dos veranos hubo una cierta actividad que culminó en la Feria del 72,con un campeonato de muy buen nivel en sus partidos finales, ganado por Eduardo Álvarez. Desgraciadamente el paréntesis invernal acabó con esta incipiente afición que, sin duda, no logró resistir las dificultades de la no existencia de un terreno adecuado (las bolas se perdían o se iban muy lejos).
No fue este el caso de otro deporte que llegó a alcanzar gran difusión desde su primera condición de juego recreativo; el tenis de mesa. A partir de la masa de jugadores creada alrededor de varias mesas situadas en sendos vares ( el de Domingo, Churrero y Efrén) se organizaron con motivo de la Feria varios campeonatos con asistencia de jugadores de localidades vecinas, así como acudiendo los nuestros a competiciones foráneas con magníficos resultados. Destacaríamos el juego sobrio de Eduardo Amador, la mentalidad ofensiva de Jesús Fernández, la genialidad de Miguel Laguna o el juego técnico y completo de Eduardo Álvarez, que simultaneaban con la raqueta grande. Lentamente volvió a su condición de juego recreativo y así sigue.
¡Y como no! El ciclismo, pese a su imparable decadencia, tuvo también sus adeptos y practicantes más o menos ocasionales, que siguieron manteniendo viva la llama de la tradicional carrera de la Feria.
En una primera época destacaremos a los ciclistas locales Alejandro Martín y Ricardo Calderón, que dotados de buen físico y buenas máquinas, participaron en varias carreras comarcales; pero pasaron un tanto desapercibidas en Turleque por la sencilla razón de la no existencia de carreras organizadas en nuestro pueblo, si exceptuamos la de la Feria, en una de las cuales tuvimos la ocasión de verles batirse bravamente ante un desmesurado enemigo; nada más y nada menos que el equipo de La Casera con el mismísimo Bahamontes al frente como director técnico.
No de gran nivel pero sí de participación y lucha fueron otras carreras de la Feria disputadas sólo por corredores locales, ganadas en varias ocasiones por Catalino Torres, que incluso abrazó la posibilidad de federarse y que aún mantiene la afición.
Caso muy particular y excepcional fue la organización por primera y única vez en Turleque de una carrera de ciclo-cross por el circuito del Caz, con gran participación y emocionante final al sprint ganado por Jesús Moraleda (el hijo de Dolores). Pero algunos porrazos y bicicletas rotas hicieron desistir de una nueva edición en posteriores ocasiones.
Concluyamos pues, que este tópico y elogiado periodo, fue enormemente fecundo en lo que a actividad se refiere lo cual es doblemente meritorio si, como hemos podido comprobar, cuanto se hizo fue producto del tesón y la constancia de sus ejecutores, que hubieron de descuidar sus otros fundamentales menesteres (trabajo y estudios), excusa hoy muy en boga.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EL FÚTBOL ALCANZA SU CENIT Y SU MÁS BAJA COTA.-

 

