TRADICIONES ACTUALES

PEDIDA DE LA GALERA. DÍA 15 DE AGOSTO.

DÍA DE LAS CANDELAS

ESPARTO TEJIDO

HACIENDO JABÓN

TOMATILLAS

ARREGLO DE ACEITUNAS

EN EL FRESCO

LA MATANZA DEL CERDO

TRADICIONES PERDIDAS

 

SEMANA DE LA QUINTA.

HOGUERA DE SAN ANTÓN.16 DE ENERO.

HOGUERA DE SANTA LUCÍA

BAÑOS EN SERÓN

VERANEO EN EL RÍO ALGODOR

 

 

PEDIDA DE LA GALERA. DÍA 15 DE AGOSTO.

En este día se recoge el dinero que va destinado a sufragar, en parte, las fiestas y ferias del pueblo.
Se le denomina "galera" por que tiempos atrás era una galera de verdad, la que se engalanaba para este acto. Las mujeres del pueblo adornaban con cañas y mantones de manila este medio de transporte. Los hombres esquilaban a las mulas, haciéndoles maravillosos dibujos y frotaban, hasta sacarles brillo los arreos de las mismas. Y así, llegado el 15 de agosto, la Galera salía a la calle para cumplir con su tarea.
Hoy en día es un remolque lo que se engalana, y un tractor lo que portea al mismo, aunque seguimos denominándolo Galera.
En ella y ataviadas con el traje regional, hacen su primera aparición oficial la reina y las damas de las fiestas patronales.
Antiguamente la gente del pueblo donaba costales de trigo y de cebada que posteriormente eran vendidos. Pero ahora esa tradición se ha perdido y la gente ofrece dinero en metálico.
Nuestra Galera recorre una por una todas las calles de pueblo, así la gente va aportando sus donaciones; donaciones que son reflejadas en el tablón de anuncios durante los días de feria.
Destacaremos como dato curioso, que Luis Contreras Aranda tiene promesa vitalicia de llevar él con su tractor, la famosa Galera de nuestro pueblo.

 

HOGUERA DE SAN ANTÓN.

16 DE ENERO.

 

 

 

En este día los quintos del pueblo celebran su fiesta particular. Por la mañana recogen sarmientos del campo y los depositan en el lugar destinado para hacer la hoguera. Llegada la hora de la comida se reúnen todos y celebran una comida especial.
Ya por la noche la gente se reúne alrededor del inmenso montón de sarmientos, para esperar a los mozos. Y llegan, ya lo creo que llegan. Llegan cantando y bailando, riendo y saltando, por que la edad les infunde la alegría necesaria. Las canciones que entonan son compuestas para este fin específico, y los nombres de los quintos aparecen una y otra vez, al igual que algunas coplillas un poco picantes.
Pasados algunos minutos el cura párroco bendice la hoguera y todo queda listo. Los mozos prenden los sarmientos, con algún que otro problemilla, y las llamas comienzan a bailar y a ascender. Es entonces cuando madres, abuelas, novias y hermanas empiezan a ponerse nerviosas. Pero ellos siguen con sus canciones. Cuando el fuego ha consumido parte de la leña, llega el momento esperado. Los mozos guardan silencio, la gente espera ansiosa, la tensión se podría cortar con un cuchillo. Vemos como se ponen en fila, siendo el primero el jefe del grupo. Y cuando menos se piensa ha saltado el primero por encima de las llamas, y luego el segundo y luego el tercero y luego... hasta completar toda la fila. Y así todos se sumergen en las terribles y mordedoras llamas, emborrachándose de valentía hasta que las brasas se consumen.
La gente aplaude y las madres, abuelas, novias y hermanas, respiran con alivio al ver que todo ha concluido.
Ellos han demostrado su valentía y están felices por ello. Y los quintos del próximo sueñan con la llegada de su "día de San Antón".

