Siempre es algo complicado remontarse hasta lo más profundo
de los orígenes de algo, queda la duda de si aún
nos habremos dejado por debajo alguna cosa, por eso yo empezaría
partiendo, no de hechos puntuales determinados, sino más
bien del ánimo o filosofía de la vida que los
motivó por parte de los habitantes del Turleque de hace
muchos años. Se trata del acusado espíritu competitivo
que desde siempre fue talante genuinamente turlequeño,
en las diversas manifestaciones de la vida cotidiana y el ocio.
Era bastante frecuente, no declaradas pero sí evidentes,
las competiciones de velocidad con las yuntas de mulas, cuando
se acudía a descargar la uva a la bodega, cuando se iba
al Cristo del Valle, al baño de Algodor, o simplemente
cada día a labrar el campo. Otras veces la apuesta era
más clara y manifiesta, como en el caso de verdaderas
apuestas con algunos caballos que solían existir en las
casas de labor turlequeñas y casi siempre por parte de
los más jóvenes de la casa, naturalmente a espaldas
de sus padres; si esto se hacía en el Cristo contra los
de Tembleque o Villanueva, la cosa adquiría mayor seriedad,
pues se entendía que en el lance iba el orgullo y la
dignidad del pueblo. Era también corriente el organizarse,
como forma de pequeña broma y jolgorio, carrereas pedestres
entre hombres con motivo de recolección (vendimia, aceituna,
la era, etc...). El espíritu competitivo en juegos de
destreza anidaba, por tanto, en los turlequeños desde
bien pronto.
Hubo ya un primer juego de destreza con carácter competitivo,
susceptible de ser considerado deporte, que a principios del
siglo XX adquirió un gran auge, aún hoy conservado,
se trata de la calicha, enormemente practicada los días
de fiesta en las eras del pueblo, y que sin duda se trataba
de un ejercicio físico y psicomotriz evidente, si bien
su práctica competitiva nunca traspasó los límites
de la localidad.
Tuvo que ser el deporte rey, el fútbol el que traído
de fuera al igual que en toda España antes ocurrió,
fuese el primer juego practicado en Turleque que pueda dársele
el calificativo de "deporte".
Sucedió aproximadamente en 1929-30 y de la mano de dos
funcionarios foráneos, pero que captaron la proverbial
vitalidad y espíritu de colaboración de los turlequeños
hacia algo que en ese momento casi desconocían (las escasa
noticias del tema procedían de algunos raros periódicos
que por aquí caían, así como de las escasísimas
radios).
Se trató de un médico, el doctor Tolosana y de
un maestro, D. Alejandro; ambos, D. Alejandro en los niveles
inferiores, acometieron la labor de dotar a Turleque de un equipo
de fútbol serio que nos representase en cuantas competiciones
comarcales se organizasen en los alrededores con un carácter
no oficial, pues en esos momentos este tipo de torneos no existían
aún por estos pagos.
El doctor Tolosana enseñó los primeros rudimentos
futbolísticos a aquellos ansiosos mozos turlequeños
de los años 30, desgraciadamente desaparecidos ya en
casi su totalidad, pero de los que aún hemos podido contar
con el testimonio inestimable de uno de ellos, gracias al cual
ha sido posible la confección de este capítulo,
se trata del tío Ángel Moraleda Arroba, defensa
lateral de aquel equipo cuya alineación habitual era:
Ángel Moraleda, Salustiano, El Churrero, Ambrosio, Jesús
Mora, Anastasio, Jesús, Lucio Villamayor, Eleuterio,
Sinfronio, Fausto Martinez.
Tolosana inculcó un tipo de fútbol técnico,
lento, de pases cortos y jugadas muy elaboradas, con un sentido
muy posicional de la labor de cada jugador. Practicaban un 1-3-2-5
bastante rígido, en donde se alternaban la clase y técnica
de Fausto con la entrega de "El Churrero", por ejemplo.
Resultaba, en suma, un conjunto pronto muy apreciado y respetado
en los alrededores, donde se cosecharon magníficos resultados,
por lo que eran repetidamente requeridos para jugar diversos
torneos.
Por lo que respeta a la organización del equipo, resulta
curioso y encomiable el ingenio demostrado por aquellos primeros
"futboleros" locales para paliar la escasez de medios
y conseguir una más aceptable organización técnica
del club, a saber:
El campo comenzó a ser ya el hasta entonces poco utilizado
de "La Vega", que como todos sabemos tenía
el problema de sus frecuentes inundaciones invernales, momento
en que se habilitaba otro terreno situado donde actualmente
se encuentra el cementerio.
Los entrenamientos se realizaban por la noche, aprovechando
las de luna llena para hacerlo en el campo oficial y en las
demás ocasiones se utilizaba la era del Tío Sixto
(entre los caminos del Cristo y el Alamillo) que contaba con
una bombilla eléctrica sobre la portada del corralón
aledaño al terreno.
El balón era de cubierta de cuero con cámara de
goma que se inflaba previo sacarla fuera para posteriormente
ocultarla dentro de aquella sujetándola con una correilla
de cuero especialmente molesta para los golpeos de cabeza, por
lo que eran muchos los jugadores que se protegían la
frente con un pañuelo anudado a la misma.
El calzado especial (para quien disponía del mismo) era
de botas confeccionadas por los zapateros locales (Tío
Román) con piso de tacos largos o spahis y los tobillos
cubiertos, la puntera se reforzaba con suplementos internos
de suela, tengamos en cuenta que el toque de puntera era entonces
bastante habitual.
La indumentaria constaba de camiseta rojiblanca (era la época
gloriosa del Atlethic de Bilbao) abrochada al cuello por los
típicos cordoncillos y el pantalón azul hasta
la rodilla, medias igualmente rojiblancas.
El medio de transporte utilizado era el taxi que compartían
en asociación el Tío Venancio Villamayor y el
Tío Emilio Cuellar, quienes hacían verdaderas
maravillas de capacidad con el vehículo (Chevrolet) para
transportar todo el equipo y los seguidores en el menor número
de viajes posible.
El vestuario y sede social del club era el Casino (entonces
llamado La Agraria) que vivía en esos años, quizá,
sus momentos de mayor esplendor.
Con la llegada de la 2ª República en el año1931
y la conocida polarización política de los españoles
en de "izquierdas y de derechas", Turleque no fue
excepción y alcanzó al terreno futbolístico,
hasta el punto de que hubo dos equipos de fútbol, cada
uno correspondiente a los partidarios de la respectiva ideología.,
que concertaban y organizaban sus partidos y torneos por separado
con otros pueblos , o competían enconadamente entre ellos,
si bien nunca se llegó a olvidar la condición
de turlequeños de ambos, de manera que , a veces, ocurría
que unos echaban mano de jugadores del otro equipo cuando la
ocasión lo requería, e incluso se llegó
a dar el caso de jugar en Tembleque el equipo de los de derechas
con un jugador ataviado con una camiseta de izquierdas que le
habían prestado, ya que acudió allí desde
el Cristo del Valle sin intención de jugar y era lo único
que pudo proporcionársele al efecto, todo lo cual despertó
algunas reticencias entre los aficionados temblequeños
de derechas, más celosos pero nada serio.
Entre los equipos con quien más rivalidad hubo desde
un principio, estuvo sin duda el mencionado Tembleque, prueba
de ello es todo un repertorio de canciones futbolísticas
alusivas a la vecina localidad, que no reproduzco por excesivamente
fuertes e imagino que por allí sucedería otro
tanto respecto a nosotros. Tal fue así la cosa que, según
recuerda el Tío Ángel, en cierta ocasión
el partido se endureció de tal manera, que éste
se dirigió al alcalde allí presente rogándole
calmase los ánimos excesivamente fogosos de los jugadores
temblequeños, la primera autoridad accedió sin
dudarlo y tras ordenar al árbitro que se detuviese el
encuentro, reunió a ambos equipos ante el carro sobre
el que se encontraba y les dirigió una enérgica
reprimenda, apelando a los profundos lazos de amistad entre
ambos pueblos, que no toleraría fuesen turbados por una
disputa deportiva; la arenga surtió efecto y el partido
transcurrió con total normalidad.
Dentro del amplio sumario de anécdotas y hechos ocurridos
en el deambular de aquel primer deporte turlequeño, hay
una que creo poco frecuente en la historia del deporte y que
pudo ser quizá el origen de otra manifestación
deportiva que pronto contaría con numerosos adeptos:
el ciclismo. Sucedió con motivo de un torneo a dos partidos
entre Turleque y El Romeral, al término de ambos se había
producido un empate y para desempatar se les ocurrió
a ambas directivas hacerlo de una manera curiosísima,
mediante una carrera ciclista entre un corredor seleccionado
por cada pueblo; por Turleque lo fue el Tío Pedro Merino
(El Lucero) y por El Romeral también otro turlequeño
que jugaba con ellos por residir allí mientras aprendía
su oficio, Pepe Camuñas (El Zapatero). El trofeo quedó
para Turleque al ganar la carrera Pedro en apretadísimo
sprint. Éste fue el origen de una legendaria rivalidad
deportiva (amistad en lo personal) entre ambos, con resultado
alterno, que animó numerosas ferias en las que se hizo
habitual la organización de una carrera ciclista como
uno más de los festejos.
Este periodo, que yo personalmente calificaría de enormemente
activo, acabó, como tantas otras cosas en este país,
con el estallido de la Guerra Civil; el lapsus impuesto por
los tres años de guerra hizo que, aparte de la desgraciada
desaparición física de varios jugadores, prácticamente
ninguno (salvo alguno muy joven), reiniciase después
de la misma la práctica deportiva, que habría
pues de recomenzar con gente totalmente nueva en su totalidad.
EL PERIODO DE LA POSTGUERRA.-
Las
enormes dificultades económicas propias de este periodo no fueron
obstáculo fundamental para que pronto surgiese de nuevo y con
renovado ímpetu el espíritu deportivo turlequeño,
en las personas de algunos antiguos jugadores de fútbol, que
desempeñaban ahora la función de directivos o algo más
y de nuevas generaciones de jóvenes, más algún
veterano que aún conservaba afición y ánimo suficiente
para aportarles su valiosa experiencia. Contaron, estos nuevos futbolistas,
con la infraestructura heredada de los fundadores, (campo, algún
material que se conservó...) y con el indudable apoyo que toda
actividad,,, con alguna tradición anterior, tiene, pero por el
contrario hubieron de sufrir las dificultades inherentes al mal momento
socio-económico del país, al que Turleque no fue ajeno;
la alimentación dejaba mucho que desear (años 40 o "del
hambre") en cantidad y calidad, y esto se dejaba bastante sentir
en el rendimiento de muchos jugadores, sobre todo en aquellos procedentes
de familias más modestas. A veces se recurría a ayudar
económicamente a algunos, con cargo a los escasos fondos del
club, para de esa manera contribuir a una mayor alimentación
y consecuente mayor rendimiento deportivo.