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    Los años 75 y 76 fueron para el deporte turlequeño, y más concretamente para el fútbol, tan confusos como para nuestro país la situación económica, social y política en general.
Se pretendía mantener los compromisos competitivos habituales, pero no había el necesario trabajo de base y preparación que podía permitir un equipo medianamente competitivo. Por primera vez en muchos años, La Vega permanecía vacía las mañanas del domingo y las tardes de los meses veraniegos. La generación de donde debía provenir el necesario recambio en la plantilla de jugadores, no mostró especial interés por el deporte, con excepción de algunos jugadores que buscaron acomodo en equipos de pueblos vecinos (Tembleque, Consuegra), como forma de matar el gusanillo. Fueron años de apariencia más que de realidad. La deseada reacción llegó hacia el año 77 de una forma muy similar a lo que fueron los orígenes del fútbol en Turleque, en el ámbito escolar: tras una cierta actividad por parte de algunos maestro en diversos deportes (Fútbol, baloncesto, voleibol) y como desarrollo de las clases correspondientes a la asignatura de EF. en el colegio público local, y el posterior paso de estos a su nivel superior de formación en el Instituto de Mora, comenzó a cristalizar un equipo de fútbol (infantil-cadete) que de forma autodidacta y autogestionaria comenzó a competir en cuantas ocasiones y con cuantos rivales era posible, dando ocasión de observar, de nuevo, que la cantera turlequeña, tanto en clase como en afición y entusiasmo, seguía dando buenos frutos, y que, con el necesario cauce organizativo, esto podría evolucionar a la creación de un conjunto con más serias aspiraciones, capaz de llenar de nuevo el vacío de deporte competitivo que había quedado desde el anterior periodo activo. Bastó únicamente con que un grupo de adultos, buenos aficionados, se ofreciesen a realizar el necesario trabajo de directivos para que este equipo, con el refuerzo de algunos veteranos jóvenes de la época anterior, formasen un conjunto de gran nivel que comenzó a participar en diversos torneos comarcales amistosos, en donde resultó campeón o muy bien situado.
Este periodo tuvo todas las características de auténtica refundación por los niveles de seriedad organizativa a que se llegó, en contraste con el anterior periodo más anárquico y atípico en este terreno, como en su momento se indicó.
Respecto a la directiva, fue presidida sucesivamente por Eugenio García-Osorio, Ángel Luis Beteta y Demetrio, que se las ingeniaron para recabar medios económicos que sufragasen los inevitables gastos de competición y utillaje; fundamentalmente a base de rifas.
Al eterno problema del campo inundable se unió esta vez la circunstancia del inicio de las obras de drenaje y desecación de la Vega, lo que obligó a buscar un terreno alternativo junto a la "Huerta Última" apodado "Los Cerribatos" por su mal estado, que afortunadamente fue mejorando con el uso.
Felizmente, en el 82, fue inaugurado nuestro flamante polideportivo que hizo albergar grandes ilusiones de futuro y, consecuentemente, solucionó definitivamente el inconveniente. Al ser torneos de invierno se hizo necesario realizar entrenamientos en horario nocturno, para lo que iluminaban el campo con los faros de los coches particulares de los directivos y aficionados voluntarios ofrecidos, hasta que ya en el polideportivo el Ayuntamiento instaló unos, escasos pero útiles, focos que permitían realizar un trabajo decente.
Respecto al material, curiosamente, se rescató el viejo arcón de madera para transporte del mismo, procedente de la época del Boticario, pero, por el contrario, se adquirieron unas camisetas azules, algo insólito, como color del deporte turlequeño, habitualmente verde.
El puesto de entrenador fue, sucesivamente, ocupado por Catalino Torres y Jesús Moreno, y ya en las postrimerías, por el animoso e incombustible Ascensión Moreno-Cid; todos los cuales pudieron desarrollar su labor con un fútbol de apoyo por parte de la directiva, afición y jugadores, lo cual no suele ser tan habitual como debiera, y todo aficionado conoce casos recientes de gran actualidad.
La plantilla de jugadores puede decirse que se componía del siempre anhelado, por todo entrenador: compendio de entrega, clase, veteranía y juventud. Como características específicas del grupo de componentes, resaltaremos las de un equipo sólido, disciplinado y luchador, pero también creativo y ofensivo, si es que estas cualidades han de ser antagónicas, como parece ser está de moda afirmar hoy día, opinión ésta que, personalmente, no comparto. Con el peligro que siempre conlleva hacer un análisis personal y pormenorizado del equipo, por poder olvidar a alguien, podría decirse que, de atrás hacia delante, destacaba la agilidad bajo los palos de Carmelo Gómez y la veterana y colocación de Nemesio España, en la portería. Por el centro de la defensa destacaban Carmelo Martinez, con su rapidez, valentía y seguridad, José Luis Moreta por su elegancia para sacar el balón pegado desde atrás, su poderío por alto, que frecuentemente se aprovechaba en acciones estratégicas como el remate de corner en portería contraria. En el centro del campo se compaginaban perfectamente la entrega constante de Rafael Villamayor, Ángel Calderón, Carlos Moraleda y Jesús "Borrego, con el exquisito toque largo de Laguna. En puerta destacaba el temple en los centros de Miguel Ángel Rubio, magníficamente aprovechados por el goleador Fernando Aranda, que unía rapidez, picardía y remate.
