LA VIDA RELIGIOSA EN TURLEQUE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Turleque siempre ha sido un pueblo pequeño. Si en lo político y administrativo dependió en su origen de Consuegra, en lo religioso la situación es similar.
En los primeros siglos de su existencia, quizás debido a su escasa población, no era una parroquia propiamente dicha. Solo se celebraban oficios religiosos los domingos y días festivos.
Existe un documento fechado en 1604 de Frey Domingo Gómez al Gran Prior Príncipe Filiberto, en el que informa de la distancia que hay desde Consuegra, por si es conveniente administrar en ella los Santos Sacramentos.
Así las cosas el día 1 de julio de 1608 la Orden de San Juan estudia nombrar párroco para este pueblo y resuelve "que será conveniente y necesario el tener en el lugar de Turleque los Santos Sacramentos para quitar los graves inconvenientes que se podían originar y que se hiciera Priorato y encargársele a una persona del hábito de San Juan..."
En un documento de 1656 tenemos el primer nombre conocido de un párroco en Turleque: Frey Francisco Montilla.
La presencia de un párroco perteneciente a la Orden de San Juan, al frente de la parroquia de Turleque se mantiene interrumpidamente hasta 1837. La nueva ley de Mendizábal deja sin efecto las órdenes religiosas, entre las que se encuentra la de San Juan, incautándoseles todos sus bienes. Frey Francisco Moro Guerrero, párroco prior, deja la parroquia. Desde ese momento serían los sacerdotes seculares los encargados de regentar la feligresía de Turleque. Francisco Carrasco fue el primero de estos curas seculares.
Desde este momento, salvo si exceptuamos le período de la Guerra Civil (1936-39), los parroquianos de Turleque siempre han contado con un cura párroco.
Tenemos constancia, desde antiguo, de la presencia de asociaciones en la que los turlequeños se agrupaban, unidos por su fe hacia un santo o hacia alguna advocación de la Virgen.
En el manuscrito de Domingo de Aguirre escrito en 1769, con respecto a una administración de tierras, nos informa de una cofradía del Santísimo que posee Tierras; la Hermandad de San José; la de las Animas Benditas del Purgatorio y la de Nuestra Señora del Rosario poseen más de ciento cincuenta fanegas de beneficio.
Al extenderse la devoción al Santo Rosario durante el pontificado de Clemente XI, se produce un cambio en Turleque. Parece que de la simple devoción al rezo del Rosario, este rezo pasó a serlo en honor de la Virgen bajo esta advocación, pues en el siglo XVIII ya aparece la cofradía de Nuestra Señora del Rosario. Es posible que el fervor de los turlequeños por esta imagen iría en aumento hasta convertirse en patrona de la villa.
En 1802 las ordenanzas de esta Cofradía , titulada de Nuestra Señora del Rosario, ya se encontraban en la Real Chancillería de Granada.
Con motivo de la bendición de la nueva parroquia de Nuestra Señora de la Asunción en 21 de diciembre de 1784, el párroco Alfonso Lorenzo de Quirós nos actualiza las cofradías existentes en la parroquia: La llamada Sacramental, de Nuestra Señora del Rosario, Dulce nombre de Jesús, la de Vera-Cruz y la de las Ánimas benditas del Purgatorio.
La vida religiosa de la población se desarrolla tranquila a lo largo de todo el siglo XIX. Las primeras décadas del siglo XX son convulsas. En términos ideológicos observamos como España no es ajena al desarrollo de ideologías libertarias que se expanden por toda Europa. Esta ideologización repercute también en la vida religiosa. Surge con virulencia un sector de la población, adoctrinado por las formaciones de extrema izquierda, hostil a la Iglesia Católica. Esta agresividad tendrá sus momentos más cruentos durante la Guerra Civil (1936-39).
Turleque, aunque pequeño, no es ajeno a esta realidad. Siguiendo simplemente las actas de los plenos municipales de los años 30, nos damos cuenta de la situación . Los problemas derivados de la reparación del cementerio civil y del cementerio católico están presentes en muchas de estas actas. Incluso existe una moción, no aprobada, en la que se instaba al alcalde a que prohibiera las procesiones religiosas, consideradas como manifestaciones políticas ilegales.
El estallido de la guerra desató esta hostilidad antirreligiosa. El 21 de julio de 1936 se dijo la última misa en la parroquia. Al día siguiente el sacristán tiene que entregar las llaves a las autoridades locales. A partir de aquí el templo queda totalmente desmantelado. Se destruyen todas las imágenes; se expolian todos los objetos de culto; el sacerdote es asesinado y la iglesia se convierte en almacén.
Se desmontaron las campanas para su posterior empleo como material de guerra. Miembros del Ministerio de Instrucción Pública, en marzo de 1938, procedieron a recoger todos los objetos de valor artístico, histórico y bibliográfico que hubiera en la parroquia. Pero había pasado ya mucho tiempo desde el comienzo de la guerra por lo que solo quedaba el ajuar litúrgico que había resistido al saqueo de los primeros días.
Evidentemente la vida religiosa de los turlequeños queda reducida a las oraciones que en la intimidad del hogar rezasen los fieles. Públicamente la vida religiosa estaba prohibida.
Justo Santamaría González tuvo el privilegio de ser el primer sacerdote en oficiar misa en Turleque, a finales de marzo de 1939.
Es desde esta fecha, fin de la Guerra Civil, cuando se reemprende la vida religiosa que ha llegado hasta nosotros. Las imágenes, las cofradías, las capillas, algunas fiestas,...
Por suscripción popular se fueron adquiriendo las imágenes que hoy se veneran en la parroquia. De las piezas anteriores a la guerra se encontraron muy pocas y las de inferior calidad.
Dentro de las adquisiciones antes mencionadas destaca la del Cristo Crucificado, conocido como el Cristo de los Palmeros. Este nombre se debe a que son los turlequeños apellidados de esta forma los que se encargan de su adquisición, aportando cada uno según sus posibilidades ( en total 1300 pesetas). Esta imagen de Cristo Crucificado es ahora conocida como Cristo de la Misericordia.
En la actualidad existen tantas hermandades como imágenes expuestas en los altares, a saber:
· Cristo de la Misericordia
· Nuestra Señora del Rosario.
· Nuestra Señora del Carmen.
· Nuestra Señora de Fátima.
· Nuestra Señora de los Dolores.
· Hermandad de San Isidro.
· Hermandad del Sagrado Corazón de Jesús.
· Hermandad de la Inmaculada Concepción
· Hermandad de San Antonio de Padua.
· Hermandad de Jesús de Medinaceli.