La directiva habitual de esta época fue la formada por Rufino
Fernández y Julián Cacho (El Relojero), quienes eran prácticamente
todo en el club, menos jugadores: se ocupaban de recabar fondos buscando
donativos, haciendo rifas o cobrando entradas, eran los entrenadores
y hasta los árbitros, en esta época cobró cierta
popularidad un dicho que rezaba algo parecido a "... si arbitra
Rufino, es imposible perder", lo que nos habla bien claramente
de su amor a los colores locales, aunque paradójicamente el único
conflicto que sobre este particular hubo con un jugador forastero, que
mostró su disconformidad con las decisiones arbitrales hasta
el extremo de la agresión física, lo sufrió Julián
con ocasión de un encuentro con El Romeral; como parece obvio
deducir, el agredido fue el jugador romeraleño por parte de los
ofendidos espectadores, pero la cosa no pasó de algún
"sopapo" aislado.
La alineación más habitual solía ser:
Julián Casanova, Luis Palmero, Gregorio Moraleda, Moreta, Fabián
Arriscado, Alejandro Moraleda ,Fulgencio Torres, Román, Lucío
Cirujano y Bernardo Cirujano, Picanco, Dionisio Moreno-Cid, Camino,
Antonio Moreno-Cid, Evaristo y Lorenzo Moraleda.
Según se desprende de los testimonios de contemporáneos,
era éste un equipo formado por jugadores de gran clase técnica,
en donde destacaban la finura de Moreta y Janillo; el dominio, la inteligencia
y la potencia de Bernardo; la rapidez de Lorenzo o la habilidad en el
regate y rapidez de Evaristo, uniéndosele a estas cualidades
la entrega y coraje de los demás. Sin embargo el tipo de juego
desarrollado se caracterizó siempre más por el predominio
de la fuerza y el desplazamiento largo de balón a los espacios
libres, para aprovechar la velocidad de los delanteros y los centros
a la "olla", donde se aprovechaba la envergadura de Bernardo
y su buen juego de cabeza. Amén de potente disparo y buen control
del balón.
El campo continuó siendo "La Vega"y era sustituido
por otro, formado por varias eras empalmadas, situado junto al camino
de la Venta, que se utilizaba durante los típicos periodos de
inundación.
Los desplazamientos se realizaban en unas precarias camionetas, la de
un tal "Bote" de Villafranca y otra perteneciente a un chatarrero
de Mora.
Nuevamente el Turleque C.F. comenzó a ser equipo apreciado y
llamado frecuentemente a la disputa de cuantos torneos se organizaban
en los pueblos de alrededor, siendo especialmente intensa la rivalidad
entablada en este periodo contra Urda, equipo este, que sobre todo en
verano (debido a ser periodo de vacaciones y contar en sus filas con
gran número de estudiantes) disponía de un conjunto de
gran calidad donde destacaba Guillén. También Consuegra
disfrutó en esta época de magníficos jugadores
como Pablo y Montoya, que llegó a jugar en la 1ª división
con el Atlético de Madrid.
Este periodo podríamos decir que va a ser también el de
la internacionalización del fútbol turlequeño,
en tanto en cuanto entendemos por esto que penetran en él influencias
exteriores o, al revés, son jugadores locales quienes recalan
o colaboran en equipos forasteros, a saber:
Con ocasión de partidos transcendentales o especialmente señalados
por alguna celebración importante (la Feria), era habitual recurrir
al refuerzo con jugadores procedentes de un club de Toledo con el que
se mantenían excelentes relaciones.
Va a ser ahora cuando por primera vez ingrese en el equipo un jugador
de fuera que afincó su residencia en Turleque por contraer matrimonio
con una turlequeña se trató de Carmelo Beteta, jugador
con anterioridad del C.f. Villafranca de donde era natural. Pronto se
ganó el apoyo de la afición local por su buen juego y
carácter polivalente. El Tío Carmelo hizo famosos sus
genuinos golpes de puntera con efecto que le valieron multitud de goles.
Además de jugar gran número de temporadas, su posterior
vinculación al deporte local, hasta prácticamente su fallecimiento,
le hizo indispensable en el fútbol turlequeño.
Caso contrario fue el de Evaristo, quien en cierta medida inauguró
algo que posteriormente y lamentablemente, se convirtió en demasiado
habitual en nuestra localidad, el tener necesidad de emigrar buscando
mejores oportunidades para subsistir que las que Turleque ofrecía
entonces; el lugar elegido (por él y por muchos más) fue
la provincia de Valencia, concretamente al pueblo de Manises, allí
mostró pronto sus habilidades futbolísticas hasta el punto
de recibir el ofrecimiento del club local. Militante entonces en 3ª
división, para realizar pruebas de cara a un posible fichaje;
Evaristo pasó favorablemente las pruebas pero no llegó
a comprometerse con el Manises C.F. por exigirle dicho club unas cláusulas
de práctico profesionalismo pero en condiciones económicas
escasas y poco seguras. Fue la prueba más palpable del buen nivel
que en esos momentos tenía nuestro pueblo.
En este mismo sentido fueron numerosas las veces en que nuestros jugadores
reforzaron a equipos que enfrentaban compromisos de seria rivalidad,
cual es el caso de Gencio llamado en varias ocasiones por Villafranca
para el auténtico "derby" de rivalidad que mantenía
y mantiene con Herencia.
Este periodo futbolístico abarcó de 1940 a 1952 aproximadamente,
momento en que entró en una fase de cierta atonía e inactividad,
para desde aquí resurgir quizás con más fuerza
que nunca.
Pero no todo fue fútbol en el panorama deportivo turlequeño
de los años 40, pues la tradición ciclista tuvo también
su continuación en los jóvenes de esta época, aún
cuando el material de que dispusieran era aún peor que el de
sus antecesores. Las escaseces del momento les obligó a desarrollar
su deporte favorito con vetustas y pesadas bicicletas que en su mayoría
no eran específicamente de carretera o se trataba de máquinas
heterogéneas formadas a partir de piezas rescatadas de las existentes
con anterioridad, que el paso de la guerra dejó inservibles.
Sus entrenamientos y competiciones se realizaban sobre las nefastas
carreteras existentes aunque, eso sí, totalmente seguras dada
la inexistencia casi total de vehículos a motor. Fueron numerosos
los muchachos que participaban en las carreras que periódicamente
se organizaban y sobre todo en la Feria, destacando fundamentalmente
dos: María Laguna y José Fernández-Peinado el hijo
de Victórico que, también como antes ocurrió con
Pepe y Pedro, unían su rivalidad deportiva con amistad personal
y franca colaboración cuando la carrera se desarrollaba fuera
de Turleque . María destacó potencia mientras que José
era más estilista y rodador, con lógica si tenemos en
cuenta que, residiendo en Madrid, hacía semanalmente el camino
de ida y vuelta a Turleque para ver a la novia (hoy esposa), total 216
Km , más lo que allí entrenaba, evidentemente no estaba
mal.
Es también ahora cuando por primera vez se realizaban los primeros
escarceos del deporte de cross o campo a través en Turleque;
con motivo de las ferias fue frecuente organizar carreras a pie por
las calles del pueblo, destacando ya algunos mozos por sus cualidades
pedestres, como fue el caso de Dolores (hijo del Tío Lucio el
panadero) que venció en varias ocasiones.
En resumen, creo no pecar de triunfalista si concluimos en calificar
esta época muy positiva para la actividad deportiva local, haciendo
balance de la actividad desarrollada en claro contraste con las circunstancias
y medios del momento, el mérito de aquellos jóvenes fue
sin duda alguna nada desdeñable, todo un ejemplo para épocas
posteriores y antecedente lógico de la fase posterior, que recogió
el testigo con toda dignidad corrigiendo y aumentando lo, hasta ese
momento, realizado.
LA ÉPOCA DEL BOTICARIO.-
Así debe definírsela
puesto que esta manera y no otra, es como siempre ha sido referida
esta interesante etapa del deporte local cuantas veces surge alguna
efeméride correspondiente a la época durante la cual
fue importante protagonista (aunque no el único) nuestro farmacéutico,
D. Román Amador. Hoy, con la perspectiva que da el paso de
los años y la huella que las personas y sus obras dejan para
el recuerdo de quienes la vivieron y aún existen para rememorarlas,
creo que no pecamos de injustos si la calificamos como de "la
más brillante del deporte local" o al menos en lo que
al fútbol se refiere.
Son los primeros años de la década de los 50, cuando,
al compás del resto del país, parece que Turleque va
superando poco a poco las secuelas de la desdichada Guerra Civil.
Los síntomas de recuperación son evidentes: Hay un aumento
de la población que llega a alcanzar un máximo histórico
próximo a los 2400 habitantes, paralelo a un lento pero creciente
progreso económico; esto nunca suele ser un hecho aislado,
sino que tiene una inmediata relación causa-efecto con un paulatino
aumento en la vitalidad de la sociedad a quien afecta, dado que además
ésta es fundamentalmente joven. Múltiples son los hechos
que avalan estas apreciaciones, basta recordar que esta es la época
de la fecunda rivalidad entre los dos cines, la gran proliferación
de orquestinas y bailes locales, la gran animación que se observa
en celebraciones populares como el Cristo, el Carnaval, etc... Turleque
tenía mucha gente y éstas tenían muchas ganas
de vivir la vida, disfrutar y hacer cosas.
El deporte no podía ser excepción y no lo fue: tuvo
además la gran suerte de encontrar una vez más, otra
persona que, aunque venida de fuera en ejercicio de una función
pública, supo integrarse en esa vital sociedad que necesitaba
del concurso de personas procedentes de horizontes más amplios,
cual era el caso del referido D. Román. Apenas llegado a Turleque
y llevado de su enorme afición al fútbol y ciertos conocimientos
técnicos adquiridos en Madrid (de donde procedía) durante
su juventud, no dudó en hacerse cargo del equipo de fútbol,
que en esos momentos se encontraba en fase de transformación
y constituido por elementos muy jóvenes en su mayoría.
Don Román aportó, fundamentalmente, dos cosas: En la
estructura organizativa y social del club, su altitud de objetivos
y una concepción moderna y real, aunque quizá excesivamente
ambiciosa, de lo que debía ser una entidad deportiva; el club
fue por primera vez un auténtico club con una directiva compuesta
por personas con funciones diferenciadas, unos socios que aportaban
unas cuotas seriamente controladas, que eran recursos igualmente empleados
para la correcta marcha de la sociedad. Por lo que respecta al apartado
técnico, dentro de sus funciones como entrenador, organizó
el equipo en base a una seria disciplina para lo que disponía
de una fuerte personalidad que la inspiraba sobradamente, y un concienzudo
trabajo de entrenamiento basado, fundamentalmente, en la mejora de
los rudimentos técnicos de aquellos mozos turlequeños
que físicamente estaban suficientemente dotados; contó
para ello con un elemento de indudable valor, como fue la enorme cantidad
de jugadores (prácticamente todos los jóvenes del pueblo)
de que dispuso desde un principio, de hecho había dos equipos
efectivos que competían entre ellos cuando no había
partido oficial. El juego practicado era ya muy similar al actual,
de toque raso con muchos apoyos, muy rápido, de cierta especialización
en el juego individual, como en el caso de los porteros o los extremos
y que daba importancia a las acciones tácticas y estratégicas
(corners, faltas, marcajes, etc.). El nivel alcanzado fue, comparativamente
con los alrededores, muy alto, y aquí echo mano de los recuerdos
remotos infantiles del niño de 4 o 5 años, a quien llevaba
su padre al fútbol, que era el autor de estas líneas.