Contó también el equipo con el apoyo de ilustres veteranos de épocas anteriores como Jano, Jesús Ramos o José Luis Álvarez que aportaron su saber estar, dotes de organización y seriedad.
El sistema de juego fue habitualmente un 1-4-3-3 muy ofensivo, de juego de toque corto raso desde atrás, para concluir en aperturas medias o largas a los extremos, que remataban a portería o centraban a los puntas centrales o jugadores del centro, que se incorporaban desde atrás, todo ello con las inevitables adaptaciones a las circunstancias del juego o características del rival de turno. En general era un equipo respetado y reconocido, fundamentalmente, por su coraje y entrega, pronto demostrada en las primeras confrontaciones seria acometidas. Éstas fueron torneos comarcales no federados pero seria y sistemáticamente organizados, que poco a poco fueron tomando un aceptable nivel hasta culminar en el llamado Torneo Manchego, que era ya una verdadera liguilla que ocupaba, prácticamente, toda la temporada otoño-invierno. En éste torneo participaban los equipos de Herencia (dos), Madridejos (dos), Urda, Villafranca, Quero, Camuñas, La Guardia y Consuegra. El conjunto turlequeño quedó campeón las temporadas 80-81 y 81-82, lo cual no debe hacer pensar en un posible bajo nivel competitivo de los contrarios, entre los que había jugadores de gran calidad como Rafa de Madridejos o el delantero centro de dicho equipo, que por diversas circunstancias extradeportivas no militaban en conjuntos de categorías federadas.
Además del éxito deportivo, era de resaltar el masivo apoyo de los aficionados, no sólo en los partidos de casa sino en los desplazamientos que, prácticamente, pagaban en su totalidad con el abono de su correspondiente plaza en el autobús de Félix López-Romero. Asimismo cabe destacar un hecho muy importante que la organización de estos torneos tenía en cuenta, y es el de las recolecciones, que eran escrupulosamente tenidas en cuenta con la correspondiente suspensión de la competición durante estos periodos.
Toda esta euforia hizo pensar en hacer realidad un viejo sueño largamente acariciado desde tiempos antiguos, consistente en inscribirse en un torneo oficial federado de aficionados, con posibilidades de ascenso de categoría etc... Había, además, desaparecido el también, viejo, inconveniente de la no disposición de un terreno de juego cercado y practicable todo el año. Y por fin se cumplieron los anhelos con la incorporación en el llamado torneo de adheridos durante la temporada 82-83. Pues bien, pronto se comprobó que lo que, un tanto míticamente, se consideraba la culminación del fútbol en Turleque, era más bien el Caballo de Troya del mismo, a saber:
1º.- El nivel de los equipos era ligeramente superior pero, sobre todo, más dispar y competitivo. Los buenos resultados fuera eran prácticamente imposibles, dada la presión de las aficiones locales sobre unos árbitros que se dejaban influir o incluso algo más.
2º.- Era un torneo más incómodo, de desplazamientos más largos y más caros.
3º.- No se contemplaba el hecho de las recolecciones, con el consiguiente problema que era de esperar.
4º.- Fue el escaparate al exterior de la calidad de algunos de nuestros jugadores, que fueron tentados pronto por equipos de mayor poder económico al más puro estilo 1ª división.
La clasificación no fue buena, pero se continuó lo suficientemente animados como para volver a inscribirse durante la temporada 83-84, aunque ya algunas voces de aficionados y directivos lo desaconsejaban, a la vista de un buen número de problemas que ya se vislumbraban y que resultaron ser los factores condicionantes de la catástrofe.
Varios jugadores se marcharon a otros equipos en donde se les ofrecían recompensas que aquí no era posible darles, o pusieron condiciones difícilmente admisibles para la directiva. Los resultados comenzaron a ser malos y cundió el desánimo, hasta que llegó la vendimia y el equipo no compareció en varios partidos y, consecuentemente, el equipo fue descalificado con las consecuencias de futuro que eso lleva aparejado y que, quizá algún día, se lleguen a lamentar en forma de sanciones no prescritas.
A partir de ese momento "la nada total" que llegó incluso a abarcar a simples partidos o pachangas de entretenimiento, que pasaron a ser únicamente en forma de futbito o fútbol sala. Las enormes matas de todo tipo de hierbas y matorrales, que pronto se adueñaron del campo de fútbol del polideportivo municipal, dan fe de estos hechos totalmente inéditos en la historia de Turleque desde al menos 20 años.
No quiero terminar sin referirme, y no por moda ocasional, a lo referente a la participación deportiva femenina que, no por inexistente a nivel competitivo exterior, dejó de tener practicantes muy entusiastas y dotadas en el ámbito escolar de los distintos niveles. Desafortunadamente les faltó audacia a ellas y sentido de lo conveniente a otros, para haber dado cauce a estas inquietudes en forma de equipo federado o similar, que hubiese llenado un aspecto muy importante de su formación física y humana. Hoy sigue siendo esto una asignatura pendiente, que quizá no llama tanto la atención porque igualmente se encuentra el resto del deporte turlequeño.
Catalino Torres, ex entrenador del equipo de fútbol, quiere aprovechar este espacio para agradecer públicamente a jugadores y afición el apoyo recibido, que convirtió su trabajo en un placer e hizo de él una experiencia inolvidable que le enriqueció humana y socialmente.