 

 

 

SEMANA DE LA QUINTA

Se le denomina así a la semana en que los mozos entrados en quinta, dedican a estar juntos y pasárselo bien. Antes comenzaba el día 3 de febrero, día de San Blas, pero ahora por motivos profesionales y de estudio, se ha trasladado a la primera semana de agosto.
En esta semana les vemos ataviados con ropa militar y haciéndose una piña que, a veces, asusta a los niños y a las muchachas.
Cantan, ríen, se tiran al suelo, y dan gorrazos a las chicas y, en resumen, se divierten. Hacen alguna que otra travesura, pero sin más importancia, pues por eso son los " quintos" y tienen licencia para ello.
Toda esta semana culmina el domingo, cuando ataviados con el traje comprado para este fin, recorren las calles del pueblo pidiendo dinero para sufragar los gastos originados los días anteriores. Así vemos a las madres orgullosas de sus hijos, mirarles con cara de admiración y dándoles los últimos retoques a la corbata torcida, o a la chaqueta sin abrochar. Oímos mil veces aquello de... ¡ qué guapo que estás ¡ y es que están guapos, pues con 18 años creo que no hay nadie feo.
Las cornetas y tambores les acompañan en su pedida y les indican el camino a seguir, puedo dar fe de ello.
Y así con los bolsillos de colores, los panderos adornados con cintas, los caramelos y cigarros preparados para regalar, comienzan su pedida.
Al finalizar el recorrido ofrecen una comida a los componentes de la banda de cornetas y tambores y concluida ésta cansados y contentos, duermen toda la tarde soñando con su semana especial.
Quinta  de 1957
Quinta del 2001

 

DÍA DE LAS CANDELAS

Es tradición en nuestro pueblo que llegado el 2 de Febrero, las madres de niños menores de 1 año presenten a sus hijos a la patrona del pueblo. El acto comienza con una misa en honor de la Candelaria, en donde las madres elevan a sus hijos y se los presentan a la Virgen. Terminada la misa lo niños son obsequiados con un bollo

 

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ESPARTO TEJIDO


En Turleque es tradicional el tejido y confección de esparto. Antiguamente los agricultores dedicaban su tiempo libre, sobre todo en los días de lluvia, a esta actividad; ya que la mayoría de los utensilios estaban fabricados con este material. Hoy en día y debido a la existencia del plástico, esta tradición ha disminuido de una forma alarmante, y ya son pocos los que se dedican a ella.
Las diferentes variedades son:
- Pleita. Tejida con 15 ramales. Con ella se confeccionan serones, espuertas, seras, redores.
- Claineja. Tejida con 9 ramales. Con ella se confeccionan valeos, sarrietas, la parte inferior de los serijos, cobanillos de las bicicletas y de los burros, cinchas.
- Soguilla. Tejida con 3 ramales. Se utiliza para coser, para atar sarmientos y oliva.
- Anea. Tejida con 5 y 3 ramales. Con ella se confeccionan asientos para las sillas, albardas para los burros.
- Chupones de olivas. Con ellos se confeccionan cestas.

Actualmente las personas dedicadas a este oficio son:
- Carmelo Laguna
- Lorenzo Torres
- Andrés Moreno-Cid
- Francisco Moreno-Cid

Esperamos que esta tradición no se pierda y los jóvenes de nuestro pueblo se interesen por ella.

Ramón Moraleda

 

 

 

HACIENDO JABÓN

Es tradicional que en éste nuestro pueblo, las mujeres confeccionen ellas mismas el jabón de lavar. Este jabón también se utiliza para lavar heridas quirúrgicas y todo tipo de mucosas, recomendado especialmente por los médicos.
Los ingredientes utilizados para su elaboración son
:
- 3 litros de aceite ya desechado
- 3 litros de agua caliente
- 1 kilo de sosa cáustica

Para su elaboración los pasos a seguir son:

Mezclar todos los ingredientes y remover hasta que espese. A continuación se vierte la mezcla en una caja de madera y se trocea al gusto.

 

 

HOGUERA DE SANTA LUCÍA

La noche del día 12 de diciembre se celebra la tradicional hoguera de Santa Lucía.
Las familias turlequeñas encienden una hoguera en la puerta de su casa y cantan villancicos al ritmo de zambombas, panderetas y almirez.
Una vez quemados los sarmientos, la brasa resultante sirve para encender el brasero. No sin antes pedir a Santa Lucía que nos conserve la vista.
He aquí una de las coplillas que se canta:
Ardía la zarza,
Y la zarza ardía,
Y no se quemaba
La Virgen María.