Al afirmar que aquellos se refieren a "un equipo que nunca perdía"
y que metía gran número de goles en cada partido "en
un campo lleno de gente que animaba muchísimo".
Pero pasando a una descripción más concienzuda del panorama
futbolístico y deportivo del momento, digamos que la directiva
más habitual que ostentó los destinos de la institución
fue la formada por Ángel, como presidente, Lucio Chaparro,
Carmelo Beteta y Puri Martinez como otros miembros. Igualmente la
alineación más habitual era la formada por: Saturnino
Martinez, Diosdado Torres, Orencio, Bernardo, Pedro Fenández,
Gonzalo Moreno, Carrique, Catalino Fenández-Peinado, Alfredo
Navarro, Agustín, Adolfo Fernández, Avelino Fernández,
contando también en ocasiones con otros importantes jugadores
como: Antero García-Osorio, Cesáreo Moreno-Cid, Dionisio
Moreno-Cid e Isidoro Navarro. Recibían estos jugadores pequeñas
recompensaciones o primas como 5 Ptas. Por partido ganado o 2,50 si
empataban fuera. La camiseta era la habitual amarilla que luego fue
sustituida por otra verde con un ingenioso escudo de nuevo diseño
y pantalones blancos.
El campo continuó siendo "La Vega" a la que se rodeó
de una zanja a modo de asiento para los espectadores, que fue cavada
por los directivos y socios a pico y pala, a razón de 5 metros
por persona. Otros jugadores y directivos contribuyeron en la confección
de las porterías con vigas sacadas de la desaparecida casa
de D. Patricio y las redes a base se soguilla de esparto.
Las inundaciones de La Vega siguieron haciendo indispensable la habilitación
de otro terreno sustitutorio que en estos años fue la era del
Tío Catalino en el camino de Urda, no sin antes tener que proceder
a la búsqueda de las porterías y redes que flotaban
en algún lugar del antes campo convertido en gran laguna.
El medio de locomoción solía ser el taxi del Tío
Venancio (Fiat) o el de un señor temporalmente afincado en
Turleque apodado "El Moracho" (Cadillac) , también
en ocasiones se echó mano del camión (Ford) del Tío
Anastasio "El Fabricante" o de la furgoneta del Tío
Manolo (Ford).
Sin embargo no debemos sacar la conclusión de que todo era
un camino de rosas para los practicantes del deporte turlequeño,
aún tuvieron que vencer resistencias e incomprensiones en sus
casas y, por supuesto, estaba el compaginar la actividad con sus trabajos
en el campo, que era lo primero e incuestionable, dándose en
este terreno cosas realmente encomiables como es el caso de Cesáreo
(jugador todo terreno y no siempre titular indiscutible) que llegaba
al extremo de ayudar a segar a Saturnino durante la mañana
del domingo para así poder obtener del padre de éste
(el Tío Moreno) el permiso de ir a los entrenamientos que se
realizaban a la caída de la tarde, corriendo desde el lugar
del trabajo cuando se divisaba desde allí el hecho (tengamos
en cuenta nuestro peculiar relieve manchego), de manera que el calentamiento
y el trabajo de fondo estaban asegurados ya y no había sino
ponerse a tocar bola con las "albarcas".
Los entrenamientos no fueron ya solamente técnicos sino que,
dentro de lo posible, se cuidó el aspecto físico, habilitándose
un improvisado gimnasio nocturno en el corralón llamado "Chozo
de los Marcelos" (calle Tahona) útil para realizar gimnasia
a manos libres (aparatos en esta época era impensable).
La plantilla de jugadores era heterogénea en cuanto a sus características
físicas y técnicas, pero estuvo siempre muy bien compensada
y complementada. Sobresalía el juego fuerte e impetuoso, no
exento de técnica, de Agustín "el Lucero",
Orencio "pistolas" o Alfredo; el bregar incansable de Gonzalo
y Cesáreo; la velocidad y disparo de Catalino y Dionisio, el
oportunismo y picardía de Avelino; la exquisita técnica
de Bernardo o Adolfo y una portería donde sobresalieron desde
un principio (entre un gran número de buenos porteros) Saturnino
por su enorme agilidad y seguridad, que cuando no podía contarse
con sus concurso era sustituido por Diosdado el cual levantaba enorme
expectación entre el público con sus valientes y espectaculares
intervenciones. Sería interminable una enumeración técnica
exhaustiva de todos cuantos jugadores formaron en el Turleque C.F.
a las órdenes del Boticario, baste decir que todos eran buenos
y, prueba evidente de ello fue situaciones como la vivida por Dionisio,
quien al pasar a residir en Madrid se emoló en un equipo de
la regional federada de la capital, en donde enseguida llegó
a ser figura máxima.
La competición continuó siendo de campeonatos locales
no federados, pero de un alto nivel y apoyo popular. A veces dichas
confrontaciones se alejaban notablemente de Turleque, como es el caso
de Yepes o Quintanar. Punto culminante de estos torneos solía
ser el partido de la Feria, donde se acostumbraba a traer algún
"peso pesado futbolístico" ya militante en categoría
federada nacional (3ª división) tal fue el caso del Boetticher
y Navarro, madrileño o La peña Martín de Toledo.
Sin embargo, el mejor equipo y el de mayor rivalidad contra nosotros
siguió siendo Tembleque, utilizando un lenguaje actual al uso
diríamos que los temblequeños continuaron siendo nuestra
"bestia negra", ya que paralelamente a nuestro caso también
ellos vivieron en esta época su edad de oro del fútbol,
teniendo como máxima y legendaria figura a su goleador "Trala",
jugador dotado de un potente disparo y una técnica muy depurada.
Asimismo contaron con buenos equipos azulgranas de Camuñasy
Madridejos, con su centrocampista Marcelino y su portero Carticas.
En Consuegra es la época de Ortiz, Molinero y el Esterero,
así como la omnipresente Urda, que siempre mantuvo su buen
nivel.
Si hemos calificado este periodo como el más trascendental
del fútbol turlequeño, también ahora es cuando
se produce la anécdota por antonomasia del mismo, se trata
de la agresión sufrida por D. Román en Madridejos, hecho
éste que dejó secuelas negativas muy duraderas en las
relaciones entre ambos pueblos y que incluso trascendieron de lo deportivo.
Fue con motivo de un torneo que ambas directivas habían concertado
a doble partido, en el que estaba en disputa un enorme trofeo. El
primer encuentro había de celebrarse en Madridejos y correspondía
proveer de árbitro al equipo visitante, formula arriesgada
pero que, sin duda, evitaba el probable caserismo del juez; este papel
lo asumió voluntariamente D. Román, como persona más
versada en estos lances de los componentes de la directiva local,
sin duda intuía el riesgo que esto entrañaba puesto
que delegó sus funciones de entrenador en Lucio "Picanco"
y exigió de forma tajante a todos los jugadores que se abstuviesen
de intervenir en su defensa caso de ser agredido, así como
no caer en posibles provocaciones por parte de jugadores o público.
En Madridejos el ambiente era de total euforia y confianza en una
victoria lo suficientemente amplia como para asegurar la tranquilidad
de cara al partido de vuelta, avalaba esto el buen nivel de su equipo
y un cierto desconocimiento del rival, hecho este acrecentado por
la astuta maniobra de última hora de D. Román, quien
presentó una insólita alineación colocando a
Bernardo, habitual delantero centro, como defensa central y convirtiéndose
éste en un auténtico valladar que cuando raramente fue
superado se encontró detrás a un Saturnino en estado
de gracia que lo paró todo. El partido concluyó con
empate sin goles ante la decepción e impotencia de la afición
local, de entre la que desgraciadamente surgió el clásico
grupo de exaltados que no tuvieron otro recurso que echarle las culpas
al intachable arbitraje de D. Román y le propinaron algunos
golpes más contundentes por su valor moral que físico;
prueba de que los hechos fueron aislados y no imputables a la afición
madridejense es la paradoja de que fueron los propios directivos del
club quienes protegieron al boticario y afearon su conducta a los
agresores. Mención especial hay que hacer a Juan de Abajo (bien
conocido entre los zapateros y mecánicos de Turleque) que,
ante el cariz de los acontecimientos y en previsión de situaciones
futuras problemáticas, entregó la copa a Carmelo Beteta
quien, escondida entre la gabardina, inició a pie el camino
a Turleque "atraviesa barbecho" hasta que fue recogido por
los últimos coches de aficionados que regresaban, ya cerca
de nuestro pueblo. Los jugadores y seguidores no fueron agredidos
en absoluto a excepción de Avelino y Diosdado que desoyendo
los consejos de D. Román quisieron interceder por él
y se vieron mezclados en el barullo. La copa fue recibida en Turleque
con una mezcla de indignación y alegría, lo primero
por razones obvias, lo segundo por considerarse prácticamente
ganada de cara al dudoso partido de vuelta; fue llevada por todos
los jugadores a casa de Ezequiel, que no había podido trasladarse
al partido por encontrarse enfermo, y ofrecida al emocionado jugador
que después sería pieza importantísima del equipo.
El partido de vuelta no llegó a celebrarse pues el equipo de
Madridejos no compadeció ante el temor a posibles represalias.
Pese a darse toda clase de garantías por parte de la directiva
y autoridades locales, aquella tarde soleada de domingo quedó
sólo en la expectación de gran número de turlequeños
mirando hacia la polvorienta carretera que nos unía con nuestra
vecina localidad, o algún que otro infundado rumor de llegada
por otro inesperado itinerario. La copa se quedó aquí
y aquí sigue.
Mas el hecho tuvo unas consecuencias que van desde lo curioso hasta
lo lamentable, así por ejemplo fue motivo para que la entonces
poetisa, cantautora o trovera local, la Tía Saturnina "La
Coneja", compusiese unas ingeniosas coplas en donde se narraban
los sucesos con increíble exactitud, e incluso le dotó
de música que ella misma interpretaba de viva voz:
El 25 de septiembre
Del año cincuenta y cinco,
En el pueblo de Madridejos
Se enfrentaron dos equipo.
Se tira un mocito al campo,
No se si de la cañada
Y al pobre del boticario
Al suelo le echa a patadas.
Un hombre de Villafranca
Cogió la copa al momento,
Ésta va para Turleque,
Para que vayáis aprendiendo.
Cuando por la calle iba
El pobrecito Diosdado
A preguntar por los coches,
Dos sopapos le han pegado,
Que dos sopapos serían
Que a las 24 horas
Que calentura aún tenía.
El equipo de Turleque
Es equipo de primera,
Si queréis ganar la copa
En la Vega os esperan.
Y esta copla que he sacado
No la sacan ni en Pekín,
La ha sacado la Saturnina
Esposa de Valentín.
En este mismo sentido hay que hacer constatar el dato de que prácticamente
pasasen más de veinte años para que volviese a haber
otra confrontación Turleque-Madridejos, y así mismo,
y esto es lo lamentable, hubo algunos turlequeños relacionados,
emparentados o naturales de Madridejos que hubieron de soportar algún
comentario fuera de lugar. Fue sin duda el hecho más desagradable
de la historia del deporte local.