El momento de más auge de la mayoría de las hermandades coincidió con los momentos de mayor demografía: años 50 y 60. En la actualidad la mayoría de las mismas languidece ante el descenso demográfico y unas costumbres más laicas.
Este no es el caso de hermandades como la de la Virgen del Rosario, Cristo de la Misericordia o San Isidro.. En el caso de la primera porque la devoción está muy arraigada, tanto entre los turlequeños residentes, como en la gran cantidad de emigrantes que por septiembre nunca faltan a los actos en honor de la Patrona.. Es una hermandad en pleno auge, con un creciente número de hermanos. Algo similar sucede con San Isidro. Un pueblo agrícola como Turleque siempre ha tenido una gran devoción por este santo. La fiesta en su honor siempre fue muy celebrada: misa con la iglesia abarrotada de fieles, procesión multitudinaria y finalmente una verbena concurridísima. A finales de los 80 la fiesta entró en decadencia, al desaparecer la hermandad de labradores de Turleque, entidad que organizaba todo. No obstante, desde hace cinco años la tendencia se ha invertido. La hermandad de San Isidro ha sido relanzada. El dinamismo de la nueva junta directiva ha conseguido que las fiestas en honor del santo vivan sus mejores momentos. Incluso se ha vuelto a declarar el 15 de mayo fiesta local (con el voto unánime de todos los grupos municipales), condición que perdió a finales de los años 80.
La hermandad del Cristo de la Misericordia en un origen no muy lejano, ha hecho que el impulso inicial aún se mantenga. Además el impulso dado a las cofradías de penitencia en Semana Santa acrecentó el número de hermanos del Cristo.
La Semana Santa de Turleque se ha caracterizado siempre por la masiva participación de los fieles en los actos religiosos ( oficios, procesiones, eucaristía, etc.). Sin embargo bastantes vecinos echaban de menos la estética propia de otros lugares. Así las cosas, el alcalde, en febrero de 1989 convocó a una reunión a la parroquia con el fin de organizar cofradías de penitencia para la Semana Santa. De este encuentro con el párroco Ángel Sánchez nacerían las de la Virgen de los Dolores y Cristo de la Misericordia.
A estas imágenes se han unido las del Santo Sepulcro, Jesús de Medinaceli y Cristo Resucitado, adquiridas por varios cofrades. De esta forma la Semana Santa de Turleque tiene, como otros pueblos de la comarca, sus propias cofradías de penitentes.
Un gesto de devoción católica extendido por amplias zonas de Castilla es la existencia de pequeñas capillas ambulantes que recorren las casas de los fieles que así lo desean. Normalmente son las hermandades las que entre sus miembros encuentran a los fieles interesados. No obstante, no todas las hermandades poseen capilla y algunas imágenes tienen dos o tres capillas en circulación. Las capillas que circulan por Turleque son las siguientes:
- La Sagrada Familia - Santa Rita - San Isidro
- Virgen del Carmen - Virgen de Fátima - Sagrado Corazón de Jesús
- San Antonio - Cristo de la Misericordia - Santa Gema
- Jesús de Medinaceli