 

 
Y CAPÍTULO FINAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



¿ LA CONFUSA SITUACIÓN ACTUAL.....? ¡ NO..... LA DESOLADORA SITUACIÓN ACTUAL !

Queda ya un tanto lejos cuando allá por el año 91 se comenzó el presente tabajo que, dividido en los correspondientes capítulos sucesivamente desarrollados y expuestos, debia concluir en el denominado por entonces de "confusa situación" del deporte turlequeño en la esperanza de que solo se tratase de una de las lógicas crisis que suceden a todo momento expansivo y explendoroso de cualquier actividad y que como habrán podido comprobar los lectores no era nada nuevo en el devenir de la que nos ocupa.
Pero estamos en el 2002 y once años son demasiados como para seguir considerandonos inmersos en un periodo de recesión transitoria asicomo para que, por supuesto, las cosas no esten ya lo suficientemente claras para concluir que nos encontramos en una poco grata nueva situación merecedora de calificativos mucho mas contundentes como "decepcionante" ,"deprimente", "penosa"......etc.
Solía decir don frecuencia un notable y sarcástico turlequeño, ya tristemente desaparecido ¡ A ver...! ¿ Quien era ? que en Turleque todas las iniciativas colectivas eran " el hervor de la chocolatera" por intensas pero poco duraderas a lo que yo le replicaba inmediatamente abogando por la constancia y tenacidad del alma turlequeña. ¿ Tendría razón esa persona ?
Durante mis contactos, menos frecuentes de lo que desearía, con vecinos de Turleque ligados a la actividad deportiva o cultural tanto actual como anteriormente he tenido ocasión de manifestar mi discrepancia con la total inactividad deportiva competitiva oficial a todos los niveles y modalidades, origen fundamental de otra serie de funestas consecuencias como la ausencia de ciertas instalaciones, el pésimo mantenimiento y utilización de las existentes, o la casi total carencia de interés atención u opinión sobre el deporte local por parte del vecindario. Estas personas, aún lamentando al unísono conmigo el intolerable marasmo deportivo, aducían sin embargo una serie de razones que pudieran justificar el aciago, sirviendose sobre todo de comparaciones con mejores pero distintos tiempos pasados o con el consabido recurso tan español a la falta de ayuda oficial ¡ Ojo... que ese tambien yo lo suscribo ! Analicemos ambos puntos de vista:
El mio: Me parece de todo punto ridículo y hasta "humillante" que la única agrupación deportiva turlequeña que compite en un torneo medianamente organizado sea un equipo de futbito que "encima" ni juega en Turleque sino en Consuegra. Me pregunto: ¿ Cuanta gente de Turleque sabe que existen ? ¿ Que ejemplo pueden ser para los niños futuros jugadores de Turleque si ni siquiera les ven jugar ? Un servidor se aficionó al futbol y aprendio a querer los colores de su pueblo viendo jugar a Adolfo, a Pistolas, a El Moreno....etc en La Vega contra Tembleque, Consuegra.....etc y así sucesivamente habia venido ocurriendo de generación en generación. ¿ Que allí hay pabellón ? muy bien, pero que yo sepa se puede jugar tambien perfectamente al aire libre y además ello sería una magnífica ocasión de reivindicar ante la administración publica la construcción de un pabellón local dada la existencia de una demanda comprobada. Incluso desde el punto de vista político sería una eficaz manera de contrarrestar la negativa influencia absorbente que sobre nuestra localidad vienen ejerciendo las mayores de Consuegra , Madridejos, o Mora. ¿ Verdad representantes municipales ?
El trabajo espontaneo de cantera ha desaparecido por razones probablemente bastante complejas ( mayores exigencias académicas, control paterno mas estricto, mayor variedad de aficiones en los niños...etc ) y ante eso solo cabe una alternativa en forma de promoción y animación a la práctica deportiva por medio de un trabajo eficaz procedente del ámbito escolar municipal o privado. Aquí si que puede decirse sin ninguna reserva que cualquier tiempo pasado fue mejor.
El deporte femenino sigue siendo algo desconocido en Turleque lo que no deja de ser sorprendente en una localidad de una Comunidad Autónoma presidida por una persona tan preocupada, sobre todo de escaparate, por la promoción de la mujer.
Los criterios de uso y funcionamiento de las instalaciones deportivas existentes son bastante disuasorios para aquellas personas interesadas en su utilización ( Acceso problemático, prioridades confusas, o simplemente estar cerradas casi siempre ).