Pero como todo tiene su fin, este brillante periodo también
lo tuvo, no de una forma brusca, tajante y puntual sino paulatina
y motivada, fundamentalmente, por dos factores: 1º.- el cansancio
natural que todo periodo intensivo acaba produciendo; 2º.- el
comienzo de la emigración que diezmó la población
y sobretodo en sus niveles más jóvenes, que eran quienes
debían tomar el relevo.
D. Román abandonó progresivamente la labor y cogió
las riendas del equipo otro auténtico entusiasta del deporte
como fue Ascensión Moreno-Cid, el mayor de una familia fecunda
de jugadores como Cesáreo y Dionisio, al que no faltaba capacidad
de trabajo y entrega, prueba de ello es el que todavía se ganó
un torneo triangular contra Camuñas y Mora y se dio paso en
el equipo a nuevos jugadores como Victórico Moraleda, Regino
Martinez, Próspero, etc... que formaron con los ilustres veteranos
que aún resistían con mucho fútbol en sus botas;
es la época en que el campo de fútbol conoce otra ubicación,
por inundación en la Vega, en el camino Mora frente al antiguo
almacén del SENPA. Sin embargo la cuesta abajo era irreversible,
los problemas económicos del club eran cada vez mayores, no
había (nunca la hubo) ayuda oficial y las vías de financiación
tradicionales (rifas, teatros, taquillas) estaban muy gastadas; algunos
desplazamientos se hicieron con la motocarro de Ascensión (Iso),
ocasión que era aprovechada por la plantilla expedicionaria
para degustar los productos del campo manchego (uvas, melones, etc...)
aunque no por ello decaía la moral del equipo (que concretamente
en esa ocasión ganó 2-1 en Villacañas) y seguir
nuestra eterna rivalidad con Tembleque donde en ese periodo sufrió
un monumental apedreamiento al final de un accidentado partido. También
fue ahora cuando se obtuvo el récord de derrota estrepitosa
en la historia del fútbol turlequeño, 10-0, frente a
Yepes en un día con un equipo plagado de bajas titulares y
Diosdado despistado.
Hacia el año1959 puede darse por concluido este periodo para
iniciarse otro bajo una perspectiva teóricamente diferente.
El otro deporte turlequeño, el ciclismo, también empieza
a vivir una etapa de esplendor aunque matizado: era el principio de
las esplendorosas carreras de nuestro paisano provincial Bahamontes
y del criptanense Manzaneque, sus hazañas eran fervorosamente
seguidas por la radio y eso generó en toda la provincia y las
de alrededor una gran afición por el ciclismo, raro fue el
pueblo que no improvisó una pista de carreras además
de la organización de un sin número de pruebas en carretera;
Turleque fue un claro exponente de la situación; se construyó
una pista de tierra que rodeaba el campo de fútbol de la Vega
y se organizaban numerosas carreras locales en las que competían
mozos (muchos de ellos futbolistas también) con vetustas bicicletas
que raramente aguantaban toda la prueba, a un determinado número
de vueltas. Periódicamente venían figuras del entorno
como Esparcia del Romeral, Isabelo de Toledo, etc... que nos deslumbraban
con sus refinadas máquinas y ajustados trajes, probablemente
esa fue la principal razón por la cual esta masiva afición
no diese el apetecido fruto de una figura local capaz de hacer frente
a esos "monstruos" y trascender del ámbito meramente
turlequeño. La bicicleta fue siempre un obstáculo insalvable
para las economías de aquellos entusiastas corredores. Quizá
el único que pudo dar la talla y de hecho participó
en varias carreras foráneas realizando un buen papel, fue el
"Campesino", corredor de fuerte tren y duro como el pedernal;
otros rivales suyos fueron Diosdado, El Bodeguero, Dionisio Cereceda,
etc... Entre los forasteros causó enorme sensación el
paso por Turleque de el Toledano Rafael Carrasco, entonces discípulo
predilecto de Bahamontes. Creo recordar que sacó cinco vueltas
de ventaja al segundo tras venir desde Toledo en bicicleta.
Fue, en resumen, una etapa de gran intensidad a lo que hubiese hecho
falta un corredor local que hubiese reunido todos los entusiasmos
a su alrededor, al no ser así el ciclismo inició un
proceso de languidecimiento aunque, por su puesto, seguía siendo
inadmisible una feria sin carrera ciclista. Sin duda hemos ido a peor.
CONEXIÓN DEL DEPORTE CON EL APOSTOLADO
RELIGIOSO-RURAL.-
El final del periodo protagonizado por
D. Román y su epílogo Ascensión, fue casi coincidente
en el tiempo con la llegada a Turleque de D. Jesús Lobato, y
el principio de la revolución religioso-social (Operación
Pueblo) por él emprendida y en gran medida conseguida.
Quedaba aún un fuerte rescoldo de la obra anterior y subyacía
el mismo talante activo y entusiasta de siempre en la juventud de aquellos
años (59-60), pese a las dificultades específicas en el
anterior capítulo. No es por tanto de extrañar que se
produjese una simbiosis entre aquel naciente factor religioso y este
latente y residual factor deportivo, para dar lugar a un nuevo renacimiento
de dicha actividad, hasta el punto de, al menos en apariencia, alcanzar
las altas cotas anteriores, si bien con una motivación y unos
objetivos oficialmente distintos.
El equipo pasa a ser una sección más de la actividad del
apostolado religioso desplegada por la institución "Acción
Católica" en sus ramas juveniles:
-JARC. Juventud Agraria Rural Católica
-OAR. Obra del Apostolado Rural.
Nombre éste último adoptado por él mismo. La idea
de D. Jesús Lobato provocó algunas reticencias en no pocos
integrantes de la plantilla de jugadores, que veían un posible
intento de manipulación religiosa a sus conciencias, utilizando
la vía deportiva. Pero prevaleció su enorme afición
y al solidez que la nueva organización, sin duda, ofrecía
por la obra religiosa y la cobertura formal que por entonces toda actividad
pastoral otorgaba, amen de pequeñas ayudas económicas
o de locales utilizables, aunque de esto lo que menos.
Cada partido local venía precedido de toda una detallada información
sobre el mismo, musicalmente arengada por la flamante megafonía
instalada en el campanario de la iglesia. Tras la misa mayor y dirigida
a una repleta y animada plaza que ya no sólo tenía la
tradicional "pizarra" como única información,
se procedía a la pertinente lectura del horario del partido,
de esta manera la afluencia de público a los encuentros solía
ser bastante numerosa.
Por lo que respecta a aspectos organizativos concretos, la directiva
estaba formada por un nutrido grupo de vecinos, algunos ya veteranos
de anteriores etapas, de entre los que destacaban Emilio Cuellar (hijo)
y Agustín Ramos. La función de entrenador fue quizá
la que más cambios conoció, pasando sucesivamente por
el puesto, Justo el del Tío Lucio, José "El Sastre"...
etc.
El sistema de competición siguió siendo básicamente
el mismo, así como las condiciones de trabajo técnico-físico
y los problemas de la Vega y sus inundaciones. Ésta época
conoce una nueva ubicación del campo en la era de "Los Chavitos",
en el camino de Urda.
Los medios de trasportes eran los habituales taxis locales del Tío
Venancio, El Moracho, la furgoneta del Tío Manolo y el de los
hijos del Tío Bautista.
Una alineación habitual era la formada por: Moreno, Virgilio,
Marchena, Alfredo Navarro, Antero García-Osorio, Victórico
Moraleda, Dionisio Moreno-Cid, Isidoro Navarro, Luis Ramos, Cesáreo
Moreno-Cid, Compasión Cuellar y Adolfo Fernández. Los
equipos y el sistema de competiciones tampoco varían substancialmente,
si acaso el potencial de los mismos, dado que ahora el periodo de esplendor
de Los Yébenes con su Tadio, Manco, Germán y "Tabique"(ahora
turlequeño).
El arbitraje siguió corriendo a cargo de algún miembro
capacitado de la directiva, de entre los que destacó por su predisposición
local la figura de Fabián "El Barbero", antiguo jugador
y gran aficionado.
Durante le primavera de 1961 y con motivo de la celebración en
Turleque de la Anual Fiesta Comarcal de la Juventud, se celebra un torneo
cuadrangular (Mora, Consuegra, Urda y Tembleque). Turleque concurre
con un renovado equipo y entrenador, puesto que ahora recae en Eugenio
"El Zapatero",. Quien ya por entonces compartía sus
aficiones deportivas y teatrales. Eugenio remoza profundamente el equipo
aún cuando algunos elementos eran auténticos veteranos,
pese a su juventud. Ahora la alineación habitual será
la formada por: Próspero, Boni, Regino Martinez, Paco, Isidro,
Antero García Osorio, Antonio, Luis Ramos, Dionisio Cereceda,
Paco el de la Tiodo y Quijorna. Quedó en tercer lugar tras Mora
y Consuegra.
Esta fiesta de la juventud del año 1961 tuvo también su
cierta trascendencia deportiva, no sólo en el fútbol y
ciclismo, en cuanta a que fue la ocasión para dar a conocer en
Turleque un deporte totalmente nuevo, el Voleibol (entonces balonvolea).
D. Jesús, parece ser, fue el autor de la idea de celebrar un
torneo de dicho deporte coincidiendo con su homónimo en fútbol.
Así, tras un corto periodo de entrenamiento y con unos rudimentarios
medios y por supuesto, un pesado balón de fútbol al que,
aunque sólo fuese por esta vez, trataron golpeándolo con
las manos y no con los pies. Los apasionantes partidos se celebraron
el la Plaza de la Tercia, con una enorme expectación y animación,
máxime cuando Turleque quedó campeón y pudimos
ver a nuestros futbolistas lucir insólitas habilidades. Así
es el caso de Cesáreo, que impresionó a todos con sus
potentes saques. El hecho puede parecer anecdótico y puntual,
pero a mi no me lo parece por cuanto que introdujo una nueva mentalidad
deportiva más proclive a diversificación y divulgación
de nuevas disciplinas, de hecho en la feria siguiente no es casualidad
el que se organizase una carrera a pie con ida y vuelta a la "Huerta
Última", que ganó netamente destacado Conrado, lo
cual no se hacía desde hace bastantes años. De la misma
manera fueron, o fuimos muchos los niños que a partir de ese
momento practicamos su particular versión del voleibol, con una
cuerda atada entre dos árboles y un balón de plástico.
Si la Operación Pueblo contribuyó decisivamente a revitalizar
el deporte en un momento de decaimiento, fue también el languidecimiento
de aquella, el comienzo de un paralelo proceso descendente de la actividad
deportiva en cantidad y calidad. Se vuelve de nuevo a la precariedad
de medios, prueba de ello es le viaje realizado a Villanueva de Bogas
el día de San Isidro del 62, en cinco bicicletas por el camino
de Madrid, que rigurosamente eran compartidas en su uso por los 12 expedicionarios
jugadores, quienes alternaban periodos de pedaleos y trote, lo que no
fue obstáculo para ganar el partido. Tampoco esta penuria fue
óbice para mostrarse solidarios con catástrofes a nivel
nacional, cual fue el caso de las inundaciones de Cataluña del
otoño del año 62, con motivo de las cuales se organizó
un partido a beneficio de los damnificados, con 905 pesetas (de las
de entonces) de recaudación, que fueron a parar al paquete de
ayudas enviadas por el Ayuntamiento, quien no las hizo constar como
propias de C.F. ; sin duda un descuido o involuntaria omisión.