BAÑOS EN SERÓN

Antiguamente existía una costumbre muy extendida entre los habitantes de nuestro pueblo, ésta era la de bañarse en un serón de goma.
Cuando nuestra población no contaba con los cuartos de baño, había que ingeniarse el modo de mantener la higiene. Los habitantes de nuestro pueblo descubrieron el modo de hacerlo, utilizando los serones de la vendimia como bañera provisional.
Por la mañana se llenaba el serón con agua del pozo sacada a mano. Éste se ponía al sol para que el agua alcanzara una temperatura agradable.
A la caída del sol se preparaba a los niños, entre gritos y saltos de alegría, para comenzar el baño.
Todavía recordamos el olor a goma que envolvía estos baños.

TOMATILLAS

Es tradicional en nuestro pueblo la conservación del tomate por medio de este mecanismo.
Antes de existir los invernaderos, las conservas y el transporte de mercancías de otras regiones, la única forma de obtener tomate en los meses de invierno era la utilización de tomatillas.
Al llegar el verano, y con éste la cosecha de tomates, se seleccionaban los más rojos y maduros. A continuación se partían por la mitad poniéndolos al sol en un arnero. Cuando el sol había secado el tomate ( entre tres y cuatro días ) la tomatilla ya estaba lista. Se engarzan a modo de un collar y a guardar para el invierno.
Se suelen utilizar en potes, guisos y en toda comida que se desee.

 

 

ARREGLO DE ACEITUNAS

 

Al estar situados en una comarca en la que proliferan los olivos, los turlequeños utilizan el fruto para algo más que para hacer aceite, ya que también lo hacen para comerlo.
En el mes de noviembre, cuando la aceituna aún está verde, se recoge el fruto por medio del sistema denominado "ordeño" esto es, coger la aceituna una por una sin dar palos al olivo. La aceituna recogida no supera los 20 kilos por familia.
Una vez la aceituna en casa, se depositan en un barreño con agua para quitar las hojas que puedan haber caído en su cogida. Una vez hecho esto se procede a su elaboración, ver referencia en gastronomía.
Antes de añadir los ingredientes a las aceitunas, y una vez limpias de cáustico, éstas se rajan para que los condimentos penetren antes.
Las aceitunas negras se recogen en el mes de diciembre o de enero. Éstas no pasan por el proceso del cáustico ya que al tener más aceite y alpechín se pueden ablandar en exceso.
Es aconsejable mantenerlas en sitio fresco.

"VERANEO EN EL RÍO ALGODOR"