Ha desaparecido cualquier celebración deportiva con motivo de periodos vacacionales y sobre todo La Feria, unicamente se salva la Semana Cultural lo que viene a demostrar que no se trata de un problema de nivel deportivo o falta de participación sino mas bien de talante y ánimo organizador. ¿ Por qué no se pone el mismo empeño que en los toros, por poner un ejemplo ?.
El de mis paisanos: Vuelvo a reiterar que en manera alguna justifican y muchisimo menos celebran esta negativa situación, pero achacan la misma a las siguientes razones :
_ Falta de espíritu de sacrificio en la juventud actual: No puedo estar de acuerdo con semejante planteamiento porque si así fuera no podría explicarse que tal fenómeno no se produzca en nuestros pueblos colindantes quienes siguen manteniendo una actividad deportiva en muchos casos en aumento. No creo que las condiciones sociales, económicas o culturales de esos lugares difieran demasiado de las nuestras.
_ Falta de instalaciones: Respóndase a si mismo el lector que haya conocido las existentes con anterioridad a la construcción del Polideportivo Municipal e informe a quienes no lo hayan hecho.
_ Falta de medios económicos: Misma respuesta que en el punto anterior pero tomando como referencia la actual situación económica de nuestro país.
_ Falta de habitantes: Según los datos obtenidos de la pirámide de población contenida en la magnífica página web de la Asociación Cultural hay en Turleque 128 varones y 136 mujeres comprendidos entre las edades de 15 a 35 años consideradas estas como mas favorables a la práctica deportiva federada de competición, luego hay gente suficiente para hacer uno o varios equipos de lo que se desee. Unamos a esto la desaparición del problema de la ausencia de los estudiantes que ahora están allí todos los fines de semana y no tendrían ninguna dificultad al menos para asistir a los encuentros oficiales.
_ Falta de apoyo oficial: Por supuesto que todo el que se prestase sería siempre poco, pero tampoco entiendo sea razón de peso puesto que , de igual manera, nunca lo hubo con anterioridad y a pesar de todo las cosas marcharon.
_ Exceso de exigencia en la vida académica o laboral: Es el único punto en que coincido parcialmente. Evidentemente, esa sociedad tan competitiva y exigente que nuestra autoridades tan diligentemente nos venden todos los dias. tiene contrapartidas no tan amables como la falta de tiempo y atención para actividades que no tengan un claro benefício económico o de ascenso en la escala social. " El muchacho(a) ya no puede perder tanto tiempo en actividades deportivas, culturales ...etc porque tiene que aprobar la selectividad con nota, sacar la oposición, defender el negocio familiar, o trepar puestos en la empresa al mas puro estilo de sociedad norteamericana". Pero tambien en este caso me permitiría recordar los problemas de aquellos mozos futbolistas turlequeños de los 40 o los 50 con la siega o la hera en los dias que habia que entrenar o jugar.
No es mi estilo el simplemente criticar sin ofrecer alternativas, sin embargo, en este caso creo que lo que se impone es algo tan elemental y antíguo como observar el pasado y tratar de adaptarlo al presente, mas que comenzar a enumerar ideas que podrían parecer propias del "iluminado de turno" que cree estar siempre en posesión de la verdad. Tiene que ser el propio pueblo turlequeño residente y conformador del grupo social local quien realice una profunda reflexión de la que emanen dichas ideas.
A modo de inicio me asaltan varias interrogantes: ¿ Se ha extinguido la casta de los Boticarios, Ascensión, Eugenio...etc ? ¿ Nadie en Turleque es capaz de canalizar su afición o incluso práctica activa del deporte en una responsable tarea social que lo enriquecería personalmente e iguales efectos produciría en la calidad de vida de su familia y sus paisanos ?. No puede ser cierto, esas personas tarde o temprano surgirán necesariamente. ¿ Alguien puede dudar del ánimo de la juventud turlequeña si se le ofrecen unas condiciones fiables para la práctica deportiva reglada ? En cualquier caso ¿ Se ha intentado ? El reto está ahi y sería muy triste que quedase en el aire. ¿ Alguien se ha planteado los beneficios respecto al arraigo de la juventud hacia la localidad que una actividad deportiva habitual y regulada reportaría ? Frecuentemente se producen quejas de parte de los adultos sobre el alejamiento del pueblo por los jóvenes pero... ¿ hacemos algo al respecto ?.
Esto debe cambiar, tiene que cambiar, va a cambiar, y no porque yo lo pida sino porque todo el mundo lo desea y una situación tal ha de desembocar en acciones concretas. dentro de equis años me gustaría añadir un capítulo mas a esta historia y que después otros añadan mas y mas..... Pero para eso hay que ponerse a trabajar ya.
¡ ANIMO Y A ELLO...!