La puntilla a esta maltrecha situación vino dada ya por el año
63 por dos motivos fundamentales:
1º.- El habitual y bien conocido de una nueva y gran inundación
de la Vega, que esta vez no encontró el ánimo suficiente
para habilitar otro campo sustitutorio, (ténganse en cuenta que
antes se había hecho en eras que en verano recuperaban su función
normal y hacía necesarios nuevos trabajos de adecuación
si se quería reutilizar)
2º.- La deuda económica que se mantenía con la Tía
Joaquina, habitual lavandera de la equipación que al llegar a
un volumen excesivo, indujo a su hijo Erótido a tomar la decisión
de retener la misma hasta el momento que dicha deuda fuera convenientemente
satisfecha, todo ello a pesar de que él mismo era un gran aficionado
y jugador habitual.
Los años 63 y 64 fueron, por tanto, de casi total inactividad
futbolística competitiva. Otro tanto ocurrió con el ciclismo:
la desaparición de las pistas de la Vega dejó las pruebas
ciclistas reducidas a la carretera y estas se encontraban en tan mal
estado (salvo la de Tembleque) que desanimaban a organizadores y participantes.
Sólo recuerdo una carrera con ida y vuelta a la finca de "El
Monte", en la carretera de Madridejos , en donde participó
un ciclista de Aranjuez descendiente de turlequeños, al que debido
a las características de su bicicleta y a la clase de preparación
que se le suponía, se le permitió participar con la condición
de salir 5 minutos después que el resto de los corredores; este
muchacho enjugó casi toda la ventaja que le llevaban, pero no
logró entrar el primero.
Para terminar este apartado rememoraremos una de las anécdotas
más insólitas y graciosas que han podido llegar a mi conocimiento,
alusión a una de las escasas ocasiones en que dos grandes pasiones
nacionales, fútbol y toros, estuvieron de alguna manera hermanadas
y colaboraron estrechamente, todo lo cual fue hecho posible por un entusiasta
grupo de taurinos turlequeños:
Fue con motivo de una importante festividad en Consuegra (quizá
la Rosa del Azafrán) que al entonces alcalde D. Pedro Albacete,
se le ocurrió la idea de convocar un festival-concurso taurino
de cuadrillas de pueblos vecinos, para lo que se contactó con
conocidos aficionados locales como Rufino o el Tío Emilio Cuellar,
a fin de habilitar la correspondiente cuadrilla local. Así se
hizo y estuvo formada por Miguel Mora como mozo espada, Victorino como
peón y banderillero, al igual que Eutropio. El problema vino
con los trajes, no ocurriéndose otra cosa que utilizar las camisetas
del equipo de fútbol con sus correspondientes distintivos y numeración.
Pues bien, a pesar del inicial jolgorio que la idea desató, su
faena fue tan lucida y valiente que el público, tras la actuación,
reclamaba de nuevo su presencia al grito de: "¡Qué
toree el 5... etc!" refiriéndose al número de la
camiseta. Miguel obtuvo las dos orejas y el rabo, éste último
cortado a bocados por Eutropio ante la ausencia de algún instrumento
adecuado. Sin duda algo único.
Durante los años 63 y 64 siguió existiendo una latente
llama deportiva en forma de frecuentes encuentros deportivos de jóvenes,
aprovechando los domingos, días de fiesta o periodos de lluvias
que imposibilitaban el trabajo del campo. Sin embargo esto no fructificaba
a la reconstitución del club de fútbol local, por el temor
a las exigencias económicas que ello entrañaba y a un
próximo recuerdo del anterior y su poco decoroso final. Pero
poco a poco fue germinando una inquietud que terminaría por dar
sus frutos.
EL RENACER DE LOS 60.-
Los hoy mitificados años
60, con lo que de vitalización de la economía y sociedad
española en general significaron, aportaron al deporte turlequeño
un nuevo e importante impulso que llenó de actividad la segunda
mitad de esta década hasta principios de los setenta.
No era esta una época especialmente favorable para nuestra sociedad
local de aquel entonces, que vivía un periodo de natural cansancio
tras el anterior de febril actividad socio-espiritual proporcionado
por la Operación Pueblo y, por consiguiente, poco proclive a
forjar cualquier iniciativa de índole cultural o deportiva.
Sin embargo pervivía una importante cantera futbolística
en constante y casi autodidacta renovación (sólo los más
veteranos o el incansable Eugenio ejercían como ocasionales entrenadores
de los más jóvenes, entre los que se encontraba el que
suscribe) que mantenían una intensa actividad en forma de largos
partidillos aprovechando cualquier tiempo disponible. El terreno de
juego era ahora la unión de las eras de el Tío Bautista
y el Tío José en el camino de El Cristo, con su famoso
cibanto delimitador de las mismas, que provocaba toda clase de efectos
y botes extraños en el manejo del balón, pero decisivo
para el control del juego en el centro del campo.
La transición de esta actividad lúdico-deportiva que no
trascendía del ámbito local a una competición más
seria y exigente de un mayor grado de compromiso y preparación,
vino facilitada por la existencia de un proceso similar en nuestras
localidades vecinas, que pronto fructificó en los primeros y
rudimentarios contactos para concertar encuentros, los primeros de los
cuales sirvieron para mostrar y concienciar del magnífico nivel
de un incipiente equipo mezcla de veteranos ilustres de épocas
anteriores, como Próspero, Paco, Boni, Regino, Donato... y nuevos
valores cual era el caso de Pepe el gato, Eduardo el boti, Mariano,
Jose el artista... etc.
Otra de las limitaciones que en este periodo hubieron de vencerse, fue
la aparición, ya en esos momentos, de la muy positiva y proverbial
tendencia de los padres turlequeños a proyectar a sus hijos hacia
grados de estudios superiores, lo que provocaba la marcha permanente
de un importante número de jóvenes hacia las capitales
o poblaciones cercanas, "los estudiantes", e imposibilitaban
el contar con ellos como jugadores susceptibles de ser alineados en
competiciones a celebrar durante periodos lectivos. Es por eso que,
salvo contadas excepciones, el equipo se vio obligado a limitar su actividad
competitiva a periodos vacacionales, so pena de ver considerablemente
mermado su potencial, si bien, esto también tuvo el aspecto positivo
de poder contar siempre con la Vega como terreno de juego, dadas las
características climáticas de los mismos (fundamentalmente
el verano) previo segar a hoz las altas hierbas crecidas durante el
invierno anterior y sufrir las consecuentes ampollas en manos poco acostumbradas
a estos menesteres.
Arrancó propiamente esta etapa en la primavera del año
66 mediante una, un tanto informal, doble confrontación victoriosa
con el equipo de Consuegra que, al igual que nosotros, se encontraba
en periodo de formación y que tuvo el positivo efecto de permitir
evaluar nuestras buenas posibilidades y plantearnos más serios
objetivos. Visitaron nuestro terreno de juego haciendo el desplazamiento
en bicicleta. Se les devolvió la visita utilizando el taxi de
Miguel Mora (Renault) en el que tuvo cabida todo el equipo en un solo
viaje. Insólita pero también lógicamente entre
éstos no figuraba el fundar un club de forma estructurada con
una junta directiva etc... pues ello suponía implicar a adultos
en la empresa y eso era algo poco acorde con el espíritu independiente,
rebelde y contestatario de la juventud de la época. Salvo en
contadas ocasiones aquel sería un equipo autogestionario.
Se rescataron las legendarias camisetas verdes del no menos legendario
periodo anterior, pagando la deuda pendiente que la inflación
había dejado más asequible, no así sucedió
con los pantalones que resultaban ya un tanto anticuados por demasiado
largos, de manera que ya al siguiente partido contra La Guardia, se
acudió más o menos decentemente uniformados, lo que no
fue obstáculo para perder por la mínima, (3-2) sufriendo
quizá el arbitraje más casero de la historia deportiva
turlequeña. Después vendrían Tembleque y Urda con
sendas victorias, Camuñas etc...
Era aquel equipo, una vez configurado hacia finales del verano, un conjunto
que practicaba un fútbol fundamentalmente técnico, muy
ofensivo, basado en la solidez y seguridad de Regino, en la defensa
de Paco, Pepe el gato o el artista que con su imaginación y exquisito
toque creaba un juego en el centro del campo, y la velocidad de Mariano
y Donato por los extremos, con el oportunismo de Eduardo el boti. La
única limitación de que siempre se adoleció, fue
una gran descompensación en algunos determinados puestos y más
sobremanera el de portero, donde, tras la marcha de Eusebio, hubo un
extraño rechazo, sequía o como queramos llamarlo que produjo
un constante peregrinar de jugadores de otras "cualidades",
Jesús el de Rufino, magnífico jugador de baloncesto, que
en este deporte vería gran número de tantos encajados.
Algo insólito en la tradición turlequeña (el moreno,
Salustiano etc...) que durante mucho tiempo se convirtió en nuestro
talón de Aquiles y que sólo muy al final tuvo solución
(Perico, Nemesio).
También sufrimos, si se le puede denominar, de algo muy lógico
y común a todo el equipo con la mencionada mentalidad atacante
y que constantemente seguimos observando en el fútbol de élite,
consistente en la falta de talante defensivo en el centro del campo,
todo lo cual redundaba en un juego vistoso, creativo y goleador, pero
también encajador de goles y derrotas insólitas en partidos
netamente dominados territorial y técnicamente.
El punto culminante de esa temporada y de las sucesivas, fue el partido
de La Feria, donde se goleó fácilmente a un equipo de
la regional madrileña procedente de Getafe, en que militaba el
turlequeño Claudiano Mora, lo que da idea del buen nivel alcanzado.
Se iniciaba así una tradición que duraría varios
años, según la cual dicho partido significaba, prácticamente,
el final de temporada, puesto que en octubre comenzaba el curso escolar
y los estudiantes en número de diez u once, marchaban a su lugar
de residencia académica, para no regresar sino en los breves
periodos de Navidad o Semana Santa. La mayoría de ellos mantenía
la actividad deportiva durante este largo periodo, participando en competiciones
escolares (entonces muy importantes) campeonatos regionales, aficionados,
federados, e incluso Eduardo el boti estuvo encuadrado en las divisiones
inferiores del Real y el Atlético de Madrid.
Pero la llama estaba ya prendida y durante el otoño e invierno,
continuó una intensa actividad futbolística local en forma
de los ya tradicionales partidos domingueros matinales o de paros estaciónales.
Se inauguró por Navidad una tradición que tendría
una larga continuidad, consistente en la celebración de un partido
entre componentes del equipo "estudiantes" contra aquellos
que no lo eran, llegando a ciertos grados de apasionamiento y encono
en algunas ocasiones, algo nada raro en el deporte y más concretamente
en el fútbol.
Las temporadas siguientes fueron de progreso y consolidación,
siguiendo la misma pauta establecida en la primera y tratando de subsanar
paulatinamente las carencias detectadas, en la medida de lo posible.