Las vacaciones estivales no son un invento de la modernidad ni de estos últimos años, sólo ha cambiado el lugar, las formas y el sitio destinado a ellas. Hace muchos años que nuestros antepasados turlequeños dedicaban sus días de ocio a ellas y lo hacían de una forma muy peculiar y tradicional. Nos cuentan que una vez acabadas las faenas de la siega y de la era, guardado el grano y la paja, recogidos los aperos utilizados para este menester; trillo, harnero, horcas, tablón de amontonar, limpiadora... los turlequeños planeaban sus "peculiares" vacaciones. Éstos se ponían al habla con los amigos para ir al "baño"durante tres o cuatro días y así poder disfrutar de unos momentos de merecido descanso. El "baño" eran unas charcas que quedaban en el cauce seco del río Algodor, afluente del Tajo, en donde está actualmente el Pantano de Finisterre.
Había una charca en la "Fuentecilla", donde ésta desaguaba, aquí era donde los hombres pescaban sus pececillos, utilizados para las comidas. Más adelante había tres charcas juntas, una casi seca que es donde se bañaban las mujeres y los niños; y otra alargada y más profunda que es donde se bañaban los hombres. La última era grande, alargada y muy profunda, por eso se utilizaba poco, además estaba más alejada.
Era común y normal que se juntasen siete u ocho amigos, con sus correspondientes carros y familias, para salir y disfrutar juntos estos días de vacaciones. Las mujeres preparaban en el pueblo tortas de anís, de aceite y de azúcar, alimentos que servían de desayuno acompañando a un magnífico chocolate.
Toda la familia colaboraba a la hora de hacer el equipaje. En un arcón de madera o en una arquilla se llevaban los utensilios de cocina: pucheros, cazuelas, cubiertos, así como luminarias, faroles y el candil. También en un cajón con alambrera se llevaban los animales, destinados al sacrificio, necesarios para la alimentación familiar: pichones, pollos y conejos; que una vez allí se ataban a la rueda de un carro para evitar su huída. Sólo quedaba embalar la colchoneta de la banca y el colchón de la cama, envueltos éstos en los lenzones de coger aceituna, y llenar el tonel de agua de las mulas. Sin olvidarse de las cuerdas, la saca de paja, una silla para cada uno y una mesa pequeña. Con toda esa carga ya se pueden imaginar como iría el carro de cargado, y que imagen ofrecerían todos los carros marchando en caravana.
La hora de salida solía ser a las cuatro de la madrugada, para aprovechar las horas de menor calor del día. Los carros se esperaban unos a otros en el camino Cristo o en el camino Madrid, y juntos comenzaban el viaje. Después de un buen rato de viaje llegaban a la Ermita Del Cristo del Valle y allí les llegaba, por vez primera, el olor de la ribera del río, era entonces cuando la gente se espabilaba después del adormecimiento de la noche.
Nada más llegar los chiquillos corrían hacia el agua a bañarse, mientras los hombres decidían el lugar más idóneo para asentarse. Cavaban un hoyo en la tierra y en él ponían un palo; colocaban los carros alrededor de éste y extendían un entramado de cuerdas desde el palo a los carros. Una vez hecho el entramado, extendían lenzones encima de él y los sujetaban con más cuerdas. Las mujeres, subidas en una silla, cosían los lenzones unos a otros hasta formar uno solo. Una vez hecho todo esto, llegaba la hora del desayuno consistente en chocolate con tortas.
La hora del baño venía después de haber hecho la digestión del desayuno; los baños tenían que ser nones, en números impares. Una vez dentro del agua era costumbre el darse tres "zampurrones", esto consistía en meter tres veces la cabeza dentro del agua muy rápidamente.
Las mujeres que sabían nadar, que por aquel entonces eran muy pocas, eran las encargadas de bañar a los niños, y si no había ninguna les tocaba hacerlo a los hombres. Los pequeños aprendían a nadar con calabazas de cuello atadas a la cintura, o con unos hacecillos de anea seca emparejados con una cuerda y puestos debajo de los brazos. Las mujeres que no sabían nadar se agarraban fuertemente a una soga que, previamente, se ataba a una reja clavada en la orilla.
Las personas mayores tenían por costumbre darse cieno por todo el cuerpo y tumbarse al sol hasta que éste se secara, esto les aliviaba de los dolores reumáticos que sufrían en invierno.
También era costumbre que los hombres sacaran de los agujeros de las charcas galápagos, topos, mejillones, gallinas ciegas... y de una de las charcas, previo encenagamiento y utilizando un arnero, peces y anguilas.
El traje de baño de las mujeres consistía en una especie de saco largo abotonado en los hombros. Los hombres se bañaban en calzoncillos, aunque algunos habían heredado el típico bañador de rayas de los años veinte. Como toalla utilizaban las mantas de las mulas.
Cada familia tenía un "guaril" cavado en la tierra y que les servía para cocinar. Al atardecer iban a recoger boñigas secas de toro para que les sirviera de paja en la lumbre. Las boñigas pertenecían a los toros de la "Casa del Coronel" que pastaban en el predo y que anochecido bajaban a beber a las charcas.
La cena la hacían aprovechando la luz del día, aunque cenaban dentro del gango y ya con los faroles y los candiles encendidos. Después de cenar comenzaba el baile; los instrumentos eran improvisados, un cántaro golpeado con una zapatilla, un cubo, dos tapaderas de cacerolas y el almirez. Bailaban la jota, las Jeringoncias y la Churripampla.
Además del baile se disfrazaban de mojiganga o se inventaban juegos para pasar el rato. Con una cuerda extendida en el suelo decían que iban a hacer circo, a andar por el alambre. Los juegos y bailes se alargaban hasta la madrugada, para eso se estaba de vacaciones y al día siguiente no había que trabajar. Una vez terminada la juerga se extendían los colchones debajo del gango y se preparaban para dormir.
Llegada la mañana, los hombres se iban a cazar a la "Mina Velilla" y a la "Fuente del Rincón", en los términos municipales de Mora y Villanueva. Volvían con el calor del mediodía, cansados y sedientos, porque no llevaban agua, pero traían con ellos perdices, liebres y conejos que se repartían entre todos. Las mujeres desollaban las piezas y extendían las pieles en los varales de los carros. Los chicos les cortaban las orejas, las desollaban y las asaban con sal para comérselas.
Llegada la hora de la siesta siempre había alguien dispuesto a no dejar dormir a los demás, echando agua con un botijo o con un cubo encima de los demás. Ésta era la hora de las competiciones entre las mujeres, las cuales, intentando salir del sopor, apostaban para ver quien se daba mejor una voltereta, aunque ninguna sabía.
Por la tarde los hombres se iban de caza o se bañaban en el río, aunque algunas veces recogían plantas utilizadas en distintos quehaceres: la juncia para injertar y hacer sogas; enea para hacer albardas, arreglar el ubio y hacer asientos para las sillas; rabanillo y cabezón para las escobas destinadas a las eras; cabezuela para las escobas de las casas; esparto, que trenzado en soguillas, pleita o claineja, servía para un sin fin de artículos.
Las chicas se acicalaban un poco y se ataviaban con un mandil limpio, se llevaban una mula aparejada con cobanillos, en los que iban los cántaros y los botijos, y se encaminaban a la "fuentecilla" para llenar de agua los recipientes. Por el camino encontraban moras en los zarzales y se daban un festín con ellos.
Encima de la sierra había un pozo con el agua en ras y muchos juncos, una especie de aljibe. Allí se cogía árnica, que echada en alcohol servía para aliviar el dolor de los golpes, puntas de juncos y moras que, además de comérselas, se echaban en aguardiente y quitaban el dolor de tripa.
Si los "veraneantes" se quedaban sin pan u otra cosa necesaria, o acordaban quedarse unos días más, alguien iba al pueblo montado en una mula y traía todo lo necesario. Y así, después de cinco o seis días de descanso, terminaban sus "vacaciones" quemados y cansados pero felices. La vuelta era algo más triste, pero ya se iba pensando en el año que viene.
Una forma diferente de pasar las vacaciones, pero una forma brillante que nuestros antepasados supieron aprovechar.