José Camuñas.

 

        FÚTBOL SALA


Algunos jóvenes hemos formado un equipo de fútbol sala patrocinado por una Disco-Terraza llamada "Al-Fondo".
En la plantilla somos quince componentes, dos porteros, ocho defensas y cinco delanteros. Contamos con nuestra equipación y algún que otro trofeo que tenemos recogido en el bar patrocinador.
Jugamos en una liga que tiene lugar en un pueblo de al lado y competimos contra equipos de pueblos de los alrededores. Ponemos bastante empeño y, aunque esté mal el decirlo, somos un buen equipo.
En la liga del año pasado quedamos en muy buen lugar.
Solemos jugar los sábados por la noche. Lo mejor de todo es el compañerismo que hay entre los miembros del equipo de Turleque, tanto es así que al final de cada partido quedamos para tomar algo, independientemente de lo que señale el marcador.
También tenemos una liguilla veraniega, que tiene lugar a lo largo del mes de agosto. En ella compiten equipos formados por chavales del pueblo o por aquellos que pasen aquí sus vacaciones. Suelen apuntarse unos ocho o nueve equipos y al ganador se le obsequia con un trofeo.

Javier Casero Contreras.

 

PING-PONG

En Turleque se mantiene una afición por el ping-pong que he dado lugar a una pequeña asociación. Ésta lleva en vigor muy poco tiempo, pero no por ello su ilusión e índice de participación son pequeños.

La Junta Directiva está compuesta por:
- Carlos Moraleda
- Ángel Calderón
- José Luis Palmero

Número de socios:
- 40

Mantienen diferente competiciones durante el año y éstas son las siguientes:

- Torneo de Navidad
- Torneo de la Semana Cultural
- Liga anual

Lugar de entrenamiento y competiciones:
- Nave de la costura

Esperamos que la ilusión que les acompaña no deje paso al desánimo y a la monotonía, y así podamos contar en Turleque con un estupendo grupo de deportistas de la raqueta pequeña.