El Teleclub, entonces en pleno apogeo, incluyó en su programación
la actividad del equipo de fútbol, aportando ayuda económica,
cobertura institucional, así como trabajo de gestión y
representación por parte de su junta directiva, D. Jesús
Punzón, Agustín Ramos etc... todo lo cual redundó
en una mayor y más sólida actividad competitiva y de preparación.
Se comenzó a cuidar a las futuras promesas , D. Jesús
y Eugenio entrenaban cuando su actividad profesional se lo permitía.
Se jugaron dos torneos con trofeo en disputa: uno a doble partido contra
Urda que se ganó; y otro triangular con El Romeral y Tembleque,
en el que quedamos en segunda posición tras El Romeral, pero
que creo contiene la anécdota de la mayor victoria conseguida
por lo que a tanteo se refiere, en la historia de nuestro fútbol
turlequeño,12-0 a un Tembleque entonces en horas bajas.
Punto culminante continuó siendo el partido de La Feria, en donde
paulatinamente se fue incrementando el nivel del rival de turno, paralelamente
al progreso del propio y echándose mano de refuerzos ocasionales
por parte de jugadores de poblaciones cercanas, cuando se consideraba
excesivamente fuertes a los oponentes; tal fue el caso de las confrontaciones
con el Sta Bárbara de Toledo (3ª división), Construcciones
Carrillo de Getafe (1ª regional) y sobre todo, Real Madrid Juvenil
(División Nacional Juvenil) victoriosas todas ellas.
Pese a todo, esto no debe hacernos pensar que esta práctica del
refuerzo, hacía caer en el olvido a nuestros jóvenes valores,
muy al contrario, fueron incorporándose nuevos jugadores como
Emilio Cuellar y Carmelo Beteta, Santiago o el tristemente desaparecido
José Luis.
Durante el invierno continuó la actividad habitual a la que se
unió una nueva modalidad, consistente en entrenamientos entre
empresas constructoras locales, como fue el caso de El Blanquillo contra
Antero, que nos dio ocasión de observar a antiguas viejas glorias
del balón, ahora artistas del yeso y del ladrillo.
Quizá esto fue el principio de la idea, que poco a poco se fue
abriendo camino, de celebrar como partido de feria un encuentro entre
le mítico equipo de la época de El Boticario (rondando
los 40 años) y el actual. El experimento resultó muy interesante,
con dos estilos diferentes sobre el terreno; fuerza, entrega y velocidad
en los veteranos, con algún destello de talento; técnica,
orden y compenetración en los más jóvenes. El resultado
de 5 a 0 para los segundos es totalmente engañoso, pues todos
los tantos fueron conseguidos en la última media hora de partido,
cuando ya la diferencia en el carné de identidad se dejó
sentir.
Ya desde el año anterior este partido era ocasión para
hacer entrega del trofeo donado e instituido por D. Román Amador
como premio a aquel jugador mejor distinguido a lo largo de la temporada,
no sólo en su rendimiento técnico, sino en su labor de
promoción, gestión o animación deportiva.
La recurrente crisis llegó hacia los años 73-74 por razones
muy diversas: veteranía de algunos jugadores, ausencias vacacionales
o profesionales, crisis en el Tele-Club, cierta apatía generacional,
diversificación del ocio veraniego, etc... Sin embargo todavía
se mantuvo una cierta actividad y se fueron sumando nuevos jugadores
de gran calidad como Nemesio, los hermanos Álvarez (José
Francisco y Eduardo), Regino, Pepe el negro, Jesús el de Pepe
, etc... Los partidos de la época contaron con rivales que dejaban
mucho que desear (victorias que sabían a poco) producto de un
descenso en la capacidad de gestión o de ayuda económica,
aunque todo era un proceso conjunto de decadencia.
Como epílogo a esta época merece la pena resaltar un aspecto
más demostrativo del buen nivel futbolístico alcanzado,
a nivel individual, en buen número de nuestros jugadores y que
no fue otro que el haber sido requeridos por parte de equipos encuadrados
en los campeonatos regionales vecinos, en donde militaron varios años,
tal fue el caso de Eduardo Amador (Rosino de Villafranca, 1ª regional)
Carmelo (Tembleque, 3ª regional) Miguel Chiri (Regional madrileña)
y algún otro que se puede quedar en el tintero.
Mas no todo fue fútbol en los recordados años 60, como
tampoco había sido así en épocas anteriores. Otros
deportes surgieron con desigual fuerza y desarrollaron una interesante
actividad.
LOS OTROS DEPORTES.-
La televisión, que sin duda ha tenido efectos sociales negativos,
permitió algo tan positivo como el conocimiento visual de deportes
hasta entonces poco habituales que, (fieles a la costumbre de la época)
por atravesar buenos momentos a nivel nacional, eran objeto de constantes
retransmisiones televisivas, testimonio de las glorias deportivas nacionales.
Así sucedía con el baloncesto (Real Madrid), tenis (Santana),
ciclismo (Bahamontes) o boxeo (Carrasco, Lagrá, etc...). De todos
ellos el baloncesto arraigó con fuerza en la juventud turlequeña
del momento, simultaneando su actividad paralelamente a la del fútbol,
llegando a alcanzar un importante nivel que desgraciadamente no tuvo
la continuidad debida.
Los comienzos no pudieron ser más rudimentarios, en forma de
unos aros (propiedad de la familia Amador) de fabricación artesanal
(taller de Bautista) clavados, previamente a cada partido, en los muros
del tapial del Corralón del Médico, balón semireglamentario,
con todo lo cual se jugaban partidos de incierta técnica y reglamento
pero siempre muy competitivos, (años 63-64)
El siguiente paso vino ya en forma de unas canastas reglamentarias de
mini básquet, así como un balón adecuado, regalados
por la Diputación Provincial al entonces incipiente Tele-club,
que fueron instalados en el mismo lugar durante unos meses para luego
acabar en las escuelas donde acabaron sus días tras largo e intensivo
uso.
Poco a poco fue destacándose un grupo de chicos muy aficionados,
algunos de ellos con buenos rudimentos técnicos aprendidos en
sus centros de enseñanza o de forma autodidacta. Algunos de ellos
simultaneaban esta actividad con el fútbol, cual es el caso de
José y Vicente Ferrero, Mariano Torres, Claudio o Jesús
Fernández el de Rufino; otros practicaban fundamentalmente este
deporte, Pedro Carrillo el del médico, Beteta, Miguel Ángel
y Carlos Palmero, Jesús Fernández el de Gregorio, etc...
Comenzaron su andadura competitiva sirviéndose de unos rudimentarios
aros, tableros y soportes situados en el corral de la casa particular
de D. Pedro que, por sus dimensiones, servía como cancha reglamentaria,
aunque, eso sí, con suelo de tierra. Tras ese periodo lograron
hacerse con unas canastas metálicas artesanales mucho más
sólidas y fiables que fueron instaladas en el primitivo Corralón,
en donde se celebrarían los más importantes encuentros
de su existencia como equipo.
Prácticamente este conjunto practicaba un juego alegre y rápido,
basado en la habilidad de Jesús el de Rufino, que ocupaba el
puesto de José , José Ferreo (buen tiro a media distancia)
o Miguel Ángel (potencia en el rebote) y Pedro o Claudio se simultaneaban
como Pivots o escoltas, amén del resto de jugadores que formaban
el banco (tan importante en baloncesto).
Los rivales habituales fueron Consuegra, Madridejos, Villanueva de Bogas
Y Orgaz, que curiosamente, al igual que sucedía en el fútbol,
siempre fue un difícil enemigo.
El balance general fue positivo, tanto en confrontaciones amistosas
a doble partido, como en el triangular celebrado en Consuegra, que ganaron
superando un buen número de trampas extradeportivas.
Pese a lo que pudiera parecer, nunca entró este deporte a confrontación
ni competencia con el fútbol, si bien, en alguna ocasión
hubo de negociarse horarios coincidentes y algún jugador disputó
un partido de cada deporte en el mismo día, sin problema alguno
aparente.
La falta de cartera no fue descuidada pero, dada la coincidencia de
estudiantes universitarios de la mayoría de jugadores fundadores,
cuando estos tuvieron que abandonar prolongadamente la localidad, no
hubo el necesario recambio generacional y el equipo desapareció
definitivamente. Una lástima.
Similar situación a la vivida en el básquet pareció
iba a suceder con un deporte también entonces en alza, el tenis.
Se improvisó una cancha en el inacabado silo del SENPA, con una
también improvisada cuerda a modo de red, y durante al menos
dos veranos hubo una cierta actividad que culminó en la Feria
del 72,con un campeonato de muy buen nivel en sus partidos finales,
ganado por Eduardo Álvarez. Desgraciadamente el paréntesis
invernal acabó con esta incipiente afición que, sin duda,
no logró resistir las dificultades de la no existencia de un
terreno adecuado (las bolas se perdían o se iban muy lejos).
No fue este el caso de otro deporte que llegó a alcanzar gran
difusión desde su primera condición de juego recreativo;
el tenis de mesa. A partir de la masa de jugadores creada alrededor
de varias mesas situadas en sendos vares ( el de Domingo, Churrero y
Efrén) se organizaron con motivo de la Feria varios campeonatos
con asistencia de jugadores de localidades vecinas, así como
acudiendo los nuestros a competiciones foráneas con magníficos
resultados. Destacaríamos el juego sobrio de Eduardo Amador,
la mentalidad ofensiva de Jesús Fernández, la genialidad
de Miguel Laguna o el juego técnico y completo de Eduardo Álvarez,
que simultaneaban con la raqueta grande. Lentamente volvió a
su condición de juego recreativo y así sigue.
¡Y como no! El ciclismo, pese a su imparable decadencia, tuvo
también sus adeptos y practicantes más o menos ocasionales,
que siguieron manteniendo viva la llama de la tradicional carrera de
la Feria.
En una primera época destacaremos a los ciclistas locales Alejandro
Martín y Ricardo Calderón, que dotados de buen físico
y buenas máquinas, participaron en varias carreras comarcales;
pero pasaron un tanto desapercibidas en Turleque por la sencilla razón
de la no existencia de carreras organizadas en nuestro pueblo, si exceptuamos
la de la Feria, en una de las cuales tuvimos la ocasión de verles
batirse bravamente ante un desmesurado enemigo; nada más y nada
menos que el equipo de La Casera con el mismísimo Bahamontes
al frente como director técnico.
No de gran nivel pero sí de participación y lucha fueron
otras carreras de la Feria disputadas sólo por corredores locales,
ganadas en varias ocasiones por Catalino Torres, que incluso abrazó
la posibilidad de federarse y que aún mantiene la afición.
Caso muy particular y excepcional fue la organización por primera
y única vez en Turleque de una carrera de ciclo-cross por el
circuito del Caz, con gran participación y emocionante final
al sprint ganado por Jesús Moraleda (el hijo de Dolores). Pero
algunos porrazos y bicicletas rotas hicieron desistir de una nueva edición
en posteriores ocasiones.
Concluyamos pues, que este tópico y elogiado periodo, fue enormemente
fecundo en lo que a actividad se refiere lo cual es doblemente meritorio
si, como hemos podido comprobar, cuanto se hizo fue producto del tesón
y la constancia de sus ejecutores, que hubieron de descuidar sus otros
fundamentales menesteres (trabajo y estudios), excusa hoy muy en boga.