 

EN EL FRESCO

"EN EL FRESCO"

El clima que recibe nuestro pueblo viene a ser continental con carácter templado y con un tiempo casi sin precipitaciones y prácticamente estepario. Todo esto hace que los veranos turlequeños sean muy calurosos y que las noches sean casi insoportables, salvo algún año nada típico y fresco. Pues bien, los turlequeños se defienden de estos calores sentándose en las puertas de sus casas cuando la tarde comienza a caer. Se reúnen en "corrillos" en la puerta de algún vecino y charlan alegremente. Las mujeres hablan de las tareas domésticas, de la última novedad acaecida en el pueblo y de sus cosas; los hombres charlan sobre las actividades agrícolas y de algún que otro cotilleo, pues no sólo son las mujeres las que se dedican a ello. Así van pasando las horas entre charlas, risas y saludos que la gente que pasa por sus puertas les hacen. Cuando llega la una de la madrugada, más o menos, o cuando ya empieza a refrescar, los turlequeños recogen sus sillas y se despiden de sus vecinos hasta el día siguiente.
Esta actividad veraniega es un modo más de incentivar la relación social entre los habitantes de nuestro pueblo. Llegado el verano se afianza la confianza y el compañerismo y se guarda en un rincón la frialdad que el invierno nos produce. En resumen, cuando llega el verano los vecinos son más vecinos que en el invierno, ya que el contacto es más profundo.
Tomen el fresco en Turleque y ríanse de las "noches toledanas".


LA MATANZA DEL CERDO

 

SACRIFICIO DEL CERDO

 

La matanza del cerdo, en su forma tradicional, se realiza en invierno, con el fin de que, gracias a las heladas y el frío, tanto los embutidos como el jamón se curen bien.

Se suele sacrificar un cerdo por familia. Antes, se compraba cuando era pequeño, bien a particulares que tenían cerdas cuando estas criaban, o bien a unos señores que los traían en piaras para venderlos por los pueblos. La compra se hacía en verano y, hasta la matanza se les alimentaba, primero con cebada y después alternando con harina de la cebada que se molía en el molino de Anastasio Villamayor. Más recientemente la mayoría de los cerdos se compran ya criados, en granjas y, alimentados con piensos.