La capilla permanece un día en un lugar preferente de la vivienda y al día siguiente pasa a la casa de quien le sigue en la lista, normalmente vecino del anterior.
Normalmente las capillas reciben un donativo en cada casa por la que pasan. Estas cantidades unidas a las cuotas de los hermanos y a lo recogido en los cestillos de los respectivos altares, proporcionan el dinero suficiente para el sostenimiento de la hermandad ( misas, novenas, velas, flores, función en el día señalado, etc. ). Algunas de estas hermandades, las más desahogadas económicamente, dedican parte de esos ingresos a acciones de tipo humanitario: apadrinamientos de niños del Tercer Mundo, donativos a Manos Unidas, aportaciones extraordinarias cuando surge alguna catástrofe natural, etc.
En resumen, la vida religiosa en Turleque se mantiene viva, aunque el pueblo languidece. En el fondo todo toma un cariz u otro dependiendo de las personas que siguen las distintas asociaciones y, también, del impulso que el párroco esté dispuesto a dar a las mismas.
Durante la década de los 90 Turleque ha contado con dos párrocos muy implicados en remover la vida religiosa de su parroquia. José Manuel Pastrana (1992-1998) y José Manuel Alonso Ampuero (1998-2000). Aunque con un carácter distinto, su preocupación por reactivar la religiosidad en la juventud, pro remover las conciencias, por convertir a sus feligreses en cristianos activos y comprometidos con la fe , han dado sus frutos.
Por ejemplo, Caritas parroquial cuenta ahora con una junta directiva más joven. Organizan rifas, actos culturales y, en unión de algunas asociaciones laicas del pueblo, organizan bailes en fin de año y vísperas de Reyes. Las recaudaciones del año 2000 sirvieron para sufragar la construcción de casas en costa de Marfil.
Jóvenes de Turleque han acudido a encuentros religiosos con otros muchachos de su misma edad, a nivel provincial o incluso nacional, por ejemplo el viaje organizado por la Diócesis de Toledo al Jacobeo 99 o la peregrinación de jóvenes a Roma en el año 2000.
Algunos chicos/as colaboraban con José Manuel Alonso en el programa que éste tenía en Radio Santamaría de Toledo. Muchas parejas han pasado ya por encuentros matrimoniales celebrados en Toledo o Madrid a lo largo de estos años, con resultados muy positivos, según ellos cuentan.
Una chica, imbuida por este nuevo espíritu que vive la parroquia de Turleque, ha ingresado en una orden religiosa. Por otro lado cuatro muchachos han pasado a cursar sus estudios en el Seminario Menor de Toledo.
En definitiva, la década de los noventa, gracias al impulso de estos dos sacerdotes ha significado mucho en la vida religiosa del pueblo. En un pueblo parado en el marasmo de la emigración y las pocas vías de futuro, el elemento religioso ha sido el más dinámico. Ignoramos si este espíritu seguirá en el principio del milenio en el que nos encontramos, aunque la huella dejada, por ahora, esta lejos de borrarse.
Actualmente tenemos como cura párroco a don Ramón Sánchez Pulido

 

 

.Pilar Moreno