EL FÚTBOL ALCANZA SU CENIT Y SU MÁS BAJA COTA.-
Los años 75
y 76 fueron para el deporte turlequeño, y más concretamente
para el fútbol, tan confusos como para nuestro país la
situación económica, social y política en general.
Se pretendía mantener los compromisos competitivos habituales,
pero no había el necesario trabajo de base y preparación
que podía permitir un equipo medianamente competitivo. Por primera
vez en muchos años, La Vega permanecía vacía las
mañanas del domingo y las tardes de los meses veraniegos. La
generación de donde debía provenir el necesario recambio
en la plantilla de jugadores, no mostró especial interés
por el deporte, con excepción de algunos jugadores que buscaron
acomodo en equipos de pueblos vecinos (Tembleque, Consuegra), como forma
de matar el gusanillo. Fueron años de apariencia más que
de realidad. La deseada reacción llegó hacia el año
77 de una forma muy similar a lo que fueron los orígenes del
fútbol en Turleque, en el ámbito escolar: tras una cierta
actividad por parte de algunos maestro en diversos deportes (Fútbol,
baloncesto, voleibol) y como desarrollo de las clases correspondientes
a la asignatura de EF. en el colegio público local, y el posterior
paso de estos a su nivel superior de formación en el Instituto
de Mora, comenzó a cristalizar un equipo de fútbol (infantil-cadete)
que de forma autodidacta y autogestionaria comenzó a competir
en cuantas ocasiones y con cuantos rivales era posible, dando ocasión
de observar, de nuevo, que la cantera turlequeña, tanto en clase
como en afición y entusiasmo, seguía dando buenos frutos,
y que, con el necesario cauce organizativo, esto podría evolucionar
a la creación de un conjunto con más serias aspiraciones,
capaz de llenar de nuevo el vacío de deporte competitivo que
había quedado desde el anterior periodo activo. Bastó
únicamente con que un grupo de adultos, buenos aficionados, se
ofreciesen a realizar el necesario trabajo de directivos para que este
equipo, con el refuerzo de algunos veteranos jóvenes de la época
anterior, formasen un conjunto de gran nivel que comenzó a participar
en diversos torneos comarcales amistosos, en donde resultó campeón
o muy bien situado.
Este periodo tuvo todas las características de auténtica
refundación por los niveles de seriedad organizativa a que se
llegó, en contraste con el anterior periodo más anárquico
y atípico en este terreno, como en su momento se indicó.
Respecto a la directiva, fue presidida sucesivamente por Eugenio García-Osorio,
Ángel Luis Beteta y Demetrio, que se las ingeniaron para recabar
medios económicos que sufragasen los inevitables gastos de competición
y utillaje; fundamentalmente a base de rifas.
Al eterno problema del campo inundable se unió esta vez la circunstancia
del inicio de las obras de drenaje y desecación de la Vega, lo
que obligó a buscar un terreno alternativo junto a la "Huerta
Última" apodado "Los Cerribatos" por su mal estado,
que afortunadamente fue mejorando con el uso.
Felizmente, en el 82, fue inaugurado nuestro flamante polideportivo
que hizo albergar grandes ilusiones de futuro y, consecuentemente, solucionó
definitivamente el inconveniente. Al ser torneos de invierno se hizo
necesario realizar entrenamientos en horario nocturno, para lo que iluminaban
el campo con los faros de los coches particulares de los directivos
y aficionados voluntarios ofrecidos, hasta que ya en el polideportivo
el Ayuntamiento instaló unos, escasos pero útiles, focos
que permitían realizar un trabajo decente.
Respecto al material, curiosamente, se rescató el viejo arcón
de madera para transporte del mismo, procedente de la época del
Boticario, pero, por el contrario, se adquirieron unas camisetas azules,
algo insólito, como color del deporte turlequeño, habitualmente
verde.
El puesto de entrenador fue, sucesivamente, ocupado por Catalino Torres
y Jesús Moreno, y ya en las postrimerías, por el animoso
e incombustible Ascensión Moreno-Cid; todos los cuales pudieron
desarrollar su labor con un fútbol de apoyo por parte de la directiva,
afición y jugadores, lo cual no suele ser tan habitual como debiera,
y todo aficionado conoce casos recientes de gran actualidad.
La plantilla de jugadores puede decirse que se componía del siempre
anhelado, por todo entrenador: compendio de entrega, clase, veteranía
y juventud. Como características específicas del grupo
de componentes, resaltaremos las de un equipo sólido, disciplinado
y luchador, pero también creativo y ofensivo, si es que estas
cualidades han de ser antagónicas, como parece ser está
de moda afirmar hoy día, opinión ésta que, personalmente,
no comparto. Con el peligro que siempre conlleva hacer un análisis
personal y pormenorizado del equipo, por poder olvidar a alguien, podría
decirse que, de atrás hacia delante, destacaba la agilidad bajo
los palos de Carmelo Gómez y la veterana y colocación
de Nemesio España, en la portería. Por el centro de la
defensa destacaban Carmelo Martinez, con su rapidez, valentía
y seguridad, José Luis Moreta por su elegancia para sacar el
balón pegado desde atrás, su poderío por alto,
que frecuentemente se aprovechaba en acciones estratégicas como
el remate de corner en portería contraria. En el centro del campo
se compaginaban perfectamente la entrega constante de Rafael Villamayor,
Ángel Calderón, Carlos Moraleda y Jesús "Borrego,
con el exquisito toque largo de Laguna. En puerta destacaba el temple
en los centros de Miguel Ángel Rubio, magníficamente aprovechados
por el goleador Fernando Aranda, que unía rapidez, picardía
y remate.
Contó también el equipo con el apoyo de ilustres veteranos
de épocas anteriores como Jano, Jesús Ramos o José
Luis Álvarez que aportaron su saber estar, dotes de organización
y seriedad.
El sistema de juego fue habitualmente un 1-4-3-3 muy ofensivo, de juego
de toque corto raso desde atrás, para concluir en aperturas medias
o largas a los extremos, que remataban a portería o centraban
a los puntas centrales o jugadores del centro, que se incorporaban desde
atrás, todo ello con las inevitables adaptaciones a las circunstancias
del juego o características del rival de turno. En general era
un equipo respetado y reconocido, fundamentalmente, por su coraje y
entrega, pronto demostrada en las primeras confrontaciones seria acometidas.
Éstas fueron torneos comarcales no federados pero seria y sistemáticamente
organizados, que poco a poco fueron tomando un aceptable nivel hasta
culminar en el llamado Torneo Manchego, que era ya una verdadera liguilla
que ocupaba, prácticamente, toda la temporada otoño-invierno.
En éste torneo participaban los equipos de Herencia (dos), Madridejos
(dos), Urda, Villafranca, Quero, Camuñas, La Guardia y Consuegra.
El conjunto turlequeño quedó campeón las temporadas
80-81 y 81-82, lo cual no debe hacer pensar en un posible bajo nivel
competitivo de los contrarios, entre los que había jugadores
de gran calidad como Rafa de Madridejos o el delantero centro de dicho
equipo, que por diversas circunstancias extradeportivas no militaban
en conjuntos de categorías federadas.
Además del éxito deportivo, era de resaltar el masivo
apoyo de los aficionados, no sólo en los partidos de casa sino
en los desplazamientos que, prácticamente, pagaban en su totalidad
con el abono de su correspondiente plaza en el autobús de Félix
López-Romero. Asimismo cabe destacar un hecho muy importante
que la organización de estos torneos tenía en cuenta,
y es el de las recolecciones, que eran escrupulosamente tenidas en cuenta
con la correspondiente suspensión de la competición durante
estos periodos.
Toda esta euforia hizo pensar en hacer realidad un viejo sueño
largamente acariciado desde tiempos antiguos, consistente en inscribirse
en un torneo oficial federado de aficionados, con posibilidades de ascenso
de categoría etc... Había, además, desaparecido
el también, viejo, inconveniente de la no disposición
de un terreno de juego cercado y practicable todo el año. Y por
fin se cumplieron los anhelos con la incorporación en el llamado
torneo de adheridos durante la temporada 82-83. Pues bien, pronto se
comprobó que lo que, un tanto míticamente, se consideraba
la culminación del fútbol en Turleque, era más
bien el Caballo de Troya del mismo, a saber:
1º.- El nivel de los equipos era ligeramente superior pero, sobre
todo, más dispar y competitivo. Los buenos resultados fuera eran
prácticamente imposibles, dada la presión de las aficiones
locales sobre unos árbitros que se dejaban influir o incluso
algo más.
2º.- Era un torneo más incómodo, de desplazamientos
más largos y más caros.
3º.- No se contemplaba el hecho de las recolecciones, con el consiguiente
problema que era de esperar.
4º.- Fue el escaparate al exterior de la calidad de algunos de
nuestros jugadores, que fueron tentados pronto por equipos de mayor
poder económico al más puro estilo 1ª división.
La clasificación no fue buena, pero se continuó lo suficientemente
animados como para volver a inscribirse durante la temporada 83-84,
aunque ya algunas voces de aficionados y directivos lo desaconsejaban,
a la vista de un buen número de problemas que ya se vislumbraban
y que resultaron ser los factores condicionantes de la catástrofe.
Varios jugadores se marcharon a otros equipos en donde se les ofrecían
recompensas que aquí no era posible darles, o pusieron condiciones
difícilmente admisibles para la directiva. Los resultados comenzaron
a ser malos y cundió el desánimo, hasta que llegó
la vendimia y el equipo no compareció en varios partidos y, consecuentemente,
el equipo fue descalificado con las consecuencias de futuro que eso
lleva aparejado y que, quizá algún día, se lleguen
a lamentar en forma de sanciones no prescritas.
A partir de ese momento "la nada total" que llegó incluso
a abarcar a simples partidos o pachangas de entretenimiento, que pasaron
a ser únicamente en forma de futbito o fútbol sala. Las
enormes matas de todo tipo de hierbas y matorrales, que pronto se adueñaron
del campo de fútbol del polideportivo municipal, dan fe de estos
hechos totalmente inéditos en la historia de Turleque desde al
menos 20 años.
No quiero terminar sin referirme, y no por moda ocasional, a lo referente
a la participación deportiva femenina que, no por inexistente
a nivel competitivo exterior, dejó de tener practicantes muy
entusiastas y dotadas en el ámbito escolar de los distintos niveles.
Desafortunadamente les faltó audacia a ellas y sentido de lo
conveniente a otros, para haber dado cauce a estas inquietudes en forma
de equipo federado o similar, que hubiese llenado un aspecto muy importante
de su formación física y humana. Hoy sigue siendo esto
una asignatura pendiente, que quizá no llama tanto la atención
porque igualmente se encuentra el resto del deporte turlequeño.
Catalino Torres, ex entrenador del equipo de fútbol, quiere aprovechar
este espacio para agradecer públicamente a jugadores y afición
el apoyo recibido, que convirtió su trabajo en un placer e hizo
de él una experiencia inolvidable que le enriqueció humana
y socialmente.