 

PREPARATIVOS PARA LA MATANZA

 

El día anterior se pelaba y se cocía, a ser posible en una caldera de cobre, la calabaza y la cebolla, llamada de matanza, que se utilizarán como ingredientes de la morcilla y la extremeña. Cuando estaban bien cocidas, se vaciaban en una talega de tela y se dejaba reposar durante toda la noche para que escurriera bien. También se asaban los ajos y se tostaban las especias en el rescoldo de la lumbre para facilitar el machaqueo en el almirez.

 

DÍA DE LA MATANZA

 

 

 

 

 

 

La matanza tenía lugar a primera hora de la mañana. Lo primero que se hacía era calentar agua en una caldera, dejándola a punto de hervir, para pelar al cerdo, una vez sacrificado.

Una vez preparada el agua se ponía al cerdo sobre una mesa con las patas atadas y se sujetaba entre varias personas con el fin de que el matador lo pudiera sacrificar. Entonces lo degollaba y se recogía la sangre en un recipiente para utilizarla luego como ingrediente de las morcillas. La sangre se removía inmediatamente con la mano para que no se coagulara.

Después se colocaba el cerdo en una artesa, se le echaba el agua caliente, y con unas paletas se le quitaba el pelo. Después se repasaba con una navaja de barbero y con unos cordeles enrollados para que quedara bien limpio.

Una vez pelado y limpio se colgaba en un potro o en un arrendador de la parte inferior, y se abría en canal, de arriba abajo, con el fin de extraer el mondongo, es decir, el aparato digestivo, la manteca y, el resto de las vísceras del animal. Se le echaban cubos de agua por encima para que se lavara bien por dentro, y se dejaba reposar durante unas veinticuatro horas.

A continuación se separaban las tripas del entresijo para que quedaran sueltas y poder cortarlas y lavarlas. Una vez separadas se cortaban en trozos de aproximadamente cincuenta centímetros, y se lavaban muy bien con agua caliente. Ya lavadas, se les daba la vuelta para que la parte exterior, más limpia, quede en contacto con el embutido. Cuando estaban bien lavadas se sumergían en una mezcla de agua, vinagre, sal, harina y tomate en agua, y se dejaban un rato en reposo para que se encallaran, a continuación se aclaraban con abundante agua para que se blanquearan y se les quitara el olor.

Una vez preparadas las tripas, se elaboran primero las morcillas, mezclando la cebolla, la calabaza, las especias, la manteca, el pimentón, la sal y la sangre, formando un bodrio que se embute en las tripas más anchas, lo que es el intestino grueso, con la ayuda de una especie de pequeño embudo de metal. Se van atando y sumergiendo en agua fría. Después se cuecen a fuego lento. Ya cocidas, se pasan otra vez por agua fría, se colocan sobre un paño y se tapan con otro para que no se resequen, y se colgaban en el humero de la cocina para que se secaran.

Unas veces por la tarde y otras, al día siguiente, el matador deshacía el cerdo, separando los jamones y las paletillas, el espinazo, las costillas, así como toda la carne magra que se utiliza para elaborar la longaniza y la extremeña.

Las costillas se ponían en adobo.

Los jamones, las paletillas, las pezuñas, las orejas y el tocino se salaban, para luego aprovecharlo en las comidas.

Ya, al final del día se picaba, en la máquina de picar, la carne que serviría para hacer la longaniza y la extremeña, y se dejaba amasado el bodrio para normalmente henchirlo al día siguiente en las tripas más delgadas, ya que es mejor que repose al menos durante unas horas.

Tanto la longaniza como la extremeña, además de la carne, tienen como ingredientes, sal, pimentón, especias y vino, y su sabor es diferente porque las especias que se añaden a cada una son diferentes.

Cuando las tripas están henchidas y atadas se cuelgan en cuerdas, en un lugar ventilado y frío para que se sequen bien.

Por último, y para ver que del cerdo se aprovecha todo, la manteca sobrante se derrite en una sartén, para hacer mantecados y para obtener las chicharras, que después se emplean para elaborar las llamadas tortas de chicharras.

Hace muchos años la matanza del cerdo servía para congregar a toda la familia, pues se reunían padres, hijos, abuelos, tíos y primos para ayudar y pasarlo bien.

SONSOLES ROMO