Y CAPÍTULO FINAL
¿ LA CONFUSA SITUACIÓN ACTUAL.....? ¡ NO..... LA DESOLADORA
SITUACIÓN ACTUAL !
Queda ya un tanto lejos cuando allá por el año 91 se comenzó
el presente tabajo que, dividido en los correspondientes capítulos
sucesivamente desarrollados y expuestos, debia concluir en el denominado
por entonces de "confusa situación" del deporte turlequeño
en la esperanza de que solo se tratase de una de las lógicas crisis
que suceden a todo momento expansivo y explendoroso de cualquier actividad
y que como habrán podido comprobar los lectores no era nada nuevo
en el devenir de la que nos ocupa.
Pero estamos en el 2002 y once años son demasiados como para seguir
considerandonos inmersos en un periodo de recesión transitoria
asicomo para que, por supuesto, las cosas no esten ya lo suficientemente
claras para concluir que nos encontramos en una poco grata nueva situación
merecedora de calificativos mucho mas contundentes como "decepcionante"
,"deprimente", "penosa"......etc.
Solía decir don frecuencia un notable y sarcástico turlequeño,
ya tristemente desaparecido ¡ A ver...! ¿ Quien era ? que
en Turleque todas las iniciativas colectivas eran " el hervor de
la chocolatera" por intensas pero poco duraderas a lo que yo le replicaba
inmediatamente abogando por la constancia y tenacidad del alma turlequeña.
¿ Tendría razón esa persona ?
Durante mis contactos, menos frecuentes de lo que desearía, con
vecinos de Turleque ligados a la actividad deportiva o cultural tanto
actual como anteriormente he tenido ocasión de manifestar mi discrepancia
con la total inactividad deportiva competitiva oficial a todos los niveles
y modalidades, origen fundamental de otra serie de funestas consecuencias
como la ausencia de ciertas instalaciones, el pésimo mantenimiento
y utilización de las existentes, o la casi total carencia de interés
atención u opinión sobre el deporte local por parte del
vecindario. Estas personas, aún lamentando al unísono conmigo
el intolerable marasmo deportivo, aducían sin embargo una serie
de razones que pudieran justificar el aciago, sirviendose sobre todo de
comparaciones con mejores pero distintos tiempos pasados o con el consabido
recurso tan español a la falta de ayuda oficial ¡ Ojo...
que ese tambien yo lo suscribo ! Analicemos ambos puntos de vista:
El mio: Me parece de todo punto ridículo y hasta "humillante"
que la única agrupación deportiva turlequeña que
compite en un torneo medianamente organizado sea un equipo de futbito
que "encima" ni juega en Turleque sino en Consuegra. Me pregunto:
¿ Cuanta gente de Turleque sabe que existen ? ¿ Que ejemplo
pueden ser para los niños futuros jugadores de Turleque si ni siquiera
les ven jugar ? Un servidor se aficionó al futbol y aprendio a
querer los colores de su pueblo viendo jugar a Adolfo, a Pistolas, a El
Moreno....etc en La Vega contra Tembleque, Consuegra.....etc y así
sucesivamente habia venido ocurriendo de generación en generación.
¿ Que allí hay pabellón ? muy bien, pero que yo sepa
se puede jugar tambien perfectamente al aire libre y además ello
sería una magnífica ocasión de reivindicar ante la
administración publica la construcción de un pabellón
local dada la existencia de una demanda comprobada. Incluso desde el punto
de vista político sería una eficaz manera de contrarrestar
la negativa influencia absorbente que sobre nuestra localidad vienen ejerciendo
las mayores de Consuegra , Madridejos, o Mora. ¿ Verdad representantes
municipales ?
El trabajo espontaneo de cantera ha desaparecido por razones probablemente
bastante complejas ( mayores exigencias académicas, control paterno
mas estricto, mayor variedad de aficiones en los niños...etc )
y ante eso solo cabe una alternativa en forma de promoción y animación
a la práctica deportiva por medio de un trabajo eficaz procedente
del ámbito escolar municipal o privado. Aquí si que puede
decirse sin ninguna reserva que cualquier tiempo pasado fue mejor.
El deporte femenino sigue siendo algo desconocido en Turleque lo que no
deja de ser sorprendente en una localidad de una Comunidad Autónoma
presidida por una persona tan preocupada, sobre todo de escaparate, por
la promoción de la mujer.
Los criterios de uso y funcionamiento de las instalaciones deportivas
existentes son bastante disuasorios para aquellas personas interesadas
en su utilización ( Acceso problemático, prioridades confusas,
o simplemente estar cerradas casi siempre ).
Ha desaparecido cualquier celebración deportiva con motivo de periodos
vacacionales y sobre todo La Feria, unicamente se salva la Semana Cultural
lo que viene a demostrar que no se trata de un problema de nivel deportivo
o falta de participación sino mas bien de talante y ánimo
organizador. ¿ Por qué no se pone el mismo empeño
que en los toros, por poner un ejemplo ?.
El de mis paisanos: Vuelvo a reiterar que en manera alguna justifican
y muchisimo menos celebran esta negativa situación, pero achacan
la misma a las siguientes razones :
_ Falta de espíritu de sacrificio en la juventud actual: No puedo
estar de acuerdo con semejante planteamiento porque si así fuera
no podría explicarse que tal fenómeno no se produzca en
nuestros pueblos colindantes quienes siguen manteniendo una actividad
deportiva en muchos casos en aumento. No creo que las condiciones sociales,
económicas o culturales de esos lugares difieran demasiado de las
nuestras.
_ Falta de instalaciones: Respóndase a si mismo el lector que haya
conocido las existentes con anterioridad a la construcción del
Polideportivo Municipal e informe a quienes no lo hayan hecho.
_ Falta de medios económicos: Misma respuesta que en el punto anterior
pero tomando como referencia la actual situación económica
de nuestro país.
_ Falta de habitantes: Según los datos obtenidos de la pirámide
de población contenida en la magnífica página web
de la Asociación Cultural hay en Turleque 128 varones y 136 mujeres
comprendidos entre las edades de 15 a 35 años consideradas estas
como mas favorables a la práctica deportiva federada de competición,
luego hay gente suficiente para hacer uno o varios equipos de lo que se
desee. Unamos a esto la desaparición del problema de la ausencia
de los estudiantes que ahora están allí todos los fines
de semana y no tendrían ninguna dificultad al menos para asistir
a los encuentros oficiales.
_ Falta de apoyo oficial: Por supuesto que todo el que se prestase sería
siempre poco, pero tampoco entiendo sea razón de peso puesto que
, de igual manera, nunca lo hubo con anterioridad y a pesar de todo las
cosas marcharon.
_ Exceso de exigencia en la vida académica o laboral: Es el único
punto en que coincido parcialmente. Evidentemente, esa sociedad tan competitiva
y exigente que nuestra autoridades tan diligentemente nos venden todos
los dias. tiene contrapartidas no tan amables como la falta de tiempo
y atención para actividades que no tengan un claro benefício
económico o de ascenso en la escala social. " El muchacho(a)
ya no puede perder tanto tiempo en actividades deportivas, culturales
...etc porque tiene que aprobar la selectividad con nota, sacar la oposición,
defender el negocio familiar, o trepar puestos en la empresa al mas puro
estilo de sociedad norteamericana". Pero tambien en este caso me
permitiría recordar los problemas de aquellos mozos futbolistas
turlequeños de los 40 o los 50 con la siega o la hera en los dias
que habia que entrenar o jugar.
No es mi estilo el simplemente criticar sin ofrecer alternativas, sin
embargo, en este caso creo que lo que se impone es algo tan elemental
y antíguo como observar el pasado y tratar de adaptarlo al presente,
mas que comenzar a enumerar ideas que podrían parecer propias del
"iluminado de turno" que cree estar siempre en posesión
de la verdad. Tiene que ser el propio pueblo turlequeño residente
y conformador del grupo social local quien realice una profunda reflexión
de la que emanen dichas ideas.
A modo de inicio me asaltan varias interrogantes: ¿ Se ha extinguido
la casta de los Boticarios, Ascensión, Eugenio...etc ? ¿
Nadie en Turleque es capaz de canalizar su afición o incluso práctica
activa del deporte en una responsable tarea social que lo enriquecería
personalmente e iguales efectos produciría en la calidad de vida
de su familia y sus paisanos ?. No puede ser cierto, esas personas tarde
o temprano surgirán necesariamente. ¿ Alguien puede dudar
del ánimo de la juventud turlequeña si se le ofrecen unas
condiciones fiables para la práctica deportiva reglada ? En cualquier
caso ¿ Se ha intentado ? El reto está ahi y sería
muy triste que quedase en el aire. ¿ Alguien se ha planteado los
beneficios respecto al arraigo de la juventud hacia la localidad que una
actividad deportiva habitual y regulada reportaría ? Frecuentemente
se producen quejas de parte de los adultos sobre el alejamiento del pueblo
por los jóvenes pero... ¿ hacemos algo al respecto ?.
Esto debe cambiar, tiene que cambiar, va a cambiar, y no porque yo lo
pida sino porque todo el mundo lo desea y una situación tal ha
de desembocar en acciones concretas. dentro de equis años me gustaría
añadir un capítulo mas a esta historia y que después
otros añadan mas y mas..... Pero para eso hay que ponerse a trabajar
ya.
¡ ANIMO Y A ELLO...!
José Camuñas.
FÚTBOL SALA
Algunos jóvenes hemos formado un equipo de fútbol sala patrocinado
por una Disco-Terraza llamada "Al-Fondo".
En la plantilla somos quince componentes, dos porteros, ocho defensas y cinco
delanteros. Contamos con nuestra equipación y algún que otro
trofeo que tenemos recogido en el bar patrocinador.
Jugamos en una liga que tiene lugar en un pueblo de al lado y competimos contra
equipos de pueblos de los alrededores. Ponemos bastante empeño y, aunque
esté mal el decirlo, somos un buen equipo.
En la liga del año pasado quedamos en muy buen lugar.
Solemos jugar los sábados por la noche. Lo mejor de todo es el compañerismo
que hay entre los miembros del equipo de Turleque, tanto es así que
al final de cada partido quedamos para tomar algo, independientemente de lo
que señale el marcador.
También tenemos una liguilla veraniega, que tiene lugar a lo largo
del mes de agosto. En ella compiten equipos formados por chavales del pueblo
o por aquellos que pasen aquí sus vacaciones. Suelen apuntarse unos
ocho o nueve equipos y al ganador se le obsequia con un trofeo.
Javier Casero Contreras.
PING-PONG
En Turleque se mantiene una afición por el ping-pong que he dado
lugar a una pequeña asociación. Ésta lleva en vigor muy
poco tiempo, pero no por ello su ilusión e índice de participación
son pequeños.
La Junta Directiva está compuesta por:
- Carlos Moraleda
- Ángel Calderón
- José Luis Palmero
Número de socios:
- 40
Mantienen diferente competiciones durante el año y éstas son
las siguientes:
- Torneo de Navidad
- Torneo de la Semana Cultural
- Liga anual
Lugar de entrenamiento y competiciones:
- Nave de la costura
Esperamos que la ilusión que les acompaña no deje paso al desánimo
y a la monotonía, y así podamos contar en Turleque con un estupendo
grupo de deportistas de la raqueta pequeña.